domingo, 28 de diciembre de 2025

Nosotros, los que estamos solos.


 Voy conduciendo mi auto. De repente, freno en una esquina. Bajo a comprar un café y una cookie para llevar, e ir consumiéndolos mientras me dirijo a mi zona de trabajo.


  Pongo una playlist y canto a todo volumen. No quiero escuchar noticias, ni analisis de cosas que no sabemos cómo van a funcionar. 


Quiero llenarme de energía. Necesito llenarme de energía para que no se note lo rota que estoy por dentro. 


Todos me ven como una mujer fuerte, poderosa, decidida, firme, sin miedos. Muchos dicen admirarme. Y no se dan una puta idea de que, detrás de todo ese plumaje de pavo real desplegado, hay un simple pollo mojado, que se muere de ganas de ir a cobijarse debajo de las plumas de su mamá gallina. 


Tengo miedo. Y dudas. Y pienso chiquicientas veces cada paso. Y repienso nuevamente si hago o no hago. Y, cuando me decido, me pregunto si esa era la mejor opción, si me apresuré en elegir. Y me respondo que no había otra forma. Que era hacer o dejar todo como estaba. Que no tengo a nadie que me de una opinión para evaluar. 


Que estoy sola para comprar una lamparita, comprar carne, dormir hasta las 12 del mediodía un domingo o ir al cine.  Que no tengo a nadie que me cuestione la falda corta, el escote o el maquillaje. Y está buenísimo. Y no está tan bueno. Porque, a la larga, a veces escuchar una opinión es ver algo que no estamos mirando. Es darnos cuenta de algo que está más allá de nuestra nariz. Es que alguien nos haga saber que, de alguna forma, le importamos. 


Y nosotros, los que estamos solos, cargamos el peso de nuestro mundo sobre la espalda en su totalidad. No tenemos chance de sacarnos la mochila un rato y que la responsabilidad de comprar un auto, o irnos de viaje o de ahorrar ese dinero para nuestra vejez, sea de otro.


Nosotros, los que estamos solos, pagamos vaya a saber Dios qué karma y tenemos el don y el castigo de ser los únicos dueños de nuestras vidas.


(Escribí este texto hace un año, lo dejé en privacidad para verlo solo yo, ya que forma parte de un proyecto más grande, de una especie de historia familiar, que tengo ganas de escribir hace mucho. Sin embargo, y sin saber qué iba a ocurrir durante este año, parece profético lo que escribí y, está pequeña parte, la comparto con ustedes).


Imagen generada por IA

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2025

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