Y, un día, la vida vuelve a ponerse bonita. Te descubrís canturreando, bajito al principio, suavecito, como para que nadie más te escuche, porque también te asusta un poco que ese momento desaparezca. Y querés cuidarlo, porque hace tiempo que no cantabas, ni sonreías con cierta tristeza.
De repente sentís que el pecho te pesa menos, que respirás mejor, que estás más floja, más suelta, más libre. Que disfrutas de una flor nueva que salió en tu patio. Que te emocionas viendo las primeras golondrinas.
Sentis que la culpa pesa menos. Que el dolor se va quedando atrás. Qué caminas más liviana.
Y como que todo tiene una luz nueva, más suave, y ves todo a tu alrededor de otra forma, más amable.
Y, si, después de las tormentas, sale el sol. Y solo vos vas a saber qué torbellinos atravesaste. Cuánto nadaste en aguas turbulentas para llegar a la orilla. Cuántos monstruos enfrentaste, para lograr sobrevivir .
Porque, hasta ayer, sobreviviste. Cómo pudiste, como te salió, sin guiones ni libretos o recetas mágicas. Solo dándote tiempo.
Y tomas ese café que sabe a inicios, a comienzos, a nueva vida...
Imagen creada con IA
© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2026
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