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miércoles, 1 de julio de 2020

Creo en el amor.


" Creo en el amor, porque cada mañana la vida me da razones para sentir que hay una fuerza poderosa, más allá de toda lógica, que nos hace seguir adelante.

El amor es algo más que dos personas mirándose mutuamente a los ojos. Es lo que nos moviliza a hacer lo que nos gusta, a estar con gente acorde a nosotros mismo, es encontrar la sintonía que la vida tiene preparada para nosotros. 

Es la libertad que nos da elegir un camino, ser fieles a nuestro sentir más profundo y, sobre todo, respetar la confianza que depositan en nosotros.

El amor es la energía que cada mañana hace que respiremos y podamos abrir los ojos. Hacer el amor es tomar decisiones que nos hagan felices y tener la convicción de que podemos cumplir nuestros sueños".

Imagen propia
© Cristina Vañecek-Derechos Reservados 2020

domingo, 9 de septiembre de 2018

Víctimas.



No se si soy una mujer fuerte. Se que renací más de una vez, que caí en los pozos más profundos, de los que pensé que no podría salir.

Sin embargo, salí.  Curé las heridas. Me resbalé, volví a intentarlo, me lastimé otra vez y arremetí contra lo que hubiera enfrente, con la tozudez propia de quien no ve el peligro.

Me dolió, y tuve que dejar de pensar en mis heridas para ser fuerte y ganar las batallas contra mis propios miedos, vencerme a mi misma antes que a los demás, para poder ganar en un mundo que no da tregua.

A veces tuve manos que me ayudaron a salir de esa oscuridad. Y a veces, hubo manos que me empujaban hacia el fondo, porque no querían que viera la luz, porque tenían miedo de que les descubriera en sus mentiras y falsedades.

Tuve que tener paciencia, esperar, recuperar fuerzas y sobrevivir como fuera para preservarme. Tuve que endurecerme para que no llegaran a matar lo mejor de mi misma, resguardarme ante el menor indicio de peligro.

Y aprendí que fui más fuerte de lo que pensé, que superé obstáculos que en su momento no creía que pudiera  vencer y que me gané mi propio lugar en el mundo. Que renací cada vez que intentaron matarme. Que sobreviví en cada naufragio, en cada tormenta.  Que pude salir y aprender a mirar el camino para no caer nuevamente en un pozo. Porque no sé si la próxima vez podría  salir como lo había hecho antes.

Lo que si se es que nunca me creí una víctima. Que jamás me adormecí en esa postura, buscando la lástima de los demás. Que nunca me permití que me miraran con ojos de piedad, porque no podía darles el gusto de verme frágil y vulnerable.

Jamás me dejé ver herida, lastimada o rota en mil pedazos.  Jamás permití que vieran ni una sola de las miles de lágrimas que derramé, ni rogué a nadie para que cumpliera mi voluntad. Todos somos libres, aunque eso signifique que no se quede a mi lado quien prometió estar todo el camino.

No se si soy una mujer fuerte. Sólo se que pude seguir adelante.