lunes, 20 de junio de 2016

Carta abierta al hijo que no tuve.


Querido Mateo (no se por qué, pero siempre te imaginé varón): Hace mucho tiempo que quería escribirte, dejarte registrado en algún lugar que durante mucho tiempo te esperé. Que te soñé con cada hombre que amé. Que, incluso, llegué a buscarte fuera de mi cuerpo, porque te sentía en mi corazón.

 No nos encontramos en esta vida. No ha sido nuestro tiempo y no coincidimos. Tal vez yo tenga aún que aprender muchas cosas para ser tu mamá. Me hubiera gustado encontrarme en tu rostro. Adivinar si había algo de mí en tu mirada. A la de quién se habría parecido tu risa. Ver que habías heredado mi costumbre de treparme a un a árbol y quedarme horas mirando al mundo desde las alturas. Y me hubiera gustado verte desde una ventana, mientras te preparaba la merienda.

A veces pienso en que me perdí tus primeros pasos, tus risas, tus caras de "yo no fui" ante una travesura. Y que habría dado cualquier cosa por perderme toda una noche leyendote todas esas historias que alimentaron mi infancia. A veces pienso que tal vez tendrías edad de tener novia. Y que en el fondo de mi alma sufriría al verte con ella, pero sonreiria al saber que comenzabas a abrirte camino hacia la vida, escribiendo tu propia historia.

¡Hubiera querido tanto abrazarte al regresar, muerto de frio o hambre, y que me contases como fue tu dia! Y que me lleves del brazo caminando por la costa mientras hablamos de tonterias!

Me hubiera gustado verte convertido en un hombre, hecho y derecho, noble, justo, valiente, piadoso, sensible. Tal vez este mundo no esta preparado para alguien asi. Tal vez mi error fue no darle al mundo alguien asi. Espero encontrarte en mi próxima vida, ser esa mamá que te mereces y vivir todo eso que soñe, que lleve guardado todos estos años y que hoy necesite imperiosamente decirte.

miércoles, 13 de abril de 2016

Carta





 "Alguna vez pensé en escribirte, en dedicarte cartas, en las que te contaría todas aquéllas cosas que me hubiera gustado decirte, comprenderte desde tu lugar de mujer, y que supieras tantísimas cosas que pasaban por mi mente.

Quería que supieras que no le creí a rajatabla todo lo que decía, que siempre creí en la teoría de las dos campanas y que más de una vez, intenté ponerme en tus zapatos. Imaginarme esa parte de tu vida a la que no tenía acceso. Comprender muchas actitudas, suyas y tuyas, qué fue lo que sucedió para que cada uno caminara por un camino diferente.

Muchas veces dije que me hubiera haber sido un mosquito para poder observar por mis propios medios durante unos días como se desarrollaban sus vidas, porque quería tener un panorama real y, no soy ingenua, se que algunas veces, la responsabilidad se divide en un cincuenta por ciento para ambos. En un dejar de luchar, en no sentarse a charlar tranquilamente para preguntarse mutuamente qué es lo que ambos quieren y necesitan.

Muchas veces me imaginé esa conversación, porque yo necesitaba entender tambien tantísimas cosas de mi misma, de mi propia historia, cerrar capítulos de mi pasado que habían quedado ahí, sin poderlos concluir, porque, aunque no lo creas, tu historia tambien es mi historia, repetida por un extraño y complejo deja-vu, en el que reviví cosas, desde otro lugar.

Fue la misma película, treinta años después, con otros actores, y en otro rol. Fue la remake de mi pasado, aunque con un final diferente. Un final que le dí yo, porque yo no soy aquélla otra que cometió tantos errores. Cometí otros, sí, los míos, pero tomé otras decisiones.

Y quizás esto sea el resumen de aquéllas tantas cartas que me imaginé escribirte, resumidas en un blog, porque comprendí que una de las razones de tanto dolor fue la traición, la falta de escrúpulos, la ausencia total de compromiso y las mentiras para manipular a quienes lo rodeaban...No, no hablo de vos...vos tambien fuiste una víctima.

Yo cambié el guión, la película tuvo un final diferente. Yo ahora estoy escribiendo mi propia historia. Solo te digo gracias, y que en el fondo me das pena, porque en realidad no ganaste nada, y perdiste

sábado, 6 de febrero de 2016

Estado civil.

(Esta historia fue inspirada en la imagen publicada por Mario Roberto Mizdrahi en su muro de Facebook, con la propuesta de escribir el final de la historia. Gracias, Mario!)

Ella: ¿Estado civil?

Él: Arrepentido

Ella: ¿arrepentido por qué? 

 Él:  porque al principio mi mujer era una hechicera, pero después se volvió una bruja.

 Ella: ¿cómo es que cambió tanto?

Él: No lo se, yo llegaba a casa del trabajo, me sentaba a comer y a mirar la televisión un rato. Después me acostaba a dormir porque me tenía que levantar muy temprano para ir a trabajar.

 Ella: pero en algún momento habrá dicho algo su pareja?

 Él: nada, se sentaba al lado mío en el sillón cuando miraba el partido y se quedaba ahí, mirando no sé qué, si no entendía nada de fútbol!

 Ella: ¿y usted que hacía? 

Él: no le digo que miraba el fútbol!

 Ella: y usted cómo se dio cuenta de que ella había cambiado? 

 Él: porque un buen día no me cocinó lo que a mí me gustaba. En realidad fue una noche, cuando llegué y ella no estaba en casa, y me había dejado un churrasco crudo en la heladera. 

Ella: ¿y a dónde había ido?

 Él: no lo sé, nunca le pregunté, porque no la vi nunca más. 

Ella:¿y no la buscó? ¿No intentó comunicarse con ella para saber qué le pasaba? 

 Él: no. Empecé a pedir comida a la rotiseria. A llevar la ropa al lavadero. La esposa del portero venía un par de veces por semana a hacer la limpieza.

 Ella: ¿y cómo se siente cuando llega a su casa a la noche? 

Él: bien, enciendo la tele, miro el fútbol mientras ceno.

 Ella: ¿Y nota su ausencia? 

 Él: no, sólo se que ahora no siento sus ojos sobre mí cuando se sentaba en silencio al lado mio en el sillón, como si me estuviera pidiendo algo que yo no le podía dar.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Escribir

"Escribir es decir lo que la boca calla. Expresar eso que el alma anhela y la lengua no sabe cómo articular. Manifestar de una manera silenciosa esos gritos que se generan desde lo más profundo de nuestro ser.

Escribir es un placer solitario que se comparte con otros. Una adicción que no permite compañeros, pero que se reparte a todos. Un juego sin pares que otros terminan de construir.

Escribir es la receta que muchos prescriben para poder lograr metas. Es la forma de comenzar a darle forma a los sueños, de verlos más allá de nosotros mismos. El primer paso para hacerlos reales.

Escribir es parar la pelota y mirar en donde estamos parados. Tomarse cinco minutos para uno mismo. Dedicarse a fluir, dar a conocer esa parte que se oculta a los demás.

Escribir es distraerte un momento de lo que estabas haciendo para que me leas...Escribir es el café de los que estamos lejos."

domingo, 6 de diciembre de 2015

Balance-

LLega ese momento del año en que todos hacemos nuestros balances. Otro año más que finaliza, y muchas cosas son cotidianas: corridas, rutina, trabajo. A veces algunos hechos nos sacan de nuestro eje, y es costoso volver a encontrar el equilibrio entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que queremos hacer.

En algunas circunstancias queremos irnos muy lejos, encontrar un lugar en donde nadie nos conozca, en donde no necesitemos contar esas historias que nos lastimaron, en donde podamos crearnos una nueva vida real. Pero siempre sabremos que, a la vuelda de la esquina, nos encontraremos con nuestro pasado, con eso que quisimos desaparecer pero que sólo lo escondimos temporalmente a nosotros mismos.

En otros momentos desearíamos tener una máquina del tiempo y viajar al instante en que tomamos esa decisión que nos trajo tantos vaivenes, hablar con esa que fuimos y contarle qué consecuencias tendrán sus actos. Pero tambien sabemos que cualquier modificación del pasado cambiaría radicalmente quienes somos, nuestra más íntima esencia.

Mirar hacia atrás, a la larga, tiene que traernos la satisfacción de saber que, más allá de los resultados que obtuvimos, todo lo que hicimos fue con el corazón. Que jamás lastimamos a nadie a consciencia y que, nuestra primera y primordial fidelidad fue con nosotros mismos.

Mi balance es positivo: hoy mi corazón no guarda rencores, asume sus responsabilidades, más golpeado, pero más maduro, con la tanquilidad de esperar lo que vendrá con una gran sonrisa!!

martes, 24 de noviembre de 2015

Final feliz.

En la vida tenemos que aprender que no todo es como soñamos, ni como nos contaron o predijeron. De pequeños, en los cuentos que nos relataban nuestros mayores, tras mucho esfuerzo, los protagonistas lograban eso que tanto querían. Los buenos vencían a los malos, el chico bueno lograba conquistar el amor de la princesa.

La vida es diferente. A veces los buenos no son tan buenos, la princesa no tiene ningún reino, y los malos terminan llevándose el premio mayor con total impunidad. El chico bueno, por más que se esfuerce a veces no logra alcanzar sus sueños y nada termina como los cuentos.

El final feliz no se alcanza nunca. Tal vez porque estamos esperando "un final feliz", una eterna fiesta de sonrisas, y la vida es una suma de momentos felices y de los otros. Por cada caricia la vida nos da una cachetada, muchas veces para despertarnos y hacernos reaccionar. La felicidad no es un claro en el bosque con mariposas y avecillas canturreando por los siglos de los siglos, sino lo que nos ocurre aquí y ahora, en este preciso momento, en que estamos vivos y podemos abrazar y ver a los ojos a los que amamos.

El "final feliz" será cuando, en el momento de dar nuestro último suspiro, recorramos nuestra memoria y rescatemos esos momentos que vivimos y no nos dimos cuenta de que fuimos felices. Con las sonrisas de nuestros hijos, con los abrazos de nuestros padres, con la mirada de la persona que amamos. Y si al hacer ese recorrido, al mirar atrás notamos que hemos sabido cosechar afectos, amistades, que de dejamos una enseñanza, que sin saberlo ni intentarlo hemos sido maestros de otros, que ayudamos a alguien a recorrer un camino, podremos decir que lo hemos logrado, que hemos sido felices...y ese sí sera, si perdices ni hadas, nuestro "final feliz".

viernes, 13 de noviembre de 2015

Llueve

Llueve, y esta noche ya no hay fantasmas, sólo está el camino que se abre a mis pies, hacia adelante, con historias nuevas por descubrir.

Llueve, y el agua purifica mi memoria y borra las huellas de todo aquéllo que lastimó, y me devuelve una luz a la mirada que hace tiempo que no tenía.

Llueve, y pienso en quien hoy me provoca una sonrisa, en quien sin saberlo me hace reír, en ese ser que, inconscientemente, termina por colocar ese bálsamo curados a mis heridas y las suaviza, sin buscar nada a cambio.

Llueve, y le agradezco las risas, le agradezco el sacudón emocional interno que me despierta y me hace abrir las alas, los brazos y los ojos.

Llueve, y el olor a tierra húmeda me regresa a mí misma, a quien yo era antes de todo lo que sucedió. Llueve, y me acuno en ese repiquetear de las gotas. Y sonrío.

sábado, 24 de octubre de 2015

Tomemos un café.

Dale, vení. Sentemonos en esta mesa. Hace tiempo que no te veo y la verdad que me asombra a mí misma no sentir nada al verte. No te asustes, sé que seguís con tus miedos a perder eso que tantos años demoraste en construir. Sé que te mueve un interés que no es afectivo.

Dale, yo ya sé que sos un cobarde y tu incapacidad de verte a vos mismo hace que lastimes a los demás. Que te afeites por las mañanas no significa que alguna vez en toda tu vida te hayas mirado una sola vez al espejo y navegado por las profundidades de tu alma...te aseguro que huirías espantado de vos mismo.

Te tuve lástima. Te supe solo, perdido en medio de varios frentes de tormentas, me pediste ayuda y te la di, sin esperar nada a cambio y de todo corazón. Y sin darme cuenta, me fui hundiendo en tu precipicio, porque quería sacarte de ahí, porque me pedías que te ayudara, pero cada vez que intenté hacerlo, encontré un cuerpo muerto, que se negaba a moverse, inerte.

Y estuve a punto de hundirme en tu pantano. Estuve a punto de ahogarme en tus aguas sucias, dejando de lado todo. Hacía tanto tiempo que estaba cerca de tu ciénaga que no sentía el mal olor que te rodeaba, y que tambien se me había impregnado.

Me costaba alejarme, porque cuando ves a alguien hundiéndose en un pantano y pidiendo ayuda, es imposible dejarlo y ser indiferente. Pero estar en ese lugar era tu decisión. Y yo no quería eso. Hasta que un día me di cuenta de todo lo que había pasado, de lo que había dejado de lado por tratar de rescatarte. Me sentia confundida porque me pedías que te salvara de hundirte, pero no hacías nada para salir por tus propios medios.

Y tuve que dejarte, porque si no me hubiera hundido, me hubiera ahogado. De hecho, ma faltaba el aire, pero yo creía que era normal sentir eso cuando tratás de rescartar a alguien que te mira como si fueras su última tabla de salvación.

No, mejor no, tenés razón. No tiene sentido sentarnos juntos a tomar un café y explicarte todo esto. Vos no lo entenderías. Mejor el café lo tomo con quién supo salir solo de sus propias aguas movedizas, con quien tuvo la valentía de sacar fuerzas de donde no las había y atreverse a cambiar su historia. Deja, seguí caminando con la cabeza gacha, mirando para otro lado, como si nunca nos hubiéramos conocido. Seguí cambiando de vereda cada vez que me veas, porque los pantanos y los precipicios ya no están en mi camino.

Verdad.

La verdad es algo que todos creemos poseer, y sin embargo, no existe la verdad absoluta, nadie es dueño de esa verdad total y, a decir verdad, la verdad es una construcción que hacemos entre todos.


Muchas personas viven gritando que ellos tienen "la verdad". Y creen sin dudar a quien les miente descaradamente, ya sea por lástima o por miedo a perder algún beneficio que tiene estando junto a esa persona. A veces, para disimular frente a los demás, prefieren pensar en que eso es "la verdad" antes que asumir el engaño y recomenzar la relación desde cero, construyéndola, ahí si, desde la verdad.

Quien acepta una mentira, o se niega a conocer esa verdad que se oculta, construye sobre arenas movedizas. La relación será permanentemente inestable, ya que cualquier acción del otro estará bajo sospecha, y se vivirá con la zozobra constante de no saber cuándo, en qué momento, esa verdad negada y desconocida se le enrostrará en la cara, gritándole a la vista de todos su cobardía a descubrirla.

Quien miente u oculta la verdad, simplemente engaña. No existen las mentiras por amor, porque el amor no miente. La verdadera base del amor es exponerse ante el otro con la cruda y descarnada verdad, para que ese otro nos acepte como somos. Si nos mostramos distintos, si disimulamos un defecto, si decimos algo que realmente no pensamos para quedar bien...mentimos...Porque tarde o temprano, nuestra esencia saldrá a la luz y se sacudirán los cimientos de esa relación nacida de una mentira.

La verdad duele, pero no mata. La mentira poco a poco va asesinando la confianza, el respeto y el amor que podemos sentir por el otro. La verdad, como un rompecabezas, posee muchas partes. ¿Tendrías el valor de juntarlas todas para armar el puzzle de tu vida y conocer, de verdad, quién está a tu lado? ¿Resistirías enterarte de las mentiras que te rodearon?

Abrir el alma en dos, mostrar nuestro más profundo yo, con todas sus oscuridades, y correr el riesgo de que el otro no acepte ese monstruo que existe encerrado. Si nos acepta con el conocimiento de esa gran verdad...será que el amor es verdadero.

sábado, 17 de octubre de 2015

"A mi próximo amor".


Te escribo sin conocer tu rostro o tu nombre. Sólo espero que tu corazón tenga la paciencia suficiente para intentar conocer las profundidades del mío. ¿Sabes qué? No es fácil la vida junto a mí. No es simple aprender a convivir cuando toda la vida se estuvo sola.

Tuve que aprender a tomar decisiones sin recibir apoyo o consejos de nadie, era un camino u otro, cara o cruz. Tirar la moneda y aventurarme a lo que viniera. Tuve que aprender a llegar a casa y no poder derrumbarme. Tuve que aprender a llorar durante la noche, maquillarme y salir con una sonrisa a la mañana siguiente, porque siempre fue mi único sustento.

Vas a pensar que tengo una coraza, que quienes pasaron por mi vida me han dejado heridas y cicatrices, que me duele el alma...Lo de la coraza es cierto, y te aseguro que quisiera que me tengas el amor suficiente para aprender a quitármela, ¡cansa tanto llevar todo ese peso!...Lo de las heridas y las cicatrices...tambien es cierto, sin embargo he aprendido que quienes nos lastiman tienen más problemas que quien es lastimado. Yo, después de un tiempo, he logrado curarlas y mis cicatrices solo son las pruebas de que he vivido. Son el mapa del recorrido que transité y que me llevan hacia tu camino.

Te escribo porque quiero que sepas que detrás de la armadura existe un ser frágil, que no pide que pelees sus luchas, sino que seas un remanso para tomar más fuerzas. Te escribo porque necesito que comprendas que en mi mirada vas a encontrar las respuestas a esas preguntas que tal vez nunca pueda contestar con mi voz. Te escribo porque es la forma más certera de expresar todo lo que llevo por dentro.

Quizás no nos crucemos nunca, y quizás no leas nunca este escrito, pero si alguna vez llegamos a encontrarnos, quiero que sepas que yo tambien espero ser tu remanso, la persona en la que puedas quitarte los miedos y recuperar las fuerzas para salir a enfrentar tus batallas.

viernes, 11 de septiembre de 2015

La leona.







Camina despacio. Espera. Agazapada en medio de la maleza, aguarda el momento exacto en que su presa aparezca. Tiene paciencia. Sabe que para sobrevivir, debe esperar.

Otro felina, del otro lado del sendero, más ágil, más audaz, menos paciente, salta antes, ataca, y ambas se mezclan en una batalla tan ancestral como el mundo, una pelea tan natural como la vida misma. La otra es más agresiva, tiene hambre, pero su hambre es más visceral, detrás de los altos pastos, sus cachorros miran el enfrentamiento por la comida. Ella, la leona, termina herida, agotada. Hace mucho tiempo que recorre la selva, pero su hambre no es salvaje.

Se aleja, sus heridas manchan el camino. Se esconde a curarse, a tener más paciencia, a esperar que sea su momento...

El tiempo ha pasado, y la leona asoma su hocico a la luz. Sus heridas cerraron. Huele el aire, percibe que eso que estaba esperando se encuentra cerca. No es carroña, no es un cachorro ni una presa enferma. Es un igual, un par, su destino.

jueves, 13 de agosto de 2015

"No eras vos".


"No eras vos, era ese otro, ese imposible, ese que no pudo ser. Era cerrar esa vieja historia, más vieja que tu presencia en mi vida, más antigua que nosotros mismos, que vos desconocías y que yo había olvidado.

No eras vos, era ese mismo que no pude amar, y que quedó pendiente en mi alma, en mi cuerpo, en mi corazón. Era el que busqué en otros cuerpos, en otras voces. Eran sus gestos, sus miradas, eran sus manos las que encontré, cuando te encontré.

No eras vos, ni fuiste nunca vos. Lo comprendí hoy, mirándome en un espejo que hacia muchos años había tapado con un velo. Fuiste el medio para que cumpliera ese sueño, para que diera fin a esa historia. Fuiste quien me hizo rendir ese exámen que mis miedos habían dejando pendiente.

Vivi con vos lo que no viví con él. Sentí con vos lo que no sentí con él. Experimenté con vos lo que no me permití experimentar con él. Nunca fuiste vos. Siempre fue él."

sábado, 8 de agosto de 2015

Vida.

"La vida me dio golpes, y también me regaló caricias. En algunos momentos subí montañas escarpadas sin más ayuda que mis propias manos, sin arneses que me sostuvieran y sin redes que contuvieran mis caídas, pero en otros tuve suaves pendientes por las que deslizarme sin esfuerzos.

La vida me entregó las sonrisas más dulces, las palabras más tiernas, los abrazos más cálidos, y también las despedidas más crueles, las miradas más frías, los silencios más sepulcrales. Tuve que llorar hasta desagotar todos los mares que hubieran en mi interior, tuve que gritar para que el universo escuchara ese dolor que me mataba, tuve que explotar iracunda para descargar la furia contenida. Y tambien reí al punto de dolerme el estómago, susurré para acariciar el alma de quien amé y logré la paz más íntima y profunda que nadie pudiera alcanzar.

Caminé en medio de las estrellas y rodé por el abismo, me dejé fluir en medio de lagos y nadé contracorriente en remolinos mortales. Morí y volví a nacer cada mañana, cada lágrima, cada sonrisa. Tuve miedos y me atreví, rompí todo y construí mucho, terminé y volví a empezar.

Porque cada día, cada mirada, cada gesto es un renacer constante, que nos obliga a reconstruirnos para aprendernos, para armarnos, para poder conocer quienes somos y qué somos capaces de hacer, de sentir, de lograr.

Amé, odíe, recordé, olvidé, guardé, solté, protegí, acusé, deje partir, permití entrar, y al final del camino descubrí que todo eso debía pasarme para saber quién era, quién soy y hacia dónde quiero llegar."

domingo, 19 de julio de 2015

El vengador.








Te hicieron daño. Las personas en quien más confiabas. Tus amigos, tu gran amor. Te mataron en vida. Sentite que todo había terminado, que ya no había más oportunidades, que en las cuatro paredes que te encerraban iba a acabar todo.

Tu dolor creció día a día, se transformó en un tumor maligno, dañino, a punto de explotar dentro tuyo. Hasta que un día, un milagro, te dio la oportunidad de vengarte, de hacerles a aquéllos que te traicionaron, lo mismo que te hicieron. De que padezcan tus dolores, de que sufran tu decepción, de que transiten, paso a paso, el mismo camino traicionero.

Pero, en definitiva, tu venganza no ha de ser contra ellos. Tu venganza se vuelve contra tu propia persona. No los castigas a ellos, te castigas tú mismo. Porque lo que no perdonas no es a los que te mintieron, sino que tú les hayas creído. Te duele no haber dudado ni una sola vez. Te fastidia hasta el dolor no haber adivinado el mal que se gestaba a tus espaldas. Te molesta hasta lo más hondo de tu ser no haber advertido ni una sola mirada, ni un gesto, ni un tono de voz, que te hiciera notar que no todo era como tú pensabas.

No te estás vengando de ellos, sino del ser inocente que eras antes de ese hecho. No estás haciéndoles pagar a ellos la traición, la estás pagando tú mismo, caminando con ellos cada metro del recorrido, buscando el momento en que podrías haberte dado cuenta de que las cosas eran distintas.
Tu venganza se vuelve contra tí, porque retrocedes en tu historia para que, como en un juego de ajedrez, descubras por qué te hicieron jaque mate. Y, tal vez así, perdonarte, expiar tu pecado de inocencia y credulidad.

lunes, 6 de julio de 2015

Infiel.

"Las mujeres que descubrieron una infidelidad, deben comprender una cosa: la "culpa" no es de la otra mujer con la que sus maridos las engañaron, sino de ese hombre que no cumplió su parte del trato que firmaron ambos ante un juez, ante un Dios y ante sí mismos. Fue su falta de valor para decir qué no les gustaba de su vida en común. Fue su cobardía de prometerle tácitamente a otra persona cosas que jamás cumpliría. El hombre infiel engaña a ambas mujeres, sabiendo que su "socia" lo perdonará siempre, en tanto y en cuanto ella sea dependiente de él, ya sea en lo económico o en lo afectivo. 


El hombre infiel buscará denigrar tanto a esposa como a amante. A una le dirá que lo olvidó por la casa, por los hijos, por sus actividades, que ya no lo "atiende", que deja sus quehaceres domésticos. A la otra, le dirá que lo buscaron, que lo acosaron, que lo engañaron, que aprovecharon un momento de debilidad para llevarlo a un lugar a donde él no hubiera ido de estar íntegro.


Todo eso para halagar su propio ego. Para sentir de qué son capaces de hacer esas mujeres para quedarse con él. Al contrario que en la naturaleza, donde los machos pelean por el favor de las hembras, la especie humana hace que las mujeres se enfrenten para lograr "el amor" de un hombre. La más ingeniosa, la más sutil, la más audaz, la más dulce, la más tonta o la más inteligente, podrá ganar el juego, todo depende de qué busque él. Tal vez, ninguna ganará nada. Ambas perderán su dignidad. Una para tratar de cumplir las promesas incumplidas para escuchar el "nunca prometí nada". Otra, para exigir lo firmado hace varios años, tironeando de una cadena oxidada. Él, en medio de lo mejor de los dos mundos, será el premio, el botín, el muñequito que sólo adornará la mesita de luz, hasta que una mañana la ganadora, se levante y descubra que el juego comenzó, con otra protagonista, más joven, más audaz, mas inteligente, más bonita.

La ganadora, ya sea la esposa en un nuevo intento de unir lo que ya no tiene arreglo, o la amante en el rol de compañera oficial, verán repetir la misma historia una y otra vez, como en una espiral sin fin, ocupando lugares distintos en la reconstruccion de una mala película. Porque el problema no es la esposa o la amante, o las amantes. El problema es el hombre, que en su inmadurez, no comprende que el respeto y la confianza son la base primordial del amor. Y el que engaña, no respeta. Y quien sufre el engaño, dificilmente pueda volver a confiar."

martes, 30 de junio de 2015

El encuentro


"Ella caminó despacio. Entró, sabiendo que era su último destino, el lugar del que sólo saldría cuando ya no le quedara aire en los pulmones, cuando su cansado corazón diera su latido final. No era tan malo como había pensado. Su cuarto era luminoso, la dejaban realizar actividades, podía recibir las visitas de todos los amigos que había cosechado durante su vida, esas personas a las que ella había elegido que la acompañaran hasta ese momento, poca gente, pero de esas personas de las que una se siente orgullosa de haber conocido y de mantener en el tiempo.
No llegaba a ese sitio por enfermedad. Era consciente de que a su edad ya no podía estar sola en una casa grande, que necesitaba ayuda y cuidados. Nunca se creyó omnipotente. Conocía sus límites, sus debilidades y su audacia se limitaba a la velocidad de sus pensamientos, a la picardía en su mirada, a la risa repentina y estentorea que le provocaba alguna situación.
Se sentía en paz. Luego de acomodarse, decidió recorrer el lugar, conocer a los otros "inquilinos" que lo habitaban, como ella, sabiendo que sólo se irían "para siempre". Saludó a unos, se presentó con otros, caminó hacia el saloncito. En un cono de sombras descubrió a alguien, sentado en una silla de ruedas, solo y obstinado en permanecer alejado del resto.
En su cabeza sonó una frase, un recuerdo lejano que le dejó la piel de gallina, algo que le había dicho a alguien, hacía mucho tiempo. Él se había reído. Ese geriátrico había sido una vez un albergue transitorio, el lugar en donde él había tenido sexo por primera vez en su temprana adolescencia con una mujer mayor. Ella le propuso ir y el le dijo que se había convertido en un hogar para ancianos. "Seguramente coincidiremos ahí, y haremos carreras de sillas de ruedas!", le dijo divertida. El se sonrió. No entendía mucho sus chistes.
La profecía se había cumplido a medias. Si bien ambos tenían la misma edad, él parecía mucho más viejo, más desgastado, abandonado a su suerte, teniendo tanta gente alrededor. Ella seguía inquieta, más lenta que antes con el cuerpo, pero con la misma agilidad mental. Se le acercó. El siguió allí, quieto, oscuro, solo, alejado de todos. Hosco. No la miraba, porque no la veía. Nunca había visto nada que sobresaliera de su propia persona. Nunca le había importado nada que no fuera él mismo. Nunca había hecho otra cosa que conmiserarse de lo que a él le pasaba.
Ella lo llamó por su nombre. Él la miró, Le preguntó como sabía su nombre si él no la conocía. Ella sonrió, algo irónica, y dijo: "mejor así". Ella aún tenía sus piernas, dio media vuelta y salió al jardín, en donde el sol brillaba fuertemente. La vida cobraba todo. Y con ella había sido generosa.

viernes, 19 de junio de 2015

Aves del Paraíso.

Algunas mujeres somos aves del paraíso, raras, únicas, libres. Dueñas de una libertad absoluta, lejanas. Hemos escapado de los cánones sociales, de los mandatos. Logramos desoír las órdenes milenarias de cuál es nuestra misión en este mundo y logramos hacer eso que el corazón nos manda y las entrañas nos obligan.


Sin embargo, en alguna que otra oportunidad, los ciclos vitales nos empujan a olvidar nuestra naturaleza, las hormonas nos juegan una mala pasada y pensamos que, tal vez, nuestro destino era muy diferente al camino que veníamos transitando. Y dejamos nuestras alturas, nos sacamos nuestras brillantes alas, nos acomodamos al otro para estar en sintonía con él y buscamos aprender qué era eso que, según tantas personas, nos estábamos perdiendo de vivir.


Y sufrimos. Porque dejamos de ser nosotras mismas, olvidamos nuestra esencia para intentar transformarnos en alguien que no conocemos. Encerramos nuestro ser en un cajón, hacemos oídos sordos a sus gritos, encapsuladas en la fantasía de esa vida en común, embrujadas por una circunstancial debilidad emotiva.


Hasta que un día el ave del paraíso explota dentro nuestro, porque las alas no caben en ese cajón tan pequeño en donde las guardamos, se abren, se expanden y sólo piden volver a volar, recorrer cielos, brillar bajo la luz del sol, dejar esas sombras en donde olvidamos nuestra personalidad.


Y descubrimos que nunca vamos a dejar de ser aves del paraíso, que por más esfuerzos que hagamos, no somos otra cosa que parte de una especie rara, única, libre, dueña de una libertad absoluta, lejana y que tarde o temprano, por más que intentemos esconderla, sale a luz y reclama su identidad

martes, 12 de mayo de 2015

No a la violencia.

No para. No se detiene. Nadie la evita. Por más oficinas que inventen desde el poder político, por más buena voluntad que pongan muchas instituciones que trabajan en el tema, la violencia intrafamiliar, de género, machista, no se frena. Al contrario, da la impresión de que cada día es peor, de que cada vez son más las mujeres torturadas, quemadas, violadas o muertas por estas bestias que pertenecen a todos los estratos sociales.

Escucho en distintos programas a mujeres con un alto nivel de exposición en los medios contar sus historias de violencias, feroces, tremendas, con lesiones, con denuncias, algunas aún temblando al recordar esos momentos. Y me queda dando vueltas una frase que una de ellas pronuncia "si nos pasa esto a nosotras, que estamos en los medios, ¿qué les queda al resto de las mujeres que son anónimas, que no tienen la forma de dar a conocer su situación?

La rutina es parecida. Te alejan de tu círculo de afectos, te critican tu forma de vestir, como si eso fuera malo, como si ponerte algo que te gusta y te queda bien fuera una invitación a algo. Poco a poco te van acorralando. Algunos hasta te hacen el juego de "superman", que ellos se sienten menoscabados porque trabajás, porque son ellos los que "deben aportar", buscan la forma de que te alejes de tus actividades y te vuelvas dependiente. Tal vez no te golpean...pero eso también es una forma de violencia. Te degradan, te ofenden, todo en un tono de broma...terminás siendo "la amargada", porque no comprendés que esa ofensa, ese insulto es una joda...Una joda que día a día martilla tu cabeza. Permitiste tanto, que un día, sin darte cuenta, recibís el primer golpe. A él tambien lo impacta e inmediatamente te pide perdón, te asegura que te ama, te dice que nunca más lo va a hacer...La próxima vez te va a decir que es tu culpa, que vos lo ponés nervioso, lo alterás y que por eso reacciona. Y vos seguís achicándote, creyéndole, pensando que tiene razón. Y buscás no alterarlo, caminás en puntitas de pie, no hacés ruido. Pero menos sal en la comida, una arruga en la camisa, que el pantalón que se le canta ponerse en ese momento no está planchado (teniendo otros para ponerse) hace que vuelva a ponerse agresivo. Y vuelva a pegarte, incluso adelante de tus hijos. Y el círculo viciosos vuelve al rato, acariciándote el moretón y pidiéndote perdón...poniendo a los chicos en el medio, que no podés destruir el hogar que tanto les costó contruir. El problema es que en algún lugar de tu mente, de tu alma, sabés que el próximo golpe puede ser mortal. O que puede golpear a alguno de tus hijos que si intentan defenderte...

Te quedan dos opciones. Dejarte matar, someterte a una tortura infinita...o romper el círculo, alejarte, pedir ayuda, auxiliarte en los tuyos, en tus padres, amigos. Acudir a centros de apoyo a mujeres maltratadas. Exigir en las comisarías o fiscalías que te tomen las denuncias. Y, sobre todo, tomar la firme decisión de no volver con él. No ceder a sus súplicas. Realizar algún curso que te permita tener una salida laboral e independizarte de él, sin que ello lo exima de sus obligaciones paternas con los chicos. Pero vos...vos tenés que salvarte, por vos, por esos hijos que merecen ver a su mamá libre, sana, feliz y, sobre todo, viva.

(Este texto puede leerse cambiando a los personajes...que él sera quien sufra la violencia y ella sea la agresora...son casos que existen y que por vergüenza muchos hombres tampoco denuncian. Digamos NO a la violencia.)

Reencarnación.










La vida es esta, la que tenemos por delante en este momento. El verdadero paraíso es esta fase terrenal en la respiramos aromas, vemos colores, abrazamos, tocamos, amamos.

Algunos, pudimos cruzar la frontera y volver. Algunos, unos pocos, tuvimos la oportunidad de saber que había algo que nos quedaba pendiente, que estábamos dejando pasar. Teníamos que aprender una lección que estábamos ignorando o desaprender algo y tomar un camino que estábamos dejando de lado, y que sí o sí debíamos transitar.

Todo sucede por algo. Nada es al azar. Es en esta vida en la que pagamos nuestras deudas, cumplimos nuestras culpas y alcanzamos la felicidad completa.

Reencarnar es esperar a la próxima experiencia terrenal para hacer todo aquéllo que nos quedó pendiente, vivir lo que dejamos de lado u ocupar otro rol en esta vida, para aprender el daño que hicimos o reaprender de nuestra propia historia, sin tener memoria de ese pasado.

Y otros, por alguna razón misteriosa, podemos hacerlo volviendo en esta misma existencia, con plena consciencia del camino recorrido, reencarnando en nuestro propio ser.

jueves, 16 de abril de 2015

Astronauta




Él  la miraba. Se llenaba los ojos con su imagen, pensando cómo habría sido la vida junto a ella. Muchas veces,  por las noches, se sentaba en el jardín, solo, en silencio, perdido en sus pensamientos .  Nadie sabía que la recordaba, que revivía cada momento, cada hora, los pasos dados hacia su encuentro, la sensación de plenitud al tocarla por primera vez.

En algunas ocasiones levantaba el brazo y simulaba hacerle una caricia. Imaginaba que una lágrima rodaba por su mejilla y con todo ese amor que no pudo demostrarle, se la secaba con un dedo.  La veía dibujar una sonrisa y que su rostro, habitualmente gris, se sonrojaba.

La extrañaba. Profundamente, intensamente. Pero no podía quedarse con ella. En la oscuridad, la bola azul, quebrada por nebulosas semejantes a algodonales, lo llenaba de culpa. ¡Se había acercado tanto a su sueño! Pero allá lo estaban esperando.

Su esposa se acercó con un vaso en la mano. Se sentó a su lado, convidándole la bebida. Él sonrió. La abrazó y se quedó mirando la brillante bola blanca en el cielo que, cada noche, le recordaba lo cerca que había estado de perderlo todo buscando alcanzar un sueño que aún sentía latir en el fondo de su alma.