jueves, 29 de septiembre de 2022

Nadie.


 Nadie.


Nada se asemeja a lo que tu piel me provocaba. El suave roce de tus dedos, que me estremecía hasta lo más profundo de tu ser. La caricia recorriendo mi espalda, deslizándose cómo por un tobogán de sensaciones.


Nada me hace sentir tan fuerte como tu, que me volvía una guerrera capaz de vencer al mundo, por tal de resguardar nuestra paz. 


Nada me volvía más vulnerable como tu mirada, que me convertía en ángel, en hada, en heroína, en ave que encuentra, al fin, su nido.


Nadie me ha hecho sentir tan plena ni tan fuerte, como saberme una con tu cuerpo, como olvidarme hasta de mi nombre con el susurro de tu voz.


Nadie, después de ti, ha logrado que vuelva a ser ese volcán en erupción, esa tormenta en el océano, mi esa calma tras la tempestad. Nadie me ha mirado dormir, murmurando palabras que solo nuestros sueños comprendían.


Después de ti, ya no queda nada más que un desierto, vacío y silencioso, en el que no encuentro más que soledad.


Imágen tomada de la web.

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

martes, 13 de septiembre de 2022

Todas mis vidas.


 Todas mis vidas.


Vengo de otros tiempos, tengo la edad de quién ha recorrido todos los caminos, he aprendido a andar por la senda segura, con la luz del sol, guidándome por las estrellas.


Tengo tres años. Y tengo 10. Y también tengo 12. Voy a cumplir 22. Y 31, 42. Y los casi 53 que marca un papel. Pero también tengo casi 60. O 70.


Tengo todas las edades en las que la vida me marcó un oasis. O un desierto. O el riesgo de no saber parar a tiempo. Tengo el tiempo detenido en uno o dos momentos, que atesoro con toda mi alma. Y tambien tengo edades en dónde no recuerdo haber pasado tan siquiera un día.


Soy tan anciana como mi poca sabiduría me permite, y tan joven como el riesgo que corro por mis impulsos. Actúo como niña y como anciana.


Tengo el tiempo entre mis manos y, a la vez, se me escapa como agua entre los dedos. Siento que mañana, tal vez, ya no tenga nada que contar. Y, aún, guardo mil historias por escribir.


Soy mi abuela, soy mi madre, soy mi hija y soy mi nieta. Soy todas y cada una de las mujeres que guardo en mí y vivo en ellas todos los tiempos del universo. 


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

Yo te creo.




Yo te creo cada vez que llegas y me dices que me amas. Te creo cuando me tomas de la mano y vamos caminado, mientras me cuentas historias de tu vida.


Yo te creo siempre que me miras y me llevas hasta el otro lado del universo cuando estamos juntos.


Pero cuando desapareces, me entra la duda de que todo eso no sea verdad. De que tus palabras sean solo un embrujo que me nubla la mente. 


Cuando no respondes mis llamadas, cuando me hablas en códigos que no entiendo, dudo hasta de la luz del sol.


Yo te creo cuando duermo entre tus brazos, pero cuando estoy sola, la luna me muestra cosas en las que no quiero pensar. Me susurra tus mentiras, tus engaños y me revuelvo en mi propia locura.


Hasta que vuelves, y mi mente se ciega a toda evidencia.


Yo te creo. Pero se que me mientes.


Imagen tomada de la web.

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

miércoles, 10 de agosto de 2022

Decirte adiós.


 Decirte adiós.


Duele. Haberte encontrado, para después perderte. Duele verte partir cuando la sangre pide a gritos que te quedes. Duele.


Aprender a florecer para luego marchitarse, cuando aún es primavera. Cuando el amor se presenta en todo su esplendor y, de repente, hay que dejarlo ir.


Duele que nos hayamos encontrado, después de tanto tiempo, de tanto espacio, y que solo nos quede decirnos adiós hasta la próxima vez. Hasta la próxima vida. 


Duele que ya no pueda tomar tus manos, oír tu risa, sentir tu aroma. Duele no volver a acariciarte, no poder mirarte, no besarte otra vez.


Duele que te vayas, sabiendo que podríamos estar juntos. Pero no en esta vida. No está línea de tiempo, no con tus heridas que deben cerrarse. No con el peso del dolor que tenemos en las espaldas. 


Nos volveremos a ver. En otra vida. Te lo juro. Y esa vez sí será nuestra oportunidad de reír, libres, puros. Sin recuerdos, sin dolores, sin el rencor de ese pasado que nos lastimó tanto.


Te voy a esperar. Todo el tiempo del mundo. Todas las vidas que sean. Mientras tanto, voy a vivir este amor inmenso que descubrí, a pesar de todo, con su dolor y su ternura.


Te voy a abrazar hasta el último instante. Y, aunque te prometa no llorar, voy a estallar en llanto junto a tí, por ti, en ti.


Puedes irte. Puedo decirte adiós. Aunque no quiera. Aunque me muera por dentro. Aunque solo quiera correr hacia tí, tomarte de la mano y hacerte regresar. No debo. El tiempo debe pasar entre nosotros, para vernos a los ojos sin tristezas de otras vidas. Nos merecemos una vida sólo nuestra, un amor sin pasados.


No quiero. Pero debo decirte adiós. Y quedarme en esta huella, mientras veo como partes sin mí. Aunque me duela. Aunque me muera. Se que el tiempo nos volverá a reunir. Y, por fin, nos amaremos por siempre. 

 

Adiós, o hasta pronto. No te demores en volver. Seré la que lleve una flor blanca en las manos. Seré la que tiemble al mirarte a los ojos. Seré la que sonría de felicidad, porque está vez, si, seremos solo tu y yo.


(Inspirado en Hotel del Luna #HotelDelLuna )


Imágen tomada de la web.


© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

domingo, 26 de junio de 2022

La fantasma.


 La fantasma.


Ella me mató. Mi mejor amiga. Con la que compartimos nuestra niñez. Ella, la que lo tenía todo. La que, siempre, disfrutaba en hacerme notar que yo no.


Pero no me daba cuenta de eso. La quería y, sus defectos, me divertían. A mí no me importaba la diferencia de clases sociales. Amaba tanto ir a su casa grande, bella, espaciosa, con muchos empleados que se encargaban de todo, como cuando ella venía a mi casa, humilde, con un solo cuarto que compartíamos con mis hermanas, en dónde todos colaborábamos en los quehaceres. Adoraba su enorme jardín lleno de rosas cuidadas tanto como ir a la laguna cercana, en dónde las plantas crecían a su antojo.


A medida que fuimos creciendo, ella se ocupaba de mantenerme siempre detrás, como si fuera su sombra. Yo no me daba cuenta de que si un chico me invitaba a bailar primero, su mirada me fulminaba llena de odio. Era solo un instante, porque luego se disfrazaba con una sonrisa enorme, me felicitaba por "el levante" y me llevaba a otro lado, lejos del galán de turno, al que luego veía en sus brazos.


"¿No te das cuenta de que son todos iguales? ¡Te hice un favor sacándote a ese aprovechado del medio!", eran las respuestas que me daba cuando,  al volver por la noche a nuestras casas, notaba mi cara de enojo o tristeza. Y yo, le creía. Creía que todo lo que hacía era para protegerme. Porque ella tenía "más mundo", porque había comenzado a vivir en la gran ciudad y yo continuaba aquí, en el tranquilo sitio que nos vio nacer.


Enfermé. De gravedad. Y tuvieron que trasladarme a esa enorme metrópoli en dónde todo se concentraba. Salud, educación, cultura, vida. La gente caminaba por las calles sin verse, sin saludarse, sin conocerse. Eran cientos, miles, corriendo hacia ninguna parte, pero el torbellino de esa ciudad los atravesaba hasta en sus más mínimas rutinas.


El cáncer me carcomía. Tenía una sola oportunidad de sobrevida y me aferraba con todas mis fuerzas a ella. La operación era larga y riesgosa. El tratamiento posterior, también. Tenía que volver a aprender a caminar, y a vivir. Todo el foco de atención estuvo sobre mi durante meses. Me tenían que dar de comer, limpiarme, ayudarme a hacer cada cosa. 


En ese momento, en el que más la necesité, ella se alejó. Cuando nadie nos escuchaba, me decía que no fuera tan manipuladora, que seguramente me estaba aprovechando de la situación, para no hacer nada y que todo el mundo estuviera pendiente de mí. Me dolieron más sus palabras que mi propia enfermedad. Intenté comenzar a hacer cosas, pese a que mis médicos me lo habían prohibido, solo para demostrarle que no era así, que yo solo quería estar bien, volver a mi vida, a mi casa, a mi gente.


Había comenzado a estudiar, para ocupar todo ese tiempo ocioso que estaba en la cama. Para ella, era perder mi tiempo, que nunca iba a llegar a nada, que con mi enfermedad quizás no culminara la carrera, que le estaba quitando el lugar a alguien que tuviera más condiciones que yo...que mejor viera tele. No comprendía por qué me trataba así. Por qué no me alentaba a crecer, a mejorar. No entendía por qué no me ayudaba a tener fé.


Poco a poco fui mejorando, comencé a dar mis primeros pasos, después salía con la ayuda de un andador. Mi vida volvía, poco a poco,  a la normalidad. Sin embargo, ella cada vez parecía odiarme más. Como si mis logros fueran casi un insulto para ella. 


Hasta que un día se descompuso. Me asusté, pero no podía hacer mucho más que esperar a qué decían los médicos. Cuando volvió, me acusó de haber intentado matarla. El mundo me daba vueltas, no entendía nada. Todas las miradas me señalaban como si fuera una desagradecida con ellos, que habían hecho tanto por mi.


Me fui. No sé cómo, puse mis pocas pertenencias en una maleta y salí lo más rápido que pude, en medio de gritos e insultos. Quería defenderme, pero no sabía cómo, más allá de decir que yo no había hecho nada. ¿Cómo podría haber querido asesinar a la que consideraba mi hermana?


Supe que nunca estuvo enferma. Supe que inventó todo eso porque no soportaba que yo fuera el centro de atención. Supe que me había odiado desde que alguien puso sus ojos en mí antes que en ella. Y, supe, que a todos les dice que me morí como resultado de mis maldades. 


Hoy soy su fantasma, porque sigue contando la historia de nuestra amistad, en dónde ella es la víctima, asegurando que el karma se ocupó de mí. 


Hoy estoy más viva que nunca, hoy puedo decir que logré superar mis miedos y mi condición. Hoy, que soy su fantasma, puedo decir que dejé de ser su sombra.


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022.

jueves, 16 de junio de 2022

Ojos verdes


 Ojos verdes.


Deambulando por las calles entrecerrando los ojos, ella disfruta la tarde de verano. Camina por primera vez los mismos lugares que él alguna vez recorrió. Busca su huella, sigue su rastro, comparte el cielo que, seguramente, lo inspiró.


Ella juega con el aire, que le trae su aroma, que la envuelve con su perfume, que le hace sentir que le toma la mano y la guía por esas tierras nuevas, tan viejas.


Y busca olivares, albahacas y limas, verdes como sus ojos verdes, que la hipnotizaron una noche de verano. Tan verano como éste, en el que pisó por primera vez la tierra que lo vio nacer.


Extranjera en un nuevo mundo, se maravilla a casa paso, soñando que él la lleva a recorrer Granada, mientras se pierde entre las alas de aquella paloma que jamás voló.


Muchachita inquieta, ocurrente, que lo debe hacer reír allí, dónde él esté, mientras vuela,  como si fuera un ángel, a su lado, en su sombra, y se recuesta junto a ella para velar su sueño.


Ojos verdes, como el trigo verde, cómo la albahaca, cómo la esperanza de encontrarlo, a la vuelta de la esquina, con su sonrisa de niño eterno, con su mano extendida, con su gesto seductor hacia una bella desconocida, a la que quiere proteger.


Dedicado a María. 


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

domingo, 29 de mayo de 2022

A partir de cierta edad.

 



A partir de cierta edad no nos importan las apariencias. Lo que realmente nos preocupa es estar sanos, para llegar a la vejez en las mejores condiciones posibles, lo que no es causa para dejar de disfrutar de los placeres de la comida .


A partir de cierta edad, no nos importa llegar solteros o casados, nos importa llegar enteros. Si es acompañados, con alguien que nos respete y comparta nuestros gustos, las pasiones, que esté en sintonía con nuestra vida. Si es solos, aprendiendo a conocernos, buceando en nuestras profundidades, sabiendo cada infierno transitado y libres de todo. 


A partir de cierta edad reconocemos de lejos a los mentirosos, a los que nos venden espejitos de colores, a los que nos quieren hacer creer que son protagonistas de un cuento, cuando nosotros vivimos historias.


Reconocemos el abrazo sincero, la sonrisa cálida, la mirada transparente, la palabra precisa y la mano dispuesta a acompañarnos.


A partir de cierta edad queremos tomar un café en paz, caminar por la costa en silencio, acurrucarnos en la cama mientras leemos un libro, cocinar algo rico que nunca comimos, probar una bebida nueva o ir a ese café al que siempre quisimos y nunca tuvimos con quién hacerlo.


A partir de cierta edad, pateamos el tablero del qué dirán y buscamos el del que siento, del qué pienso, el del qué quiero. Abrazamos fuerte a los que amamos y sacamos de nuestras vidas a los que nos manipulan, nos mienten y nos tratan como basura.


A partir de cierta edad, somos felices.


Imágen propia, costa de #mardelplata 

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

viernes, 6 de mayo de 2022

Quien soy.




"No soy la mejor, ni la única,  ni tampoco creo saber todo sobre todo.


Soy, simplemente, una aprendiz de la vida, que a veces ha repetido algunas lecciones porque no siempre comprendió la enseñanza que había en ellas.


Soy, lo que se dice, un experimento andando sobre mi misma, rebatiendo certezas y descartando imposiciones. Soy mi propia historia, repetida cientos de veces en miles de historias, que se entrecruzan sin querer, sin pensar, sin saber. 


Soy quien se mira cada mañana al espejo y se pregunta ¿qué más? Y sale a la calle dispuesta a todo, aún sabiendo que puedo regresar con nada.


Soy, simplemente, quien siempre quise ser, llena de las mismas dudas que todos, pero buscando perder los miedos y conociendo las posibles respuestas."


#Ser #Amor #Vida #conocimiento #Libertad 


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

domingo, 1 de mayo de 2022

Mensaje en una botella




Ayer supe algunas cosas de alguien, alguien a quien no conozco, pero si conozco su vida. Esa persona no me conoce y no sabe absolutamente nada de mi. 


Y, aún así, lanzó está especie de botella al enorme océano que es el universo. Porque creo que necesitás saber esto. Porque la felicidad no es el cuentito que nos dijeron de chicos. Porque el poder está en vos.


Te abrazo con mi alma, porque leyéndote muchas veces me sentí identificada con vos, porque me ví reflejada en tus sentimientos, en tus emociones. En esa incertidumbre de ir creciendo y no saber qué hacer con vos misma. De mirar a tu alrededor y ver que los que te rodeaban no hacían lo que predicaban. Que te decían qué cosas tenías que hacer, pero no te mostraban lo más importante, el "cómo".


Ojalá que algún día encuentres tu camino. Que mires hacia atrás y descubras la huella que dejaste. Que los otros aprendan de vos, de tu libertad, de tus ganas de volar. Ojalá que no te corten las alas, que te abracen fuerte y te digan lo mucho que te aman.


 Porque te aman, no tengas dudas, pero no saben cómo hacerlo, ni como decirlo. Ocurre que aprendieron que la vida es tener cosas, subir por una escalera que no los conduce a ningún lugar, solo acumular dinero o poder para sentirse superiores. Y, tal vez por eso, no entienden que sos diferente.


Se feliz. Buscate y sonreí. Abrí los brazos y abrazate fuerte al sol. Respirá profundo y dejá de buscar la muerte, aún no es tu tiempo. 


Solo deseo que seas feliz y libre. Y, ojalá, estás palabras de esta foto te lleguen algún día, las leas, y sepas que son para vos. 


#Texto #Vida #Libertad #MujerMaravilla #Soledad #Amor #Palabras #Cuento

martes, 19 de abril de 2022

Miedo.




Tuve miedo. Fingí que no estabas, que no te sentía. Pero tú roce fue un latigazo de electricidad en mi piel.


Tuve miedo. Y no quise abrirte mi alma, porque ya la había reconstruido tantas veces que si me la rompían una vez más, pensé que moriría.


Tuve miedo. Pero tu aroma me llevó a otros cielos, tu abrazo me hizo sentir por primera vez en mi casa, tus besos se me hicieron de otra vida, de mil tiempos pasados.


Tuve miedo, porque sé que tu historia y la mía están entrelazadas desde los mismos orígenes del mundo, porque no fue la primera vez que tu mirada se perdió en la mía. Y no será la última. 


Tuve miedo porque sé que en cada vida vamos a encontrarnos, hasta que en algún futuro podamos estar juntos, son prejuicios ni condiciones. 


Y a pesar de que me morí de miedo,  te dije que sí, sin saber a donde me ibas a llevar ni qué ocurriría entre nosotros. Te dije que sí, llena de dudas, pero siguiendo un susurro que gritaba en mi alma que me animara a todo. Y te digo que sí cada mañana, cada vez que te miro a los ojos, cada vez que escucho tu voz.


Y  te voy a decir que sí cuando, en otras vidas, te cruce en alguna esquina y tu perfume me robé un suspiro, tu mirada me pierda en la inmensidad del universo y tus caricias me inviten al jardín perdido de tu amor.


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

domingo, 17 de abril de 2022

Tiempos.


 


Soltar. Sanar. Volar. Seguir el camino, solos, sin rumbo. Vivir mirando hacia adelante, como si el pasado no hubiera existido. Borrar de golpe sentimientos, emociones y vivencias que se construyeron a través del tiempo.


Matar eso que nos duele, que nos sangra, que nos hace quedarnos quietos, en un rincón, abrazados a nuestras rodillas, mientras escondemos las lágrimas, para que otros no nos digan soltá, saná, volá.


¿Acaso piensan que nos gusta estar así? ¿Que disfrutamos con el dolor? ¿Que podemos eliminar con un botón los besos, las caricias, las risas, los años que compartimos? ¿Tal vez existe una fórmula que se bebe por la noche y, al despertar, renacer con otra memoria, sin el dolor de no sentir más su aroma, de no volver a escuchar su voz?


Vivir. Como si fuera fácil levantarse sin que te duela cada músculo, cada fibra, cada célula de tu ser, porque sabés que por esa puerta no va a entrar nunca más tu amor. Ese amor con el que compartiste todo, que supo de tus peores demonios y que te convirtió en un ángel tan solo con una mirada!


Sanar lleva tiempo, quizás el mismo tiempo que te costó contruir todo ese mundo que ahora no está, que se esfumó, que en un abrir y cerrar de ojos desapareció, dejándote sola en medio de la nada, con las manos temblorosas y los labios secos.


Seguir. Sin saber a dónde, porque las huellas del camino se perdieron y no hay nubes para ver si las estrellas te guían. Seguir sin ganas, sin metas, sin horizontes. 


Y solo esperar que el tiempo cure todo, que la brisa calme las heridas, que poco a poco recuperes tus ganas, tu fuerza. A tu ritmo. Hasta que puedas volver a reír, a cantar, a soñar. 


Imágen tomada de la web.

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

lunes, 4 de abril de 2022

Decile.




Decile que ya no estoy, que me fui, que me cansé de esperarlo. Que la vida, a veces, me impulsa a saltar como resorte ante algo, que quedarme  quieta, estancada, esperando, no está en mi naturaleza.


Decile que sí, que lo amé hasta la locura, que el veneno de sus besos me llegó hasta la médula, que hubiera dado mi vida por él. Pero decile también que me cansé de hacer equilibrio, de caminar por una cornisa, sin saber si él iba a estar dispuesto a rescatarme.


Decile que me fui porque sus dudas me mataban, porque su incertidumbre me carcomía, porque me moría cada vez que daba un paso hacia adelante y dos para atrás.


Pero decile que a dónde él vaya, iré yo, no porque lo siga, sino porque me lleva adentro de su alma. Aunque lo niegue, mi nombre perturbara su mirada, pondra tensas sus manos, porque yo soy eso que él nunca  más podrá alcanzar.


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

domingo, 20 de marzo de 2022

Definitivamente.




Te extraño. Definitivamente hay días y noches en que tu ausencia se me hace carne. En esas horas nuestras, robadas al mundo, mi pide a gritos por tus caricias, mi boca muere por tus besos, mis ojos necesitan perderse en tu mirada.


Definitivamente hay tardes en que miro mi teléfono para ver si tu número aparece en la pantalla, proponiéndome un encuentro, pidiendo escaparnos del mundo y huir a nuestro paraíso.


Definitivamente hay momentos en que, de repente, siento tu aroma que me envuelve, escucho tu voz que me nombra en un susurro, pero al darme vuelta y buscarte, solo hay ausencia y vacío.


Definitivamente hay horas en que grito tu nombre, preguntando por qué no estás. Y solo me envuelve un terrible silencio por respuesta 


Luego vuelvo a la rutina, a las sonrisas sin ganas, a los compromisos inevitables, a mirar a otro buscándote en algún rincón de su alma. Pero, definitivamente, no estás en otros cuerpos, ni en sus miradas, ni te siento en sus perfumes.


Definitivamente mi cuerpo se pierde en las sombras de tu recuerdo y se desgarra al no sentir tu calor, tu refugio, tu paz.


Definitivamente, el tiempo no te ha borrado de mi alma, o quizás, algún día, te encuentre por algún lugar en el que aún no te he ido a buscar.


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022


 https://youtu.be/b7R332QSsMw

lunes, 24 de enero de 2022

Carta a mi misma




Pronta a los 40 y 12, y sin haber podido hacer balance de fin de año por 🦾 enyesada, creo que está bueno decirme a mí misma algunas palabras:


"Estás viva, y cada mañana es una nueva esperanza para todo lo que te propongas. El camino fue largo y aún faltan muchos kilómetros por recorrer. Llegaste a muchas metas y tuviste que abandonar algunos sueños por ahí, porque ya no tenían sentido seguirlos. Soltar y aferrarse son dos palabras grandiosas, pero hay que saber cuándo utilizarlas en la vida.


Fuiste la mejor versión de vos misma. No te pareces a nadie y a mucha gente, eso no le gusta. No sos de fácil acceso, pero tampoco tenés término medio (algo a corregir, tal vez), cuando abrís las puertas, es con todo lo bueno y lo malo. Y cuando las cerrás, también. Te gusta el buen momento, la buena música, la buena gente, el buen aire, la buena vibra y el buen amor. Pero también, sin darte cuenta, te metés en berenjenales por la gente que querés sin prejuicios, te ensucias por los que se hunden en sus propios charcos y terminás afuera de todo lo que te debería importar, vos misma.


Te doy las gracias por el camino recorrido. Por los sueños cumplidos, por los amores vividos y por las historias realizadas. Me llevaste a un lugar al que no pensé llegar nunca, y sin darme cuenta, estoy acá, escribiéndote esto. Escribiéndome esto. 


Seguí así, ajustá un par de tornillos en algunas cuestiones, y seguí dando pasos hacia ese lugar que siempre soñaste. Cada vez falta menos".


©Cristina Vañecek-Escritora 

Derechos Reservados 2022


#Texto #Carta #Letras #40+12 #Enero #Acuario #Ser #Yo #Palabras #Historia #Vida

sábado, 4 de diciembre de 2021

Caminata.




Vas caminando. Mirás hacia atrás y ves como las huellas van cambiando. Cuando comenzaste, habían muchas. Pasos enormes, unos más pequeños, en un punto descubrís tus propias huellas, diminutas, temblorosas, que se suman al camino.


En algún momento, algunas marcas comienzan a desaparecer. Al mismo tiempo, unas huellas menudas se hunden en la arena, dejando un surco profundo, casi como una trinchera. Tus pasos crecen y, poco a poco, las marcas de tu madre comienzan a ser más livianas, que dejan de ser un agujero profundo para volver a caminar en la superficie. El peso que llevó sobre sus hombros se fue aligerando con tu madurez.


Seguís caminado, y descubrís pasos que aparecen un tiempo y luego toman otro rumbo. Algunas huellas dejan más marcas que otras, no solo sobre la playa, también en tu corazón.


De pronto, notas que tus pasos comienzan a hundirse, que cada paso te cuesta, como si tus pies fueran de plomo. Ahora, el peso lo estás llevando vos. 


A veces te sentís sola y lo único que querés es dejar de caminar, plantarte, quédate quieta algún tiempo, salir de esa trinchera que se formó a tu alrededor y que todo sea más ligero. Pero te das cuenta de que no podés. Si te detenés, te hundís para siempre y ya nadie podría ayudarte. 


Tenés que seguir. Por momentos, caminás más rápido, más liviano, y una mano te sostiene cuando menos lo esperabas. Te alienta a llegar más lejos, a disfrutar del sol, a querer alcanzar la luna. Su compañía te hace más llevadero todo, y te alivia el alma. Podés recostarte en su hombro, que te tome por la cintura y te lleve unos pasos, mientras te sentís más segura. Su sonrisa, su voz, te hace más fuerte.


No sabés cuánto te va a acompañar, solo que su presencia es un remanso y te da ánimos para seguir adelante. Sus huellas están junto a las tuyas hoy, ahora. Y el camino, juntos, se hace más simple. El sol te cubre de un aura dorada. Eso es la felicidad. 


Imágen tomada de la web.

© Cristina Vañecek Derechos Reservados 2021

domingo, 21 de noviembre de 2021

Tu cielo.




Amanece. La luz dibuja tu figura, durmiendo, a mí costado. Una enorme deseo de abrazarte me invade, pero tengo miedo de despertarte, de romper tu sueño, de que el hechizo que esta noche nos envolvió se termine.


Te oigo respirar. Pausado, lento, profundo. Un suspiro rompe esa monotonía y te das vuelta, hacia mí, dormido como un niño en una nube.

 

Te huelo, y tu piel tiene el perfume del amor, del cansancio acumulado por las búsquedas de algo que no sabes qué es, tu piel tiene el aroma del tiempo que perdimos antes de vernos, de encontrarnos.


Abres los ojos lentamente. Te estiras como si hubieras dormido cien años, y un beso encantado rompiese un embrujo. Te sonrió. Y, ahora sí, te abrazo y me pierdo en tu cuerpo, en ese cielo abierto de tu piel en el que puedo volar con libertad.


 #Besos #Deseo #Amor #Sueño #Paz #Vida


Imágen propia

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2021

domingo, 7 de noviembre de 2021

Ahora


 Ahora.


Estás ahí, tan cerca, y tan lejos. Aquí y allá, al mismo tiempo. Casi que siento el aroma de tu piel, pero aún no puedo rozarte con mis dedos.


Estamos aquí, mirándonos sin mirarnos, desviando cada palabra que de acerque a esto que no nos atrevemos a decir. Tenemos miedo, dudas, dolores viejos, penas mal curadas, y a la vez valor, certezas,  anhelos nuevos, cicatrices cerradas.


Ahora, envueltos en el mismo torbellino, poco a poco vamos acercándonos, dando pequeños pasos, uno a uno, pisando firme, hartos los dos de pantanos y arenas movedizas.


Hoy, tu beso me roza suavemente el alma. 

Hoy, tu mano toma la mía y se atreve.

Hoy, vos y yo, comenzamos a ser nosotros.


Imágen tomada de la web.

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2021


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sábado, 30 de octubre de 2021

Volver a empezar.


 Volver a empezar.


Poco a poco, sin apuros, con los miedos en la espalda, con las manos tibias, con las ganas nuevas.


Despacio, sabiendo que el pasado ya no duele, descubriendo nuevos mundos, sintiendo que la vida, otra vez, nos dan una oportunidad.


Paso a paso, temblando hasta los huesos, descubriendo que, muchas veces, una misma es quien se boicotea los sueños.


Lentamente, tomando su mano, dejándome llevar, sin saber muy bien a dónde, sabiendo que arriesgarme es la única posibilidad.


Volver a empezar. Volver a creer. Volver a amar. De a poquito. Lentamente. Sin apuros. 


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2021

 #miedosfuera  #sueños #SueñosHechosRealidad 

#Amor #Escrito #Texto #Palabras #Comienzos #Señales #Letras

domingo, 12 de septiembre de 2021

Búsqueda



Te estaba buscando, en medio de la nada,  como quien no sabe bien qué es lo que quiere.


Te buscaba, perdida en la oscuridad, tanteando territorios desconocidos, sin saber si existías.


Buscaba lo que no pensaba que fuera cierto, mi lugar en el mundo, un calor especial, un aroma.


Buscaba huellas de mí misma, recuerdos de otras vidas, sueños olvidados apenas despertaba.


Y te encontré. Tan perdido como yo. Más confundido que yo. En medio de una niebla que no querías reconocer.


Te encontré y sentí que tu abrazo era mi casa, que tu perfume era mi aire, que tu vida estaba irremediablemente atada a la mía.


Pero tu camino no era el mío. Tu búsqueda no tenía rumbo, ni horizonte, ni brújula.  Vos eras mi destino, pero yo no era el tuyo.


Y así como te encontré, tuve que dejarte ir, como si fueras agua entre los dedos. Porque tu desorden me quemaba, tu ceguera me convertía en las cenizas de la mujer que había sido. Porque a tu lado, solo me iba a desintegrar, hasta volverme nada.


Te dejé ir, con el dolor de haber estado en el paraíso, con la tristeza de haber aprendido a volar y que luego me cortaran las alas. Con la certeza de que nunca hubiéramos podido ser felices juntos.


Te buscaré. Tal vez en otra vida. Cuando tanto dolor se haya diluido. Cuando tantas dudas se vuelvan seguridades. Cuando me veas y no sigas de largo, sin saber qué buscar.


Imágen tomada de la web.

© Cristina Vañecek-Escritora

 Derechos Reservados 2021

jueves, 12 de agosto de 2021

Ya no te quiero.


 


No vibra nada, no me late el corazón, no se acelera mí respiración ni me tiembla el cuerpo al saber de tu presencia.


Ya tu perfume no me provoca nada. No me nubla los sentidos el aroma de tu piel, no me despierta esa parte instintiva, que me hacía perder la razón.


Tus ojos no me dicen nada. No los se leer. No entiendo el idioma en que me hablan. 


No deseo tu beso, no tus caricias ni nada que venga de vos. No siento esa electricidad que me recorría por entero, anhelando nuestro encuentro.


Me mirás preguntándome por qué no te respondo. Quizás porque estoy muerta por dentro. Quizás porque el tiempo borró todo lo que sentí. Tal vez porque no soy aquélla que te amó.


Ya no te quiero. Ya no te siento. Ya no me importa".


Imágen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2021