lunes, 27 de marzo de 2017

Otoñal


La vida te pasa a otro rítmo. Bajás el nivel en que tragás todo lo que te muestran como si no te quedara otra opción, como si fuera obligatorio haber salido todas las noches, haberse tomado todas las cervezas, haber estado en todas las camas.

La vida se desacelera. O te desacelerás vos, que sabés que no tenés que salir todas las noches, que no tenés que tomarte todas las cervezas, que no tenes que estar en todas las camas. No es una competencia para saber quién fue más fuerte, quién soporta más o cuántas "presas" se tuvo.

Vos caminás más despacio. Mirás el paisaje por mirarlo, llenándote los ojos con eso que se te presenta. Escuchás el oleaje, las ramás, tratás de captar esa ave que canta a lo lejos. Disfrutás porque te das cuenta que ahora vas contra el tiempo.

Ahora sabés que cada minuto cuenta y que si no lo exprimís, no te vas a llevar nada. Sabés que te quedaron pendientes tus propios sueños, esos que postergaste para cumplir mandatos, compromisos, órdenes, tareas que la sociedad te impuso para demostrar que eras digno de formar parte de ella.

Ahora te sentás y querés sentir el viento sobre tu piel, que te pone la piel de gallina y te hace estremecer hasta lo más infinito de vos mismos. Ahora querés tomarte tu tiempo para medir cada paso, porque ya no vas a soportar otro precipicio más, porque ya no tenés más ganas de volver a caerte en un pozo de arenas movedizas y hundirte, viendo cómo los que podían ayudarte, te dejaron ahí.

Ahora querés elegir abrir la puerta, ver de a poquito qué hay, y si olés peligro, decidir irte a tiempo, antes de que te golpeen donde más te duele, después de entregar lo mejor de vos. Suena a cobarte, pero la piel duele después de tantos latigazos sin razón, porque el alma duele cuando te vendieron un paraíso y te metieron en un circo.

Ahora querés saber de qué se trata. Querés tomarte tu tiempo para evaluar la decisión, porque de ella depende el resto de tu vida. Porque depende cada segundo de amor que desperdicies en quien no lo vale, que vivas tu otoño como si todavía fuera verano.

sábado, 18 de febrero de 2017

Los amantes.



No supieron en qué momento ocurrió.  Pero desde ese día, sus vidas cambiaron para siempre. Vivir contando las horas para verse, perderse hasta la locura recorriendo sus cuerpos, porque ninguno sabia si habría "próxima vez".

Volver a sus vidas, sabiendo que nunca podrían dejarla, pero que tampoco podrían dejarse,  porque eran, uno para el otro, como el oxígeno para sostener la vida.

Sentían culpa porque nada en sus vidas era tan malo como para romper sus vínculos.  No se atrevían a decir "ya no te quiero" porque tampoco era verdad. Pero era un cariño ligado a la costumbre, que había llegado a una meseta, que tenía días y horarios, obligaciones, rutinas.

Ellos eran lo nuevo. La oportunidad que perdieron cuando, años atrás,  asumieron compromisos impensados, fuera del plan de vida que  habían hecho, en donde la culpa, si, otra vez la maldita culpa, no podía decirle al otro a los gritos que no querían,  que eso no era lo que habían pensado, que un descuido les torció el rumbo y las responsabilidades hicieron que dejaran sus sueños a un lado.

No lo planearon, no lo buscaron, pero no podían evitarlo, sus cuerpos se pedían a gritos mutuamente. Sus besos, sus caricias, sus deseos eran algo tan inevitable como la vida...y tan fatales como el destino.

Nunca se plantearon las razones, les pasó lo que le pasa a los que tienen que encontrarse para saber lo que se siente incendiarse por dentro y que solo una persona sea capaz de provocar la lluvia necesaria para apagar ese fuego arrasador.

Despertaron de un letargo inmenso y ya nunca más podrían volver a dormirse. Aunque en el camino destruyeran todo a su paso, el riesgo de perderse era peor que el de no haberse encontrado nunca.

Eran un volcán en plena erupción, que ya no puede retroceder;eran la consecuencia inevitable de cada sueño postergado, que un día salen a la luz. Eran su última oportunidad, antes dejaba morir.

viernes, 10 de febrero de 2017

Las piedras.


Siempre que hablamos de piedras en el camino, nos referimos a ellas como algo malo, escollos, molestias que incomodan el andar, lastiman nuestros pies y nos hacen trastabillar o caer.

Las piedras están ahí, inmóviles, esperando que quizás alguien las recoja y las lleve a su casa, para marcar un espacio, para decorar un lugar o simplemente para enseñarnos algo. Ellas nos enseñan a tener cuidado, a que debemos mirar por donde caminamos, porque somos nosotros quienes guiamos nuestros pasos.

Ellas, las piedras, son objetos inanimados a los que cargamos con nuestras frustraciones, nuestros deseos incumplidos. Las hacemos responsables por no llegar a tiempo, por no haber alcanzado eso que tanto queríamos.

Pero las piedras esconden un tesoro en su interior. Una enseñanza. Quizás la caída que provocó su presencia fue para evitarnos un dolor más profundo o una decepción a futuro. Quizás, sin su intervención la caída hubiera podido ser mortal.

No debemos olvidar que hay piedras preciosas y que del carbón nacen los diamantes. Quizás, algunas piedras de esas que rechazamos, si tan sólo las puliéramos un poco, lograríamos encontrar una belleza extrema e inimaginable.

Quizás, nosotros seamos piedras en el camino de alguien. Depende de nosotros ser la que provoca el tropiezo o la que esconde un tesoro que solo espera ser descubierto. Ojala seamos diamantes y nunca escollos.

lunes, 6 de febrero de 2017

Un lunes como hoy hace 6 años.

Ese lunes, era un lunes como hoy, gris y lluvioso, frío.  Se que quería llegar a mi casa para tomar algo caliente. Se que bajé la velocidad al llegar a la esquina anterior. Se que llegué a mitad de la cuadra siguiente.

Y no supe más nada. Hubo oscuridad. Como si fuera un sueño profundo. Cosas mezcladas en mi mente. Y una voz. Abrí los ojos y ví el patrullero cortando la avenida. Estaba en el piso, tirada y no entendía que pasaba. Me dolía la cara. Quise moverme y me dijeron que no, que era riesgoso. Me senté y me revisaron la boca, no me faltaba ningún diente. Vi en una esquina una camioneta blanca estacionada. Pregunté si me habían atropellado. Me respondieron que no, que se había quebrado la horquilla de la bicicleta. Pensé en las uvas que llevaba en el canasto. En la carpeta del trabajo.

Llegó la ambulancia y se enojaron porque me había sentado. Tenían miedo de que tuviera algún problema en la columna. Me pusieron el cuello ortopédico. Me hicieron recostar sobre la camilla y me subieron a la ambulancia.

 Alguien había llamado a casa. Le había avisado a mi madre, que fue quien informó a mi trabajo. Esa persona no se dio a conocer nunca. A ese ángel jamás pude darle las gracias.07/02/2011.

martes, 3 de enero de 2017

Gracias, Eliseo.




No fui fanática suya, sin embargo amé El Lado Oscuro del Corazón, porque me sentí identificada con sus dos protagonistas. Fui Oliverio, metida en mi misma, buscando al hombre que me hiciera volar...y en algún momento aprendí que debía abrir mis alas y convertirme yo en la mujer que vuela.

No se si lo logré. Solo se que su cine tenia, seguirá teniendo, una poesía que no se encuentra fácil, y que cuando aparece se disfruta de la misma forma que un encuentro sentimental con esa persona que decide volar a nuestro lado.

Chau, Eliseo, fuiste a buscar historias a otro lugar, quizás a iluminar ese lado del corazón que a todos nos hizo soñar. Gracias. Hasta la próxima vez que vea alguna de tus películas.


¿Cuándo nace un libro?

¿Cuándo nace un libro? ¿Cuando su autor, ante la pagina en blanco escribe sus primeras palabras? ¿Cuando se pone la palabra fin?

¿Es un libro si, por más que se haya finalizado, queda guardado en algún archivo, sin ver la luz? ¿Nace cuando un editor decide publicarlo, cuando el primer ejemplar llega a la vidriera de una librería?

Creo que cada libro nace cuando vos, lector, lo abrís para entrar a su mundo y conocer las múltiples historias que tiene para contarte. Un libro nace cuando lanza su primera palabra ante quien lee, como un llanto de vida. 

Creo que todos los libros nacen miles de veces. Su nacimiento se produce en cada oportunidad que tiene de abrir sus alas y develar los misterios que encierran sus páginas. Y cada vez que vos, lector, cerrás el círculo con tus impresiones, con tu propia interpretación de esas palabras puestas en un orden especial, para contarte una nueva historia.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Novela.

Les dejo fragmentos de la novela que estoy escribiendo, fue un proceso muy largo y muy corto a la vez. Espero pronto poder contarles que ya está editada en un libro. Gracias!







Las temidas.


A ellas les temen. No se les acercan porque su rechazo o su amor puede ser letal. Letal en el sentido de exclusivo, único, exigente. Un amor que no permite caídas, que no perdona desvíos. 

A ellas les temen porque debieron hacerse fuertes, y casi nadie sabe como cuidar a una mujer que sabe protegerse a sí misma. Que tuvo que aprender a nadar entre tiburones, que cada mañana debe salir a enfrentarse con sus miedos, con sus sombras, con sus pecados. Una mujer que cada noche debe redimirse ante sí misma, confesarse frente a su espejo, y perdonarse cada error cometido.

A ellas les temen porque tuvieron que aprender a tomar decisiones, a definir situaciones, a no preguntar ni consultar con nadie que debe hacer, a donde ir ni que comprar. Tuvieron que vencer todos los prejuicios y torcer brazos, cambiar rumbos, modificar rutas por el simple hecho que nadie más estaba ahí para preguntar, para dar su opinión, para compartir la responsabilidad.

A ellas les temen porque se hicieron cargo de sus vidas, porque salieron a la calle con su grito de guerra clavado en las entrañas, porque ellas no podían ni querían darle lo mejor de sus vidas a quien no fuese digno de ellas.

A ellas les temen porque desconocen qué se esconde en lo más profundo de sus corazones, porque ignoran cuales son sus sueños más preciados, porque temen no poder responder a sus exigencias. Ellas, que se mueren por amar, que entregaron incondicionalmente su alma y su cuerpo, que se equivocaron y volvieron a empezar. Ellas, que saben lo que quieren y a donde quieren ir, les dicen las temidas.

Somos el milagro.

Estamos tan acostumbrados a lo que tenemos que pensamos que siempre va a estar ahí, a nuestro servicio. Creemos que todo en la vida es estático y fijo...y no, en la vida todo fluye y de un día para el otro el mundo se nos da vuelta, quitándonos eso que, pensábamos, nos pertenecía por derecho.

Y no, nada nos pertenece, nada es fijo e inmóvil, nada se queda eternamente con nosotros. Ni personas, ni objetos, ni siquiera nuestro propio cuerpo. De repente un día la vida nos sorprende con una lección inesperada, y nos vemos agradeciendo el simple hecho de estar vivos, de respirar, de abrir los ojos, de poder hablar.

Y debemos volver a aprender. A mirar el mundo de una forma nueva y diferente. A que nuestro entorno se modifica y debemos modificanos nosotros mismos. Aunque no queramos. Porque la vida no nos dio otra opción.

Si estas leyendo esto, si pudiste abrir los ojos, es por el inadvertido hecho de inhalar y exhalar oxígeno en nuestros pulmones, algo tan sencillo y milagroso.

Somos un milagro. Somos una maravilla. Y muchas veces no nos damos cuenta.

Te escribo a vos.

Hoy te escribo a vos, porque debo reconocer que has sido más fuerte de lo que pensaba. Porque nunca te dije que, mirando hacia atrás, hiciste cosas que jamás hubiera creído posibles.

Sos una sobreviviente, has renacido en más de una oportunidad, intentaron vencerte, herirte, y a pesar de todo, seguiste soñando. Peleando por tus sueños. Enfrentaste a tus miedos y tuviste que aprender que mirarlos de frente y atravesarlos es la única forma de vivir.

Sufriste como cualquier otra mujer, como tantas otras personas en el mundo, como cualquiera y como nadie. Porque tu dolor fue tuyo y solo vos podías aceptar el proceso de curación, largo y complejo. 

Porque cerrar una herida no es coserla y olvidar. Es curarla desde lo más profundo, sacarle toda la infección, que se reconstruyan los tejidos, reales y emocionales, para que nazca una piel y un alma nuevas.

Te escribo porque te lo debo, porque me enojé mucho con vos cada vez que tropezaste, porque te exigía alcanzar un sueño que no era para vos, porque tenía la urgencia de encontrar algo que todos llaman felicidad, pero no me daba cuenta de que sólo buscaba responder a un mandato. Y la felicidad la tengo todos los días, en mí misma, conmigo.

Te debo este escrito porque cada día aprendo un poco más de mi misma. Te lo debo porque tuve que descubrirte para descubrirme, para abrirme, para pisar fuerte, porque tuve que levantarme cada vez que te caíste para poder seguir adelante.

Si hoy sonrió es porque vos lloraste, si hoy camino es porque vos te caíste, si hoy tengo cicatrices es porque vos tuviste la paciencia de cerrarlas. Si hoy soy feliz es porque vos me mostraste la enseñanza en cada experiencia vivida.

Buscar la felicidad.

Nos pasamos la vida buscando la felicidad y resulta que siempre está ahí, al lado nuestro, en pequeñas cosas que tal vez no disfrutamos porque esperamos algo más grande, algo más importante, creemos que tiene que pasar algo sorprendente para ser felices.

Hasta que un buen día te das cuenta de que "eso" es mucho más sencillo, que ser felices depende de uno mismo, de aprender a disfrutar ahora, este momento, en que vos me lees, en que yo te escribo. Es valorar el clima que nos toca, porque la lluvia y el frío hacen falta para que las flores y los frutos sean más fuertes, más sabrosos. 

Sentir que amamos lo que tenemos, que lo que no nos falta nada más, que somos seres completos y vibrar en sintonía con el universo. Saber que por el simple hecho de estar vivos ya somos felices, y todo lo que venga de ahora en más es sumar a nuestra plenitud. Ser feliz es valorar y valorarse

Testamento y última voluntad.

Yo, Cristina Vañecek, dni Xx.Xxx.xxx, en ¿pleno uso de mis facultades mentales?, soltera, sin herederos reconocidos, dejó escrita mi última voluntad para que se cumpla al pie de la letra:

*Como no tengo herederos reconocidos, pienso deshacerme de todos los bienes que tenga, vivir los últimos días de mi vida "como si fuera el ultimo día de mi vida".

*Irme sin hacer ruido. En silencio, sin que nadie se de cuenta, en medio de las risas, la música, el disfrute.

*Si llegaran a velarme, que sea a cajón cerrado (soy donante de organos y no se como quedaré después de la ablación). En donde van las coronas quiero gigantografias de mis mejores fotos, en mis momentos más plenos, lo que estará en el ataúd no seré yo.

*Pongan música. Festejen. Recuerden mis chistes, mis disparates, si alguna vez hice alguna cosa buena por ustedes, sepan que les agradezco que me hayan dado la oportunidad de ayudarlos o escucharlos, o leerlos...porque en esa oportunidad fueron ustedes los que me ayudaron a mi!

*En lo posible, no quiero ataúd. Y no quiero entierro, quiero que me lleven a alta mar y allí ser arrojada al océano, para retornar al lugar en donde se originó la vida. (Si no queda otra que la cremación...y bue...tiren las cenizas.)

*Eso que ya no tendrá vida, no seré yo, no lo conserven, el cuerpo se corrompe, pero el recuerdo siempre estará vivo.

*Recuérdenme, ustedes serán los únicos testigos de mi existencia. Ustedes y mis hijos escritos, que espero vuelen muy lejos y logren acariciar algún alma, que necesite encontrar en mis palabras contención, consuelo, complicidad, empatía. Ojala logre hacerles reír, emocionarse, pensar.

El alma, el espíritu jamás muere mientras alguien los recuerde. No importa nada mas. Los restos no se alaban, no se adoran, no se les rinde culto. Nada es mas sagrado que la huella que dejamos en la vida de los otros.

Te dicen...

Te dicen "así no vas a enganchar a nadie". Te dicen "tenes demasiadas pretensiones". Te dicen "con esa forma de ser, los tipos salen corriendo, tenes que hacer que no sabes tanto, a ellos no les gusta"...

Te dicen...y te hablan como si la vida de cada persona tuviera que regirse por un padrón específico, una orden a la que hay que obedecer: ponerse de novios, casarse, hacer fiesta, tener hijos, bancarse con una sonrisa situaciones que en otras circunstancias jamás se habrían pasado por alto.

Te dicen que para cumplir con esa norma no tenes que ser vos, que no muestres tu carácter, que finjas que sos otra persona, así "enganchás y te casás". Te dicen que no muestres hasta haber firmado tu carácter para que la víctima no salga huyendo a los brazos de otra persona.

Te dicen que para amar o conseguir amor hay que mentir. Te dicen que hay que engañar a la persona que va a acompañarte toda la vida. Te dicen que mientas para no quedarte sola.

Hasta que un día ti verdadero yo sale a la luz a gritos y esa persona a la que engañaste, con quien fingiste ser otra persona te mira desconociéndote, preguntando que fue lo que te hizo cambiar tanto.

La frustración les gana a ambos. La relación se vuelve corrosiva porque durante mucho tiempo escondiste quien vos eras en realidad. Ninguno de los dos tiene lo que buscó, lo que soñó. Una vez descubierta la mentira, la verdad duele el doble. Uno por sentirse engañado, el otro por haberse mostrado como no era.
El amor debe encontrarte puro, pleno, siendo vos mismo, y si nadie se atreve a amarte, no tengas miedo, la soledad siempre es mejor que la hipocresía!

Qué hago cuando miro al cielo.

Pongo mi mente en blanco y busco sentir los sonidos que el silencio me acerca. El canto del viento entre las hojas de los árboles, el aleteo de las aves, sus llamados.

Huelo profundamente los aromas de la tierra húmeda, de la hierba, las delicias que me regalan las flores, mientras la nada misma (o el todo mismo) me invaden.

Cuando miro al cielo es mi momento de meditación, de parar la pelota y que el mundo se detenga a mi alrededor durante unos instantes. El tiempo necesario para vaciarme de todo, y volverme a llenar, de sacar lo que viene pesando en el alma y la mente y de embeberme de cierta inocencia natural.

Cuando miro al cielo agradezco profundamente estar viva, poder sentir, saber que existo y que seguramente la eternidad se parece mucho a ese momento en que miro al cielo y soy una con el universo.

Gracias.

Y un buen día despertás sintiendo la fragancia de la paz. Que a tu alma llegó la quietud, luego de hacerte muchas preguntas. Hasta que, de a poco, la vida te fue dando algunas respuestas.

Sentís la luz del sol acariciando tu rostro, abrís las ventanas de par en par, respirás profundo y ya nada duele. Y te sorprende que sea así, de repente.

Solo que no fue de repente, fue un proceso, largo, en donde debiste quedarte curando tus heridas, una a una, evitando exponerlas a que alguien las vuelva a abrir. Tuviste que saber esperar, darte un respiro, para tener las fuerzas necesarias y volver a abrir las alas y poder volar!

Y cuando mirás hacia atrás te das cuenta de que todo formaba parte de un plan perfecto, que va más allá de tu comprensión y que vos lograste tu libertad. Que ahora, después de tanto y de todo, tu alma brilla de nuevo y disfrutas de la luz, de la brisa, de la fragancia de las flores.

La vida es una gran maestra, que se encarga de repetirte la lección las veces que sea y de todas las formas posibles, para que aprendas tu lección. Gracias a la vida...que me ha dado tanto...y gracias a la vida por lo que me quitó, porque no debía estar en mi camino.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Mientras tanto...cuídate.



Mientras se hacen marchas por Lucías, por Marías, por Jazmines, por Wandas y por tantos nombres más...cuídate.

Porque mientras se reclama, muchas mujeres siguen desprotegidas al lado de alguien que las maltrata.

Porque más allá de los logros que se obtengan, nunca vas a saber si el tipo que conociste es una buena persona o un loquito, que un día va a atacarte sin que vos entiendas nada.

Mientras tanto, mirá a tu alrededor. Fíjate en gestos, en actitudes. Mientras tanto hacele caso a tu sexto sentido y si te da alguna alerta, abrí más los ojos.

Mientras tanto, cuídate y si vas a salir con alguien, avisale a una amiga, a tu hermana, a tu vieja si tenes la confianza suficiente. Protegete porque las leyes tardan en llegar, porque el patrullero puede estar lejos y vos podes no tener acceso a tu teléfono.

Mientras tanto, pásalo bien, pero se inteligente, dejá huellas, un rastro, que te sepan contenida, cuidada, que piensen dos veces antes de hacerte algo.

Mientras tanto...aprendé defensa personal, técnicas para repeler un ataque, descubrí el poder de tus rodillas, de tus codos, de tus dientes, del mas poderoso grito que salga de tu garganta.

Mientras tanto...alejate del tipo que te bardea, del que te clava el visto, del que te llama cuando se le canta y cuando se le calienta. Huí del que te humilla como broma delante de sus amigos y te trata de amarga u ortiva porque la bromita no te hace gracia.

Mientras tanto, salí corriendo si te levanta la mano, si te lastimó, si te obligó a hacer algo que no te gusta, si sentís que te degrada, que te falta el respeto, si te amenaza.

Mientras tanto, salvate. Porque hay situaciones en las que sólo vos vas a poder defenderte, solo vos vas a poder huir, solo vos vas a tener que rescatarte...porque las leyes, las órdenes de restricción, las marchas de nada van a servir si volvés con el que te agrede, con quien ya te maltrató y te juró que nunca más lo hará, que esa fue la última vez, que vos lo ponés así y sos la culpable de sus reacciones. Ahí no hay ni una menos,ni para que no te pase, ni nada que le impida hacer lo mismo, o hacer algo peor.

Crea un círculo de confianza, contales tus pasos, protegete. Se tú propia guardiana...mientras creamos una generación de hombres menos violentos, más respetuosos. Y esto también va para vos, pibe, porque no estás exento de encontrarte con alguien dispuesto a robarte tus sueños y tu vida.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Septiembre y yo



No es un mes fácil para mi. Durante muchos años, Septiembre fue un mes al que me hubiera gustado borrar del almanaque. Un mes que bien podría saltearse, e ir directamente al mes siguiente, dividiendo esos 30 días equitativamente entre Agosto y Octubre.

Es el mes en que cumplía años mi padre. Y en mi infancia y adolescencia, tras su partida, al llegar este mes, sentía mucho enojo, mucha ira...especialmente el famoso 21, el mismo día en que llega la primavera, mientras todos salían de picnic a celebrar, yo me encerraba enojada porque ese día no quería festejar nada. No entendía qué había que celebrar.

Los años,  la vida, me fueron enseñado que ese enojo me perjudicaba principalmente a mi. Fui trabajándolo,  para no enfermar, para salir de ese encierro en el que me había autoaislado.

Fue un sábado de Septiembre, un sábado en el que particularmente mi pequeña familia estaba junta, riéndonos, con una calma peculiar, que sonó el teléfono para comunicar que él ya no estaba más. Lo que hizo que Septiembre fuera nuevamente un mes en donde muchas cosas del pasado reflotaran, se volvieran a discutir, sentimientos encontrados a los que había que encauzar.

Hablé con su fantasma. Escribí la carta que me mostró cuantos hijos lastimados por padres ausentes existen, me pidieron consejos, me contaron sus historias, muchas veces más dolorosas y tristes que la mía, me enseñaron a correrme de mi misma y mirarme desde otro lugar.

Fue un 21 de septiembre en 2012 que hablé con su espíritu y le propuse como señal de paz y tregua un regalo. Quería cambiarle la onda, que fuera un día para celebrar... El regalo llegó en forma de conocido. Del que quise escapar. Del que me escondí. Pero no podemos huir de lo que está escrito.

Los dos temas musicales que había pensado concederle como gracia mientras buscaba la excusa para espantar lo duraron dos años. Dos años en los que amé, en los que disfruté,  en los que di sin esperar, ni pedir nada.

Otra vez Septiembre hacia de las suyas conmigo. Y aprendí, y me dolió,  y me enojé, y volví a meterme hacia adentro, pero el enojo era conmigo misma, porque no quería meterme para adentro, no quería encerrarme otra vez...quería recuperar a la que había logrado ser.

Otra vez llega Septiembre, y quiero amigarme con este mes y que sepa que ya me gusta, que quiero que llegue el 21 y celebrar la primavera, que no importan los eventos del pasado. Que ya no queda tiempo para enojos, que logré salir del encierro. Que el tiempo cura todo, más cuando aprendemos que nosotros somos los artífices de nuestro destino.

martes, 16 de agosto de 2016

Ondas expansivas.



Algunas personas actúan sin saber que cada hecho tiene una consecuencia. Y que esas consecuencias ocurren en el momento menos pensado. Las ondas expansivas de nuestras vidas alteran todo a nuestro alrededor.

Como cuando se arroja una piedra en un lago, cada círculo de la onda altera un espacio cada vez más lejano del centro en donde comenzó todo. Y los seres humanos muchas veces, cuando menos queremos herir a los que decimos amar, más daño les hacemos. Porque tememos las consecuencias de la verdad, ocultamos nuestros sentimientos, negamos situaciones y callamos lo que necesitamos gritar a los cuatro vientos.

Pero nos quedamos ahí, en silencio,  sin decir ni hacer nada. Como si cada día alguien nos robase algo de la casa que construimos. Un día es una teja del techo, otro día un ladrillo de una pared, otro alguna canilla...hasta que llega un momento en que todo se derrumba sobre nosotros y sobre los que decimos amar.

Y decimos amarlos por costumbre,  por convención, porque tememos a eso nuevo que nos atrae, su misterio nos acerca pero a la vez nos mantenemos a cierta prudencial distancia, para no hundirnos en eso tan desconocido que quizás nos envuelva para siempre y debamos renunciar a todo eso que construimos y, sin darnos cuenta, fuimos perdiendo.

La onda expansiva afecta a todo lo que nos rodea, hagamos o no eso que deseamos. Solo la honestidad evita que lastimemos a esos que decimos amar. Solo la sinceridad con uno mismo es lo que evita que cada día desaparezca algo de nuestro entorno.

domingo, 31 de julio de 2016

Alas.



Alguna vez amé de tal forma que creí que jamás volvería a sentir algo así. Creí que era definitivo, que sería la persona que me acompañaría en este camino hasta la respuesta final.

Tuve la fe de los fanáticos, la ceguera de los necios, la obstinación de quienes deciden no escuchar las señales que nos advierten a los gritos del peligro.

El paso siguiente fue caer a un abismo profundo y doloroso. Del que me costó salir porque la realidad estaba ahí,  al alcance de mi mano y fui yo quien no quiso tenerla en cuenta. Duele más la propia traición que la del otro, lastima más el haberse negado a reconocer los llamados de atención que la falta de sinceridad en la persona que hemos elegido.

Hasta que un buen día nos enamoramos de nosotros mismos. Y decidimos dejar la vida por amor a otro y elegimos quedarnos a vivir nuestra historia de reconstrucción personal. Decidimos amarnos para rescatarnos del abismo y nos creamos alas en el alma para volver a la superficie.

Y volamos, livianos, audaces, simples, sabiendo que la eternidad es este minuto que estamos respirando.

domingo, 24 de julio de 2016

Romper moldes.

"Poco a poco se van rompiendo moldes, estructuras, se va saliendo de la cueva, en donde nos lamimos las heridas, nos curamos el alma, nos recuperamos de todo el torbellino que nos atravesó y volvemos a enfrentarnos al mundo.

Nuevos, liberados, más sabios, más bravos, más maduros, tal vez menos inocentes. Pero dejar el alma en reposo mientras está revuelta, hasta que se calme, hasta que se pueda ver nuevamente a través de ella, hasta que se vuelva transparente otra vez, nos hace puros a nuestros propios ojos.


Atravesar un desierto, cruzando nuestros miedos, nuestros dolores, reconociendo nuestras iras, caminando en medio de las tempestades que se desatan en nuestro interior, nos vuelve mejores hacia nosotros mismos.


La felicidad, ese bien tan deseado, tan anhelado, que nos venden que sólo los obtendremos al lado de otra persona, sólo está en nostros, adentro nuestro, en el fondo de nuestra mirada. Sólo hay que atreverse a mirarse uno mismo en el espejo, confesarse a ese ser que nació con nosotros y nos acompañará hasta el último suspiro, y volver a empezar".