sábado, 1 de diciembre de 2018

Volarás.






Icaro quería volar, su padre, Dédalo, le fabricó dos alas con plumas de aves y las pegó a su espalda con cera, advirtiéndole que no se acercara al Sol, ya que su calor podría ablandar el pegamento y el joven caería al mar. Icaro no hizo caso al aviso de su padre, las alas se despegaron de su cuerpo y murió irremediablemente en las aguas profundas del mar.

Pero vos... naciste con alas, volás en cada giro, en cada paso, en cada gesto de tu cuerpo. Tenés alas en los pies, en las manos y todo tu ser es un ave dispuesta a demostrar que la gravedad no existe. Jugás con las leyes naturales, demostrando que nada es imposible.

Si supieras lo feliz que me hicieron esos pocos minutos que pude verte volar nuevamente    sobre un escenario, que sigas teniendo el mismo don para generar emociones sólo con tus movimientos, si supieras que ya sos tan símbolo como el mate y tan inmortal como el dulce de leche! Tan Buenos Aires como el tango y tan Argentina como la vidala, el chamamé y la zamba!

El ballet sólo fue la excusa, el medio para llegar a tu fin, que la danza clásica, dirigida a las élites fuera vista por todos y que las danzas populares elevarán su fuego para llegar al Colón y mostrar que todo es arte, que mientras se pueda volar, no importa qué música suene.

Vos hiciste magia y volverte a ver bailar, con el mismo don de siempre, es un privilegio que la vida me dio.

¡Gracias, Julio, por existir!

martes, 20 de noviembre de 2018

Sonrisa.




(Foto tomada de la red)

Él lo ilumina todo con sólo un gesto. Tiene en sus manos el movimiento de las aves, suave y aterciopelado, que te hace sentir una brisa fresca en el rostro.

Él sonríe y ya nada más importa.  Sólo la luz que brinda. Y que te hace olvidar que él no sonreía.  Que él era oscuro.  Que él te apagaba.

"Ahora vienes tu de nuevo con un aire de misterio"...y la canción lejana, de la adolescencia, olvidada en un rincón de la memoria asoma como si la estuvieras oyendo directamente en el aire. En algún punto, no podes evitar pensar en el contraste, el juego de las diferencias tiene mucho más que siete.

Él te mira y sus ojos también sonríen, hacen juego con ese aura que lo rodea, que te atrae como una mariposa hacia la luz.

La canción resuena en algún lado nuevamente, sin embargo le hacés tus propios arreglos a la letra. "Ven con tu sonrisa blanca a endulzar lo amarga que 'su' ausencia fue..."

Y sonreís, porque su energía te contagia, te invade y te hace cerrar la puerta a todo lo que pasó hasta ayer.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Zapatos.





 Elegimos una pareja de la misma forma en que elegimos un par de zapatos.

Muchas veces nos compramos sin pensar esos hermosos pares que vemos en la vidriera, que están de última moda, llamativos y relucientes, sin darnos cuenta del daño que nos hacen.

No nos importa, porque tenemos el calzado más bonito, que todos admiran, aunque debamos sufrir las consecuencias. Nos empecinamos en ponérnoslos  aunque nos hagan ampollas, nos lastimen o nos hagan doler.

Compramos esos zapatos más pequeños que nuestro talle, sólo porque nos gustan demasiado, sin pensar que debemos deformar nuestro paso para adaptarnos a ellos, cambiar nuestro andar y sonreír a todos mientras nuestro cuerpo padece los traumas que se van formando, sólo por no querer reconocer que nos hacen daño.

Creemos que con el tiempo se van a amoldar a nuestros pies, y que ese sufrimiento inicial vale la pena, porque hemos logrado tener algo que todos buscan. Esperamos demasiado tiempo a que se estiren y nos queden cómodos, cosa que muchas veces no sucede.

Hasta que un día aprendemos a buscar  un zapato que nos quede bien, que no nos lastime ni nos hagan
 ampollas, que no debamos deformarnos para poder andar con él, que no nos haga sentir mal ni que debamos adaptarnos a algo que nos produce la terrible incomodidad de fingir que estamos bien.

(Gracias Valeria por la foto!).

jueves, 25 de octubre de 2018

Te amé.




Te amé con la furia loca de quien no piensa en riesgos. Sin importar si salía malherida y rota. Sin ver lo que tenía enfrente de mí, luchando en contra de todos los molinos de viento a los que creía gigante.

Te amé, con una fuerza desconocida, con una capacidad ignorada  por mi para ofrecer lo más profundo. Te amé a pesar de todo.

Y te amé con el hambre animal de quien encuentra su refugio, su lugar en el mundo, su paz. Te amé a pura inconsciencia, poseída por un valor que no sabía que tenía.

Te amé hasta que no pude más, yendo más allá de mis propias fuerzas, nadando hacia una tormenta de la que no sabía si iba a salir con vida. Y, aún sabiendo eso, te amé.

Corrí todos los riesgos, porque amarte me daba vida, porque valía la pena, porque tras la batalla me esperaba el refugio de tus brazos...

Pero no te alcanzó, y no podía amarte más, porque sólo quedaba darte mi vida para que supieras cuanto te amaba.

Y decidí abrir la ventana y dejarte en libertad, que volaras a otro cielo en donde encontrases un amor que te colmara.

Porque te amé como no podía amar a otro. Porque te amé como no amaré nunca a nadie. Pero ni podía darte más.

sábado, 20 de octubre de 2018

Cuántas Sheilas más habitan el país?



Niños en riesgo. Los vemos todos los días, a cada rato. No necesitamos irnos a algún país lejano para comprobar que existen. Conviven con nosotros, cruzan la calle al lado nuestro y muchas veces viven en la casa de al lado, sin que los veamos hasta que ya es demasiado tarde.

Leo la indignación por la muerte de Sheila Ayala, una nena de 10 años, cuya desaparición movilizó a unos cuantos, pero las circunstancias de su muerte dolió a todos. Perdón, corrijo, las circunstancias de su asesinato.

Leo también que muchos hoy están enojados con los beneficios que los asesinos de la niña recibían por parte del Estado. Mismos beneficios que daba el gobierno anterior y muchos de esos que hoy descubren que algunos progenitores (padres es otra cosa) se gastan la plata de la AUH en drogas y alcohol, pidiendo a gritos que les quiten esos subsidios, antes trataban de gorilas, fachos, insensibles y varios epítetos más a quienes veíamos que ocurría en los suburbios.

Si, una golondrina no hace verano, pero la falta de controles hizo que cada vez hubieran más "golondrinas". Los organismos correspondientes a la entrega del programa de Asignación universal por hijo cada tanto publican que se extiende o prorroga el tiempo obligatorio en el que se deben presentar los certificados médicos y escolares que permitan la continuidad del plan (http://unamiradacomn.blogspot.com/2017/12/ni-chupi-ni-juego-ni-pucho-ni-falopa.html?m=1).

Cuando alguien, hace algunos años, dijo que los padres se gastaban el dinero en juego y alcohol, medio país saltó a defender a los pobres padres estigmatizados por ser pobres, excluidos sociales de las políticas neoliberales de los 90, cuyo gobernante formaba parte de sus propias filas (faltaba ver al mismo turco gritando eso).

El problema es que nadie controla. Nadie se atreve a pedir que se presente un comprobante que demuestre que ese dinero fue utilizado para adquirir alimentos, ropa, útiles o lo que fuera en beneficio del chico que es el verdadero beneficiario final de ese subsidio.

Es intervencionista. No corresponde. Nadie pide que demuestre en que gasto lo que yo gano. Justamente, yo me lo gano y el subsidio tiene un objetivo que, a las vistas, no se cumple, al menos en un grupo de personas.

¿A nadie de ninguna institución estatal se le ocurre preguntar que pasa con los chicos que dejan de percibir la asignación?  Sacando a los que cumplen 18 años y a los niños que fallecen por distintas causas, hay un cúmulo de pibes en un limbo del cual nadie se percata y por el que nadie pregunta. Chicos que quizás se fugaron de sus hogares, que los padres no están en condiciones psicofísicas de cumplir con los tramites. Chicos que dejan de percibir un derecho porque a los que están atornillados en sus puestos, cobrando mes a mes sus sueldos públicos, no se les prende ninguna lamparita.  Sólo se remiten a decir que 50.000, 100.000 o 200.000 asignaciones dejarán de pagarse y a otra cosa. Durante el gobierno de Cristina Kirchner también  pasaba.

Hoy leo que muchos dicen "basta de Sheilas", sin embargo Sheila Ayala es le punta del iceberg que nadie quiere ver.

sábado, 22 de septiembre de 2018

"Sueño erótico para no dormir"



Abro los ojos. No estás. Una tenue luz viene desde el baño. Me envuelvo con la sabana y camino despacio, para no hacer ruido.

Te veo ahí, de espaldas, desnudo frente al lavabo.  Con las manos apoyadas sobre el mármol. Con la cabeza gacha.

Me acerco. Dudo si decirte algo. Extiendo mi mano y apenas rozo tu piel con una caricia. Te estremeces con un sollozo, mientras sigues mirando hacia abajo.

Me acerco y dejo caer la tela que me cubre. Me estrecho a tu cuerpo con toda la dulzura que pueda haber en mí.

Te rodeo con mis brazos, mientras beso suavemente tu espalda. Acaricio lentamente tu pecho, y siento un suspiro profundo, largo, intenso que exhala toda tu tristeza. Mis manos rozan tu vientre, y bajan al centro de tu ser.

Lloras. Te pones tenso y siento una oleada de enojo hacia tu propio ser que te invade. Esta noche no pudiste. No entiendes que no me importa, que no es grave.

Mis manos vuelan a tus hombros y  recorro tus brazos como si fueran las teclas de un piano, mi boca va sembrando besos suaves en cada una de tus vértebras. Desciendo lentamente marcando un camino hacia el infinito.

Me provoca dar leves mordiscos a tus glúteos, mientras te hago cosquillas desde los talones, subiendo por tus pantorrillas, acariciando tus muslos.

Te giro y miro tu rostro, ahora sonríes, con la firmeza que puede dar liberarse de las presiones. Juego, mientras tu mano acaricia mi cabello.

De pronto te inclinas, me tomas por la cintura y me levantas. Me sientas sobre el frío mármol del lavabo. Mientras Bbesas esas mi cuello mis piernas enhebran tu cuerpo, te aprisionan y, ahora si, nos envuelve la melodía desencadenada de nuestros suspiros.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Víctimas.



No se si soy una mujer fuerte. Se que renací más de una vez, que caí en los pozos más profundos, de los que pensé que no podría salir.

Sin embargo, salí.  Curé las heridas. Me resbalé, volví a intentarlo, me lastimé otra vez y arremetí contra lo que hubiera enfrente, con la tozudez propia de quien no ve el peligro.

Me dolió, y tuve que dejar de pensar en mis heridas para ser fuerte y ganar las batallas contra mis propios miedos, vencerme a mi misma antes que a los demás, para poder ganar en un mundo que no da tregua.

A veces tuve manos que me ayudaron a salir de esa oscuridad. Y a veces, hubo manos que me empujaban hacia el fondo, porque no querían que viera la luz, porque tenían miedo de que les descubriera en sus mentiras y falsedades.

Tuve que tener paciencia, esperar, recuperar fuerzas y sobrevivir como fuera para preservarme. Tuve que endurecerme para que no llegaran a matar lo mejor de mi misma, resguardarme ante el menor indicio de peligro.

Y aprendí que fui más fuerte de lo que pensé, que superé obstáculos que en su momento no creía que pudiera  vencer y que me gané mi propio lugar en el mundo. Que renací cada vez que intentaron matarme. Que sobreviví en cada naufragio, en cada tormenta.  Que pude salir y aprender a mirar el camino para no caer nuevamente en un pozo. Porque no sé si la próxima vez podría  salir como lo había hecho antes.

Lo que si se es que nunca me creí una víctima. Que jamás me adormecí en esa postura, buscando la lástima de los demás. Que nunca me permití que me miraran con ojos de piedad, porque no podía darles el gusto de verme frágil y vulnerable.

Jamás me dejé ver herida, lastimada o rota en mil pedazos.  Jamás permití que vieran ni una sola de las miles de lágrimas que derramé, ni rogué a nadie para que cumpliera mi voluntad. Todos somos libres, aunque eso signifique que no se quede a mi lado quien prometió estar todo el camino.

No se si soy una mujer fuerte. Sólo se que pude seguir adelante.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Corazón.



Entreabrió los ojos y sólo sintió ese aroma propio de los hospitales. Un pitido constante indicaba que estaba viva. Una máquina la proveía del oxígeno que necesitaba para resistir en una lucha en la que no sabía que estaba participando.

No entendía que hacía allí. En ese cuarto blanco, conectada a tantos sensores, cables, sondas. No podía moverse, no tenía fuerzas. Sólo recordaba que había sentido un enorme cansancio. Y un dolor. Como si su pecho se hubiera partido en dos.

Una enfermera anotaba sus signos vitales en una planilla.  Sonrió al ver que había abierto los ojos. Un gesto amable, pero que no le aclaraba nada de su situación.

Un tumulto vino del pasillo. La enfermera fue hasta la puerta, la abrió y otra camilla ingresó a la habitación. La mujer corrió una cortina para que ella no viera que estaba ocurriendo.

Escuchó la palabra "infarto". Sintió los espasmos de la reanimación cardíaca.  Supo de los electroshocks.  Y sintió un nuevo pitido, que señalaba que esa persona que había llegado había sido salvada.

¿Eso le había ocurrido? ¿Había tenido un infarto? ¿Su corazón no había resistido? No podía hacer preguntas. No sentía fuerzas para hablar.

Un médico corrió la cortinilla. Revisaron sus parámetros y se fueron. La dejaron sola con su nueva compañía.

Giró levemente la cabeza. Sentía curiosidad y quería solidarizarse aunque más no sea con la mirada de la situación que ambos estaban viviendo.

De repente esa persona giró la cabeza hacia donde ella estaba. Ambos se miraron. Ninguno de los dos pudo creer coincidir, después de tantos años,  en esa habitación de hospital, a donde sus corazones rotos los habían llevado.

Un pitido ininterrumpido señaló la hora final para los dos. Ahora si, podrían estar juntos para siempre.

sábado, 25 de agosto de 2018

"Justo ahora"




Justo ahora, que después de tanto tiempo te convertiste en una sombra, vuelves a aparecer pidiendo algo con la mirada.

Justo ahora que ya no recuerdo tu aroma, que en aquellas noches perfumaba mi piel, te presentas con las manos en los bolsillos y los hombros hundidos, mirando al piso sin saber qué decir.

Justo ahora, que olvidé todas las cosas que pensaba decirte si volvía  a verte y que el dolor me repetía noche a noche, ahogándome en mi soledad, surges de la nada en mi puerta.

Justo ahora, que tu rostro se me hizo desconocido, apareces para pedirme un no se qué en medio de un murmullo confuso, monosilábico, en frases que no dicen nada en concreto.

Justo ahora, que no se quien eres, que recorrí un camino tan largo que me alejó de tu sombra, de tu espanto, que encontré una mano llena de luz que se extiende ofreciéndome caminar juntos al sol, vuelves para ofrecerme tu caos.

Justo ahora, que ya no me acuerdo de ti, que no consigo encontrar una sonrisa tuya en mi memoria, que mi alma no vibra con tu energía.

 Justo ahora que me fui, vuelves. ¿Para qué

domingo, 12 de agosto de 2018

El paquete.



Está en un rincón, esperando a que otros decidan su destino. No puede moverse si la voluntad ajena así no lo dispone.

No llora, no ríe, no siente. No piensa, ni pide. Está, como algo que molesta, o como un adorno, según con qué lo hayan envuelto.

A veces está vacío, con un papel de color llamativo y cintas que lo destaquen. No tiene nada, sólo ocupa un lugar hasta que otro objeto más hermoso sea destinado a lucirse en ese rincón.

Otras, está lleno de información,de recuerdos, de emociones que alguna vez recorrieron un cuerpo con la fuerza de la vida. Tiene pequeños tesoros que fueron guardados con la ilusión de atrapar un momento del tiempo, un instante que si o si se fugaría, pero que pudo atraparse en esa pequeña memoria que le damos a las cosas.

Los paquetes dependen de que alguien los recuerde, los busque, los abra y les de un sentido. Para luego dejarlos ahí, nuevamente esperando que su dueño los resucite cuando tenga ganas.

viernes, 10 de agosto de 2018

Peras en el Olmo.



Ella quería peras. Él era un olmo. Ella protestaba todos los días por esa falta. Él no sabía qué hacer para darle gusto.

Ella trajo semillas de peras y las sembró en la base de su tronco. Él hizo su máximo esfuerzo por darles vida.  Ella sonreía feliz pensando en que iba a lograr cambiarlo. Él sufría porque sentía que ella no lo aceptaba como era.

Ella se fue un día, enojada, cuando pasó el tiempo y supo que jamás él le daría sus peras. Él lloró al verla partir, triste, porque su compañía le hacía feliz y supo que siempre la iba a extrañar.

Un día, sin que él pensará en volver a verla, ella volvió con una bolsa en las manos. Hacia calor, se sentó apoyando su espalda en el tronco y sacó una jugosa y dulce pera de su bolsa. Él, feliz, sacudió sus ramas para ser más frondoso y la protegió del sol con su sombra.

martes, 7 de agosto de 2018

"Éramos tan flacos".


Éramos tan flacos, tan ingenuos, con sueños y proyectos por delante. Vemos esas fotos viejas, sonrientes, con el futuro entre las manos y creyendo que podíamos comernos el mundo de un bocado.

Éramos tan jóvenes, con las ilusiones intactas, el corazón entero, la piel sin cicatrices. Éramos tercos y obstinados, jugando con el destino que parecía no tener fin.

Éramos tan frescos, recién salidos a la vida, blanditos, dispuestos a todo por cambiar el mundo, por lograr nuestros propósitos.

Y hoy, revisando fotos viejas, nos veo tan distintos  a ellos, que me pregunto si realmente  éramos nosotros esos jóvenes sonrientes, despreocupados, libres.

Y una sonrisa asoma pensando que en cuánto crecimos, cuánto vivimos, en todo los que caminamos para llegar hasta este exacto lugar en el que nos paramos, para mirar hacia atrás, en los miedos a los que les ganamos la batalla, los que nos hicieron caer.

Pienso en las dudas que nos recorrían, las inseguridades que escondíamos en cada prenda de última moda, en los desafíos que nos planteábamos para demostrar a los otros que sí, podíamos hacerlo. Que éramos valientes y audaces. Inconscientes y temerarios.

Pienso en que hoy, que ya no estamos tan flacos, tan sonrientes, tan libres, somos mas fuertes, más seguros, mas sabios. Con las manos cargadas de amores que fueron historias, con lágrimas que trocaron en sonrisas, con el temple que ganamos gracias a la experiencia, a todos los caminos que tuvimos que transitar y al amor que supimos cosechar.

sábado, 4 de agosto de 2018

Ciegos



Tienen los ojos bien abiertos. Se miran, pero no se ven. Se buscan en medio de la multitud y no se encuentran.

Tantean sus cuerpos, se tocan, se huelen, se mezclan en un torbellino de impulsos, que los lleva más allá de lo imaginable. Siguen sin verse, buscando incansablemente lo que no consiguen encontrar.

Se confunden en abrazos, en caricias que experimentan sensaciones anheladas en sus sueños de verano. Se ríen sin saber de qué y se escuchan...pero no se oyen.

Pasan horas hurgando en el otro, socavando los estratos de su pasado, investigando los por qué, los cuándo, los dónde y los cómo, sin preguntar jamás cuál es el límite, hasta qué punto se puede meter el dedo en la llaga que dejaron otros cuerpos, otras historias, uno mismo.

Y la nada hace un hueco enorme, infinito, que explota en medio de ambos,  cuando el perfume pierde su encanto obnubilador, cuando la caricia raspa como el tacto de una espina, cuando todo cae alrededor como la escenografía de un teatro de marionetas.

Al lado ya no queda más que una masa uniforme e imprecisa de un ser del que sólo queremos alejarnos, porque su vacío nos invade de tal forma que hiela hasta la última fibra de nuestro ser.

Y no vemos que ahí, al lado nuestro, esa nada a la que nos aferramos como si fuera la última bocanada de aire fresco, y que ahora hiede en toda su podredumbre, es nuestro espejo.

lunes, 30 de julio de 2018

Esplendor



A veces nos dejamos enceguecer por personas que emanan una luz que se expande, y brilla de tal manera que borra todo a su alrededor.

Nos impide ver qué hay, y vamos caminando a ciegas, tanteando el camino, ignorando si el siguiente paso será sobre seguro o nos conducirá a un precipicio.

Y cuando nos acercamos, cuando podemos ver, notamos que esa flama que nos iluminada era sólo una triste llamita, reflejada en un espejo amplificador.

  Que no tenía nada.  Que ni siquiera quemaba, ni tampoco calentaba un poco el aire a su alrededor. Que simplemente era un fuego fatuo, una puesta en escena, para lograr que nos acerquemos. 

Hay personas que son solamente una imagen que venden, pero que no pueden sostener en el tiempo. Hay personas que son sólo máscaras,llenas  de un enorme vacío.

domingo, 29 de julio de 2018

¿Quién dijo?



¿Quién dijo que la felicidad es lo mismo para todos? Vivimos cumpliendo expectativas ajenas, las principales enlazadas a los momentos más íntimos de nuestras vidas.

Que si tenemos parejas, que cuándo nos casaremos, que si no tenemos hijos pronto luego será más difícil, que si tenemos uno debemos tener otro...Y así siempre alguien diciendo los latiguillos ancestrales de personas que nos quieren bien, pero que desconocen que deseamos...o que nos tiene deparado el destino.

Algunas personas hemos aprendido a esperar, a detener mágicamente el tiempo de nuestros relojes, porque el mundo corre tan vertiginosamente que nos marea. Y la velocidad es embriagadora!! Pero algo interno nos dice que debemos bajarnos de esa vorágine inmediatamente, un click interno nos grita que no, que no es nuestro momento, que nuestro camino es diferente  y debemos saber esperar.

Y tras los amuletos, los rituales, las salidas, las búsquedas eternas en otros cuerpos de aquello que no sabemos bien que es, un día nos damos cuenta. Y nos estalla en la cara como una gran verdad, como una luz enceguecedora pero que nos muestra los que en el fondo siempre supimos, pero las voces de afuera no nos dejaban escuchar.

A veces, el amor, es encontrarse en paz con uno mismo. Es respirar un domingo a la mañana y sentir el equilibrio de estar completos así como estamos, sin depender de nadie. A veces, no seguir los mandatos es el mejor acto de valentía con uno mismo que puede existir.

A veces, la tranquilidad es ese sentimiento que perseguíamos en otra persona y sólo podíamos encontrarla en nuestro interior.

¿Quién dijo que enamorarse de uno mismo era egoísmo? Algunas almas nacimos para volar libres.

domingo, 15 de julio de 2018

La Rosa.




   Hacía muchos años que Adrián había perdido el rastro de Isabel. Nunca había sabido por qué ella decidió dejarlo.  Nunca supo la razón por la que aquella noche, tras cenar en su casa y hacer el amor, ella le dejó una rosa sobre la almohada y se fue mientras el dormía.

  Simplemente desapareció. Aquella noche hicieron el amor de una manera distinta. Ella tenía una sombra en sus ojos, una tristeza particular que no le explicó.  "Cosas de mujeres, sentimetalismo", fue la respuesta que obtuvo cuando le preguntó qué le ocurría.

  Su perfil de las distintas redes sociales había desaparecido. No atendía las llamadas telefónicas. Poco a poco se acostumbró a su ausencia. Conoció a otra mujer, sin misterios, con la que al poco tiempo formó una familia. Sus hijos le hicieron olvidar el dolor que había sentido y era un hombre feliz.

  Encontrarla fue una estampida de sentimientos que no pudo contener. Estaba enojado con ella. ¡La había odiado tanto por no responder sus llamadas! ¡Se había sentido tan sólo! Pero ¿por qué ella estaba en ese sector del hospital?

   De repente notó su aspecto desmejorado, si delgadez extrema, sus manos temblorosas. Su piel ya no tenía aquella lozanía que supo de sus caricias. Sus ojos, grandes, desproporcionados, lo miraron con una mezcla de tristeza y alivio.

-¿Por qué? ¿Por qué te fuiste así?- fue lo único que atinó a preguntarle.

  Ella hizo un gesto mostrando su cuerpo enfermo.

-Por esto. No tenía derecho.

-¿No tenías derecho? ¡Tenías la obligación! Yo tenía derecho a saberlo!

-¿Para qué?- su voz tenía una tranquilidad que lo asombraba.

-Para acompañarte. Para transitar juntos este camino.

  Por primera vez la mirada de Isabel brilló y sonrió con cierta ironía.

-¿Para acompañarme? No, Adrián. No era justo atarte a una mujer enferma que no podía ofrecerte nada. Y no quise tu lástima.

-¿Lástima? ¡Yo te amaba! Desapareciste, te borraste de la faz de la tierra!

-¿Desaparecí? Todos estos años viví en la misma casa.  Sólo apagué unos días el teléfono y salí del mundo virtual. Vos no me buscaste.

- ¿Por qué no volviste a llamarme?

-Porque me olvidaste.

-¿Olvidarte? Ni uno solo de estos años deje de pensar un día en vos.

Isabel respiró profundo. Sonrió. Se acercó a él, le acaricióla mejilla.

-Armaste una familia. Tenes hijos. Saber que sos feliz me dio fuerzas todo este tiempo.

-¿Cómo sabes eso?

-Porque nunca me alejé tanto de vos como para no saber como estabas. Me fui porque mi mayor dolor no eran las molestias de esta enfermedad, sino pensar que iba a ser un peso en tu vida, que decírtelo sería obligarte a vivir un calvario a mi lado.

- No me diste a elegir!!

- Si. Elegiste. Cuando decidiste no buscarme.

  Una enfermera llamó a la mujer. Ella comenzó a caminar hacia el pasillo, sin mirar atrás.

-Mañana voy a venir a verte. Y cada día. Hasta que estés mejor.

  Ella sonrió. Hizo un gesto con una mano en señal de despedida.

   La mañana siguiente Adrián entró entusiasmado a la habitación de donde Isabel había salido. Una enfermera lo cruzó en la entrada.

-¿Y la mujer que está internada en este cuarto?

-¿Es usted familiar?

- Un amigo.

-¿Ella no le dijo?

  Adrián entró al cuarto vacío. Había una rosa sobre la almohada. Adrián la tomó con lágrimas en los ojos.

-Ella me pidió ayer que le comprara esa rosa. Dijo que usted iba a entender. Ella se fue.

https://youtu.be/6UUxVP5gbXs

jueves, 12 de julio de 2018

Apostar.



"Yo se lo que es apostar, jugarse todo dd una vez y verlo que se va como el agua entre los dedos.

Yo se lo que es arriesgarse porque la suerte estaba de mi lado y me había dejado ganar algunas veces.

Comencé apostando poco, un par de monedas, como si no me importara lo que fuera a suceder. La a tiré sin mirar en donde cayeron, como por compromiso, casi por obligación. Y ese par de monedas me dieron una satisfacción pequeña.

Volví a jugar, poco, como quien se arriesga con miedo, sabiendo que nunca un rayo cae dos veces en el mismo lugar. Tímidamente arrojé las mismas monedas para que el azar cumpliera su rol. Y, otra vez, dupliqué los que tenía.

Aposté de nuevo. Esta vez más segura, más firme, decidida a que podía controlar lo que entregaba, jugué un poco más fuerte. Volví a ganar y parecía que, al fin,la buena fortuna se había enamorado de mi.

De pronto noté todo lo que había acumulado. No se si fue codicia, no se si fue capricho, no se si fue certeza, pero tomé todo lo que poseía, lo que llevaba, y me jugué por entero. Aposté hasta mi alma, confiada en que iba a ganar.

Pero no, volví desnuda y descalza, caminando en medio de la noche, con frío y sin comprender qué había ocurrido, ni como me había dejado llevar por la vorágine de ese juego.

Aposté el alma, la piel y mis sueños, para que se fuera todo de repente, así como si cayera a un profundo abismo sin final.  Sola, herida y confundida.

Aposté la vida y perdí todo,  sin haberme guardado nada para mi.  Sin haber tenido el egoísmo de dejarme algo en el bolsillo para resguardarme. Aposté, sin pensar en mi.

martes, 10 de julio de 2018

Precipicio.



Tal vez detrás de esa puerta habrá un nuevo precipicio. Otra vez una nebulosa que no nos permita ver si el próximo paso lo daremos sobre tierra firme o será un salto al vacío.

Tal vez no haya más que una pared que no conduzca a ningún lugar. O quizás nos lleve a ese lugar que tanto esperábamos.

Quizás todo sea cerrar los ojos y lanzarse a la nada, rezando porque está vez no haya golpes, ni se nos rompa el alma, que allá abajo alguien nos espere, con los brazos abiertos.

Quizás sea volver a arriesgarse. A jugarse con los ojos cerrados. A volar.

jueves, 5 de julio de 2018

Azul.


En este momento el amor se me hace que es de color azul, calmo, sensato, paciente. Como una ola de mar que acaricia la playa, sin golpearla, suavemente, mientras la luna besa la espuma que llega a la arena.

Se me hace la huella que una va dejando, mientras camina con los zapatos en la mano, meditando sobre la vida misma. Mirar al océano y regalarle una sonrisa de satisfacción.

Hemos pasado el tiempo de vivir bajo el rojo verdugo de un sol abrasador y ahora nuestra piel necesita un bálsamo, que la haga sentir la paz de estos años en los que observamos a nuestro alrededor con una calma misteriosa.

El azul esconde secretos profundos que de repente vamos descubriendo, porque la vida nos ha enseñado algunas cosas...poco a poco nos vamos poniendo algo más sabios, algo menos necios, quizás más humildes ante la cercanía de nuestro final y mucho menos soberbios que cuando pensábamos que podíamos comernos el mundo de un bocado.

Azul, eterno y abismal. Maduro y pensativo. Reflexivo y vital. Un amor equilibrado que no nos arrastra hacia ninguna parte, que nos acompaña, caminando descalzo por la arena, con los zapatos en la mano y la misma paz en la mirada.

domingo, 1 de julio de 2018

Duermo



Duermo. Tu dedo recorre mi espalda, desde el hombro hasta la cintura. Se detiene allí. Tu mano se abre y se posa en mi piel. Acaricia mi cintura hasta rodearme  por completo.

No duermo, pero finjo que si, para  que me despiertes o a que te acurruques a mi lado. Tu calor me invade y me tapas con la manta de tu cuerpo. Tu boca desliza un suave beso en mi hombro. Retiras un mechón de pelo que te impide llegar hasta mi cuello.

Ya no puedo disimular que duermo. Tus pies se mezclan con los míos, jugando a que son serpientes que se enredan en un paraíso de telas de algodón. Tu brazo me acerca a tu cuerpo, cuyo aroma actúa como una droga que me doblega, sin dejarme pensar en nada. Sólo sentirte como mi refugio, como mi paz, como lo que se siente cuando uno encuentra su lugar en el mundo.

Jugamos. Tu voz me susurra al pido palabras que ya conozco de antes, pero que parecen recién inventadas. Las escucho como si jamás me las hubieran dicho. Como si tuviera la inocencia que perdí en algún recodo del camino, como si me la hubieras devuelto en algún beso que sentí como si fuera el primer beso que me dieron.

Te miro.  Como si nunca te hubiera visto antes. Como si jamás hubiera mirado a alguien. Como si fuera la primera vez. Te miro como se mira a lo más maravilloso del mundo. Como a eso que el destino me marcó para que fuera mi principio y mi punto final. Te miro como si fuera la última vez que pudiera hacerlo.

Despierto. Y no estás. Y tú dedo no recorrió mi espalda y tu voz no me murmuró ninguna palabra al oído, ni tus ojos se quedaron colgados de los míos como tantas veces lo hicieron. Tu aroma no está en el aire y tu lugar de la cama está frío.

Enciendo la luz. Miro la hora. Son las doce de la noche de otro jueves que mi teléfono quedó en modo silencioso. Es otro jueves a la noche que titila la frase "llamada perdida" en mi celular, con un número que no tengo agendado. Otro jueves que borro el mensaje sin contestar.