jueves, 16 de marzo de 2023

Lejos.


 Lejos. Tanto como pueden estarlo dos personas en los extremos más alejados del planeta. Aunque estés del otro lado de la calle.


Lejos. Tanto como las estrellas en las que te busco de la tierra. Aunque estemos mirándolas en el mismo momento.


Lejos. Aunque tu mano este a un centímetro de la mía. No poder tocarte es la distancia más difícil de recorrer.


Lejos. Tu corazón del mío. Tu vida de la mía. Tu alma de mi alma. 


Lejos. Cada día más. Aunque recorra sola el camino hacia tu encuentro, ya no estás en esa esquina en dónde nos separamos.


Lejos. Tanto que quizás si te cruzo no reconozca tu cara. Ni tu aroma. Tanto que si te mire de frente, ni me de cuenta de que eres tú.

Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2023

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jueves, 16 de febrero de 2023

Vampiro emocional.


 


Y un buen día te das cuenta que tenés que agradecer a la vida tantas cosas!! Agradecer que estás viva, que tu corazón ha latido y que no estás seca, que amaste, con toda tu alma, que pusiste toda tu energía, que sí, te desgastaste, porque entregaste lo mejor de vos, sin darte cuenta de que el otro era un vampiro emocional, un ser oscuro, seco, frío, que se victimizaba, culpando a los demás de sus problemas y desgracias!!


Y cuesta recuperar toda esa energía. Porque una mañana descubrís que quien te buscó para que lo apuntales, lo contengas y lo sostengas en sus derrumbes, no está para cuando vos tenés la necesidad de desparramarte, de derrumbarte, de caerte y romperte en mil pedazos. No, esa persona te deja ahi, desarmada y sola. Y el dolor más grande pasa por tener que juntar tus partes, una a una, levantarte de la nada, sin ningún soporte, y guardarte porque no te quedó una gota de toda esa energía que le diste. Porque el vampiro emocional es así. Te saca todo, a cambio de nada.


Ese vampiro emocional sólo busca su propio beneficio. No quiere perder ni a la bolita, y manipula a todo el mundo a su alrededor para que cumplan su sacrosanta voluntad. Y acusa a los demás de sus dolencias, cuando es el único culpable de lo que le pasa. Nada es casualidad, y un buen día, esa energía negativa que posee, esa energía oscura, se vuelve contra sí mismo. Sólo que el pondrá esa cara de pena y preguntará a los cuatro vientos por qué le pasan esas cosas, si él no ha hecho nada malo...


¿No ha hecho nada malo? Mentir, engañar, ensuciar a quienes dicen amarlo, a su propia sangre, usar a sus muertos para beneficio propio, sin buscar el bien común, sin hacer nada para blanquear ese karma, ocasionar daño a seres inocentes, por puro placer, bajo el nombre de un "deporte", esconderse bajo una falsa creencia y hacer alabanzas divinas para luego mentir, embaucar, engañar.


El verdadero arrepentimiento es el cambio de actitud. Y el vampiro emocional no cambia. Porque absorber la energía del otro es la única forma de existencia que conoce.


Y un buen día...la energía se reestablece, el equilibrio comienza a normalizarse, la luz vuelve a brillar...y el camino se abre hacia tu futuro, habiendo aprendido de esta experiencia lo bueno, lo malo, lo alegre, lo triste...y lo mejor de todo, es saber que la honestidad fue la característica que te marcó el camino, que vos elegiste vivirlo, y que vos elegiste dejarlo.

Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2015

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martes, 14 de febrero de 2023

Desde otro tiempo.


 Desde otro tiempo.


Vengo atravesando siglos, buscando un aroma perdido. Una luz que me diga que, otra vez, nos hemos encontrado.


Vengo cruzando historias, sintiendo que estás ahí, pero no puedo verte. Extiendo mi mano hacia donde una energía extraña me indica, pero no hay nada. Quizás sea tu espíritu, que aún no ha podido hacerse carne, que me acompaña y me guía.


Busco tu mirada en cada persona que se me cruza. No sé si vendrás como hijo, como nieto, si te convertirás en mi mejor confidente, en mi cómplice. Solo sé que, una vez cada tantos siglos, somos vos y yo, y que el amor que nos tenemos desde el inicio de la vida explota como un volcán.


Te busco. Y a veces me pierdo, porque enloquezco pensando en que pasaré otra vida más sin vos. Y cuento los días, las semanas, los meses. El tiempo se vuelve cruel y, de repente, te descubro en un joven que camina por la calle abrazado a una chica, riendo, amando, cantando. Siento la chispa cuando paso a tu lado, pero acepto que no es nuestro momento, que nacimos a destiempo, que yo me estoy yendo cuando vos estás comenzando a vivir.


Me siento sola esperando el día. Se apaga el sol y se enciende la luna. Corren las noches y busco la estrella que ambos señalamos aquella primera vez, allá lejos, cuando el mundo era tan distinto y nosotros éramos casi los mismos. Nos dijimos que iba a ser nuestra señal. Que ella nos guiaría cuando nos tocara volver a encontrarnos.


Hoy somos iguales a esos dos seres que se unieron por una cuestión de supervivencia, y que nunca más se separaron, pese a todas las tormentas. Y somos distintos, porque sabemos que algo, más fuerte que nosotros, une nuestras almas. 


Te espero, con las ansias de vidas acumuladas, con los sueños de siglos en las manos, con la magia del encuentro tan esperado en el alma. Con el amor de todas mis vidas en el corazón.

Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2023

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miércoles, 1 de febrero de 2023

Bruja.




 Brujas.


Sí, soy una bruja, porque no permito que nadie traspase los límites de mi libertad.


Soy una bruja porque leo todo lo que cae en mis manos, con una innegable sed de conocimientos y no estoy dispuesta a dejarme llevar por las narices de lo que otros digan.


Soy una bruja porque tuve que aprender a arreglármelas sola, porque no pido permiso para nada, porque soy mi propio soporte.


Soy una bruja porque no bajo la cabeza ante nadie, ni permito que otros me rebajen.


Sí, soy una bruja porque el camino me llevó a conocer la magia de hacerme cargo de mi misma, sin culpar a nadie de mi suerte o destino.


Y soy una bruja porque no cedo ante el maltrato, la humillación, el desprecio y prefiero alejarme mil veces de alguien antes que estar por conveniencia o costumbre.


Soy una bruja porque me elijo a mí misma.


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2023

domingo, 29 de enero de 2023

Ser feliz y dejar vivir.


 Hay gente que dice, con falsa humildad, que el día de su cumpleaños "es un día más, cómo cualquier otro", pero en el fondo se muere por recibir saludos, regalos y obsequios. 


Hay gente que se enoja porque otros suben fotos de sus viajes, de sus festejos, de la comida que disfrutan, del auto que se compraron y de cualquier cosa que muestre, y en algún lugar de su mente solo quiere hacer lo mismo, pero piensa que hacer eso es poco solidario con los que no pueden salir, festejar, comprarse ropa, vehículos o viajar.


Hay gente que de un día para el otro te bloquea, te deja de saludar, te ignora, te crítica y hasta te maltrata, solo porque vos estás haciendo la tuya, sin pedirle permiso a nadie.


Y hay gente que solamente quiere ser feliz, disfrutar con los suyos de los buenos momentos y compartir con los otros su felicidad por haber logrado hacer ese viaje, haber adquirido ese coche, o solo salir a un restaurante y asombrarse con la presentación del plato o del lugar. 


Hay gente que quiere compartir un momento de paz, una meta cumplida, un escalón subido hacia sus sueños. Y, yo creo, que esa gente es generosa. Porque nos muestra lugares a los que tal vez nunca podremos ir. Nos enseña que hay algo más allá de lo que conocemos. 


Son nuestros maestros en el arte de la tolerancia y el aprendizaje. Porque nos enseñan a dominar la envidia, el malhumor, la frustración y, creo también, que no hay nada más lindo en el mundo que ponerse feliz porque a alguien le va bien o llega a realizar sus sueños. Y, doblemente, si ese alguien es un perfecto desconocido.


Sean felices, disfruten de la vida. Suban todas las fotos que les parezcan para mostrar lo que quieran, lo que alcanzaron, lo que pudieron cumplir. No critiquen si ustedes no lo hacen, o no les gusta. Abran la mente y el corazón, porque están compartiendo algo muy íntimo con el mundo. Y, quizás, esa persona no tiene a nadie más para gritar a los cuatro vientos su alegría.


Soy de esas personas absurdas que se pone feliz cuando ve que a los demás les va bien!!!


Imagen propia


© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2023

martes, 24 de enero de 2023

Madurar.


 Hoy somos otros, distintos, lejanos de aquellos que fuimos hace cinco, diez, quince años. 


Hoy pensamos diferente, maduramos, crecimos y hasta hemos aprendido a no pelear batallas ajenas.


No somos los mismos cuando nos miramos en esas fotos, quizás con personas que la vida puso en nuestro camino para que aprendiéramos algo. Con suerte pudimos captar la lección y cambiamos.


Ya no somos esos que fuimos y sostener el personaje rebelde sin causa puede convertirnos en una marioneta patética de nosotros mismos. 


Si nos miramos en el espejo y nos damos cuenta de los cambios, es que crecimos y evolucionamos. 


Imagen tomada de la web 

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2018

sábado, 21 de enero de 2023

Mirando atrás.


 Mirando atrás. 


"Estoy mirando atrás y puedo ver mi vida entera, y se que estoy en paz pues la viví a mi manera."


Hay épocas en nuestra vida que de repente detenemos nuestra marcha y, al mirar hacia atrás, vemos cuánto hemos avanzado. Que cosas dejamos, quienes quedaron en algún recodo, momentos que en su momento vivimos como cruciales y hoy el tiempo los lavó con el manto del olvido.


Es como mirar un álbum de fotografías viejas y vernos de pequeños, con un rostro que tal vez nos cueste reconocer, con otro peinado, o en nuestra naciente adolescencia con una mirada desafiante que quizás hoy ya no tengamos 


Y de repente aparece una foto en particular, que sabíamos que iba surgir, con personajes que en su momento nos movilizaron fuertemente. Esa foto es fiel testigo de las tormentas que atravesamos, los dolores que sufrimos y un hito en nuestro camino.


Sin embargo, al verla ya no tiene esa fuerza que tanto le adjudicamos. Quienes la integran ya no están en nuestras vidas y por algún motivo, supimos que se traicionaron a sí mismos. Que no cumplieron sus propios sueños.


Y ya no sentimos el dolor o la rabia que en algún momento pensamos nos iba a matar. Ya no sentimos nada. Y sonreímos porque estamos eso paz. 


Entonces dejamos de buscar fotos. Cerramos el álbum y volvemos nuestra mirada al sendero que aún nos queda por recorrer.


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2016

jueves, 19 de enero de 2023

Telaraña.



Me enredo. De a poco siento que no puedo avanzar. Algo me detiene, como si se me pegoteara en todo el cuerpo. Si me muevo, me encierra más en eso que desconozco.


Quiero irme, pero no puedo. Tengo miedo, pero a la vez, siento coraje para luchar contra eso que parece una gelatina, que poco a poco me va abarcando por completo, y me inmoviliza.


Lucho con todas mis fuerzas por salir, sin embargo, eso es más fuerte o más hábil que yo. Cansada, me detengo un instante y ahí, veo algo que se me acerca, que me estaba acechando, y yo no me daba cuenta.


Necesito huir, pero algo superior a mí me impide hacerlo. Ya siento el cansancio por el esfuerzo realizado para despegarme de lo que me capturó, y me está volviendo vulnerable.


Siento que me duermo, y me doy cuenta de que caí en una trampa mortal, de que tardé demasiado en advertir las señales, de que lo que tanto me atrajo, ahora me da pánico.


Ya lo distingo. Ya se quien es. Me doy cuenta de que mi último aliento se me escapa en manos de ese ser del que menos hubiera desconfiado. Que entré por mi propia voluntad en esta telaraña mortal y que no supe ni pude escapar a tiempo. 


Imagen tomada de la web


© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2023.

sábado, 14 de enero de 2023

Averno y Paraíso.


"El Paraíso y el Averno son como esas discos exclusivas, que para ingresar te exigen una entrada con código de barras y sello de autenticidad.


 La fila de Averno es mucho más corta que la de Paraíso, ya que hay mucha gente que desea entrar a éste pensando que es buena y no debe hacer nada en particular para lograrlo. 


Además,  hay muchos vendedores de entradas en la reventa, y encima entregan tickets falsos, a personas que estan convencidas de que con eso alcanza para lograr ingresar a Paraíso.


 Y, cuando llegan a la puerta, el personal de seguridad  las escanea con sus ojos, y los manda a Averno de un soplido. Se preguntan qué hicieron, si ellos tenían la entrada...comprada. 


Y la entrada hay que ganarla. También habemos los que estamos en el medio, mirando como van y vienen de un lado al otro, esperando nuestro momento, intentando hacer las cosas lo mejor posible,  sólo viviendo.


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2018






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martes, 10 de enero de 2023

Que ves...


 ¿Qué ves cuando me ves? Aprendimos que la belleza es un canon, una serie de medidas y formas que, si miramos obras de arte históricas,  han ido variando a lo largo del tiempo y cambian según la mirada del artista.


Botero se hizo famoso por sus "gordas" y ante uno de sus cuadros a ninguno se nos ocurriría fijarnos en los rollos, la celulitis,  el color de piel. Nos fijamos en qué nos transmite el cuadro y agradecemos la elegancia de sus formas. 


"Las tres gracias" ha sido uno de los cuadros que más artistas han pintado, sin embargo mi memoria tiene un referente maximo: Rubens. Sus mujeres son normales, modelos de lo que en esa época se consideraba "bello". Si hoy un pintor pidiera tres mujeres para reflejar las "gracias" femeninas, difícilmente sus modelos se parecerían a las que usó Rubens para inspirarse.


Decimos como un karma que la verdadera belleza es interior, sin embargo pocos son los diseñadores que vistes a mujeres "bellas por dentro", haciendo a un lado su aspecto físico. Muchas mujeres que conozco, ante un anuncio solicitando modelo para posar, descartarían la idea inmediatamente, no por considera descabellada, sino porque ellas mismas no se ven "bellas", con esa belleza ideal que la moda o las editoriales han impuesto. 


Nos burlamos de la que se viste mal, de la que usa anteojos, de la que tiene varios kilos de más y quizás nos sorprenderíamos si estas mujeres a las que descalificamos como "feas" tuvieran acceso a los mismo recursos que cualquier top model internacional. Maquillajes, vestimenta, accesorios y algunos buenos consejos sobre cómo caminar y moverse harían milagros con la más tosca de las mujeres.


La belleza está mucho más allá de todo retoque, trapo o lo que fuera que usemos para vernos mejor. Pero vivimos en una sociedad que se deja llevar por los envases sin conocer lo que se estos contienen. 


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2017

domingo, 8 de enero de 2023

Cuentan.



Cuentan que la vida lo engañó. Que un día el amor se le escapó. Y cuentan que no espera nada, nada ya.


Cuentan que un suspiro del viento se transformó en ella y la llevo del tiempo. Cuentan que la espera y que la llama.


Cuentan que él mira hacia el cielo y le pregunta a Dios por qué se la llevó, si en su vientre crecía un sueño, por qué se la robó.


Y cuentan que un día de verano, le llevó una flor y le dijo "te amo". Cuentan que nunca nadie más lo vio.

Cuentan que con ella se marchó.


Imagen tomada de la web.


© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2023/circa 1990

jueves, 5 de enero de 2023

Vorágine.


 


Todos los días nos sumergimos en una vorágine, en la que no nos damos cuenta que estamos. Nos levantamos sobre la hora, apenas tomamos algo y salimos disparados al trabajo/escuela. Corremos para no perder el colectivo, ni llegar tarde, cosa que irremediablemente sucede. De arrebato, engullimos un café recalentado y alguna medialuna que nos termina cayendo pesada, para meternos en nuestras tareas cotidianas.


Nos exigen que seamos los mejores, los más audaces. Nos ponen objetivos inalcanzables y nos dicen que somos mediocres por no llegar, cuando dejamos el alma en la tarea diaria. Nuestras explicaciones son excusas, porque lo que se buscan son resultados. Nos venden que tenemos que tomarnos cinco minutos, pero para demostrar que somos unos "winners", esos cinco minutos son una pérdida irremediable de tiempo...y el tiempo es oro.


Nuestros hijos tienen doble escolaridad. Saben computación, inglés, taekwondo, rugby y hockey. Van a la escuelita de fútbol, a danzas árabes, a la clase de regaeton. A los diez años ya nos dicen que no nos metamos en sus vidas y eligen desde el menú hasta las vacaciones familiares. Las nenas sueñan con ser la artista/cantante/modelo de turno, porque eso es lo que genera plata, y tienen que ser flacas. Los nenes sueñan con ser el crack de fútbol/tenis/basquet porque eso es lo que genera plata y tienen que entrenar.


Cuando llegamos a nuestras casas nadie casi coincide. El padre se quedó haciendo horas extras para poder pagar las zapatillas, el viaje de egresados, lo que se haga para los 15 años. La madre sale corriendo y hace las compras a las apuradas. Los chicos entran y salen y tal vez comen en la casa de algún amigo.


Cuando se juntan, el padre mira la tele, mientras la madre cocina, mientras el hijo juega en la play,  mientras la hija envía mensajes  por el celular. Y los domingos, los chicos vuelven a su casa de madrugada, porque salieron del boliche "fisurados", y para no molestarlos, los dejan dormir. El padre mira el fútbol, la madre prepara un trabajo en la computadora. A la hora de la cena, apenas hablan, porque los chicos tienen dolor de cabeza y apenas pueden articular palabra.


Los abuelos viven lejos. Bah, no tanto, pero a ellos les gusta charlar y tienen otros tiempos, menos acelerados. La semana que viene se los visitará. Y la semana que viene, se postergará para la que viene, y así sucesivamente, hasta que sea tarde.


Como dijo alguien, nos perdemos el paisaje. No vemos lo que nos rodea, no nos detenemos a pensar que mañana la vida se nos puede dar vuelta y no dimos un último beso a la persona que más amamos. La vorágine nos devora y, lo peor, que cuando nos escupe, nos damos cuenta de que estamos solos y vacíos. Y de que nos perdimos de lo más importante: la vida.


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2019

lunes, 2 de enero de 2023

Esperando la carroza 3.0




(Hecho verídico, ocurrido hace algunos años)


Yo sé que en el fondo es trágico...y que una familia perdió a un ser querido. Pero con mi hermano no me queda otra que sentirme así.


Desde el 31 que supimos sobre la muerte del compañero de trabajo, estuve intentando que averiguara dónde lo velaban, a qué hora, para al menos ir a saludar a la viuda, que sienta un abrazo solidario y acompañar a la familia un rato en ese momento tan desolador.


Segun mi hermano, hasta que el fiscal no firmara los papeles, no se entregaba el cuerpo a la familia para que pudieran velarlo. Y eso no teníamos la menor idea sobre cuándo ocurriría, ya que tanto el 31 de diciembre por la tarde como el Primero de enero eran feriados, más allá de que hubiera alguna guardia o turno.


Ayer por la mañana, día 2, Marcelo sólo sabía que lo velaban en la ÚNICA (recuerden ese dato... ÚNICA) sala funeraria que existe en la localidad de Batán. Durante todo el día le preguntamos si había averiguado algo, a lo que él respondía que su supervisor no le había aún no le había informado nada.


00.59 de la madrugada, ya del día 3, suena un mensaje de texto. Imaginen que en mitad de la noche y profundamente dormida, tiene el mismo efecto que diez bombas atómicas, más un par de terremotos y hasta algún que otro huracán. Era de mi hermano que decía "el cuerpo de X fue trasladado a las 19 a la sala velatoria"...Ajá, sólo eso y nada más. 


Con el sueño interrumpido y sin ninguna otra información ni pedido de parte de  mi hermano, intenté seguir durmiendo, sin lograrlo...tenía frio, tenía calor, se me acalambraba un brazo, sentía hormigueos en el otro, me tapaba, me destabapa.


Así, durmiendo mal, sonó el despertador a las seis de la mañana para ir a trabajar. Mientras tomaba unos mates con  mamá, aparece mi hermano y apoyando ambos brazos sobre el respaldar de la silla y mucha cara de compungido me pregunta...no,  en realidad no me pregunta ...me dice "me llevás?". Lo miré con cara ¿de qué me estás hablando? y le dije "yo voy para el lado de Constitución y querés que te lleve a Batán, cuando ni siquiera sabés si la sala está abierta?" (recuerden que algunas salas cierran unas horas en la noche, y reabren la capilla ardiente por la mañana)..."Yo tengo que ir a trabajar!"


(A todo esto, a una cuadra de mi casa, pasa el colectivo que va hacia Batán)


Puso cara de esa parte del organismo a donde no da el sol...a menos que vayan a una playa nudista, y se fue refunfuñando contra esta hermana poco solidaria... A todo esto, la esposa de un conocido del chico a quien tenía de contacto en redes sociales, me había pedido que le informara sobre el lugar y horario del sepelio para ir a consolar al a familia...Información que fue cambiando en el transcurso de la mañana.


A eso de las 9 le pregunté a Marcelo si sabía algo o había ido y su respuesta fue "como querés que vaya si no tengo la dirección"...¿Recuerdan que más arriba les pedí que tuvieran en cuenta que en Batán hay UNA SOLA SALA VELATORIA, por cuya puerta pasa el UNICO COLECTIVO QUE VA HACIA ESA LOCALIDAD, y que pasa A UNA CUADRA DE MI CASA? Bien...al señor no se le ocurrió caminar esa cuadra, pedirle al chofer que le avisara en la sala velatoria, y saludar a la familia de SU compañero de trabajo por el que estuvo con cara de catástrofe dos días!! Y encima casi que la culpable de eso terminé siendo yo!!!


En fin...como a las 11 me envío un mensaje diciéndome que el velatorio comenzaría a partir de las 12 horas y que duraría todo el día, dando a entender que recién lo llevarían al cementerio mañana domingo. Así se lo comuniqué a la mujer del otro compañero.


Cuando llegué a casa, y hablando con mi madre,  me pidió de ir, ya que él no logro hacerlo y saludar a esa pobre mujer (que en realidad es la única víctima de todo esto). Pedí descansar un poco, y luego de una hora nos dirigimos hacia el velatorio.


Al llegar a Batán...te topás con la UNICA sala funeraria de esa localidad. Entramos...y no vimos a nadie...las dos capillas ardientes (afortunadamente para nosotras y para cualquiera) estaban vacías...sólo volaban unas moscas y ni muertos había. Salimos para consultar en la oficina, golpee la puerta y nadie respondió. Llegó una traffic blanca de la que bajó un hombre y al acercarse nos dijo "ahí viene Juan". Lo miré con cara de ¿y quién corno es Juan?...imaginando que algo tenía que ver con la sala mortuoria...


El tal Juan bajó de su coche, se acercó a nosotras y le consulté sobre el funeral y me respondió "ah...pero a ese chico ya lo llevamos al cementerio a las 12 del mediodía"...


Me imaginé la situación de haber habido un velatorio, saludando a un montón de gente que no conocía (porque en realidad no conocemos a nadie) hablando sobre "pobrecito el muerto", "que tragedia, que tragedia" y recordé el episodio cuando en Esperando la Carroza descubren que estaban velando a la muerta equivocada!


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2016-2023

sábado, 31 de diciembre de 2022

2022-2023


 Cuando vemos nuestros recuerdos,  ya sea en fotos viejas o en las redes, nos damos cuenta de las cosas que hemos hecho, de los imposibles que hemos superado, de cuánto camino hemos recorrido.


El último día del año acostumbramos a hacer ese balance, a reírnos de nosotros mismos, porque mientras caminamos no podemos mirar hacia atrás. 


A lo largo del tiempo he armado un placard,  dos mesas de luz, he pintado un auto a rodillo, armé una hidrolavadora, tejí remeras, gorros y puloveres,  pinté mandalas, tuve una motito,  un auto que se caia a pedazos,  otro auto con el que aprendí que las peores cosas te pueden pasar en el momento y lugar mas inoportuno. Use una bicimoto, me accidenté, nací de nuevo, bajé cambios, aprendí que tenia mucho que modificar, llegó mi primer auto nuevo, conocí a quien me haría dar un vuelco en mi vida. 


Escribí,  escribí mucho, reclamé, tuve mi segundo auto nuevo, volví a tropezar con la misma piedra y volví a caer en un abismo profundo. Seguí escribiendo,  tejiendo, y armando cosas. Volví a la superficie y aspiré profundo todo el aire que le faltaban a mis pulmones. Solté lastres, reí,  lloré y lo intenté otra vez.


Descubrí que heredé la terquedad de mi madre cuando quiere hacer algo y no hay Cristo que la detenga. Que, para cosas diferentes,  somos iguales. Y que, a la larga, la felicidad es sentarme con ella a tomar mate en cualquier lugar del mundo.


Me cambié nuevamente el auto, tuve transformaciones y seguí escribiendo. Canté a los gritos en el coche, me reí, lloré, pensé que todo estaba perdido y supe recuperarme. Tuve cáncer y sobreviví a una pandemia. Me quebré el codo, perdí amigas, gané otras, y quise aprender cosas nuevas. Me volví a caer, literalmente, me esguincé y se me acomodaron los huesos y las ideas. 


Tuve miedo, lo escondí con coraje e hice lo que había que hacer, sonriendo y tratando de saber que la vida es así. Me derrumbé, pero sin el permiso de demostrarlo. Poco a poco voy acomodando todo, cómo en un eterno rompecabezas, al que alguien desarma justo en el instante en que voy a ponerle la última pieza.


Aprendí que a mi ángel de la guarda nunca le hice las cosas fáciles y que debe ser una especie de Terminator, siempre rescatándome de los peligros y atento a mis imprudencias. Que puedo ser la Mujer Maravilla sin dar vueltas y que la intuición es el mejor lazo de la verdad que poseo. 


Que soy como todos y que soy como nadie. Que me costó mucho hacer mi propio camino y hoy, que miro hacia atrás,  puedo reirme entre amargo y amargo, sorprendiéndome de mi misma.


Que alrededor mío hay mucha gente maravillosa, que soportó mis disparates, que se enganchó en mis aventuras o que me ancló en la realidad. Que fueron barco, remo y puerto, llevándome a un sueño, acompañándome en una locura o esperando mi regreso para recuperarme. 


No se si se puede pedir algo más que estar vivos. 


¡¡Feliz sábado!! ¡¡¡¡Feliz 2023!!! ¡¡¡Que sus sueños se cumplan!!!imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2016-actualizado 2022

jueves, 29 de diciembre de 2022

Todas las canciones.




Estás ahí. Aunque no quiera, no puedo evitarlo. Enciendo la radio y suenan las canciones que te dediqué. Las que sonaban en mí mente cada vez que te miraba.


Intenté no escucharlas por un tiempo. Alejarme de todo lo que me llevara tus recuerdos. Quise romper mis memorias y ver todos tus defectos. 


Te borré de todos lados. Mis agendas ya no tienen rastros tuyos. Nada me recuerda eso que algún día fuimos. Nada queda de lo que una vez nos unió.


Pero, de repente, suena aquella canción que quedaba perfecta para cuando me hacías ese café después del amor. O la otra, que me venía a la mente cuando te veía dormir, tranquilo, a mi lado, y yo contaba tu respiración, esperando a que despiertes.


De pronto, cientos de canciones cuentan nuestra historia, sin saberlo. Y no puedo evitar que regreses a mi memoria. A que mi piel te extrañe. A que tú perfume me envuelva y me atrape en una espiral de la que huí por tanto tiempo.


Por más que haya roto tus fotos. Aunque nunca más huela el aroma de tu piel y jamás tus ojos se crucen con los míos.  Aunque nunca vuelva a sentir el calor de tus manos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Estás ahí, a la vuelta de cualquier melodía que me lleve a esos pequeños momentos compartidos, a esos instantes en que solo éramos nosotros ante el universo, a ese lugar en dónde la felicidad se quedaba enredada en el alma y nada parecía imposible.


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

domingo, 25 de diciembre de 2022

Recolectando momentos.


 


Estoy recolectando momentos, recuerdos para un futuro que no es tan lejano. Quiero guardar en mi alma la mayor cantidad de minutos junto a quien amo, para poder revivirlos más adelante.


Quiero abrazar durante horas, para tatuarme en mi piel su piel, para envolverme en su aroma cuando la tristeza quiera dominarme, cuando la soledad me invada con su crueldad.


Quiero acumular momentos, darle todos los besos que no voy a poder cuando ya no esté, decirle todos los te quiero que se me van a quedar atragantados.


Quiero compensar las ausencias que la hicieron sentirse sola, quiero cubrir el amor que no tuvo y bajarle la Luna que nadie le supo bajar. 


Quiero recolectar cada momento a su lado, para tenerla en mi alma cuando su ausencia me haga dudar de todo y me dé fuerzas para seguir adelante. 


Quiero todas las fotos, todos los aromas, todos los recuerdos, para acurrucarme en los instantes más oscuros y sentir su luz cobijándome. 


Imagen tomada de la web

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

viernes, 2 de diciembre de 2022

Hotel California.



Ella llegó al café con pasó apresurado. Quería tomar algo rápido y quitarse las malas energías que le había dejado la charla con su jefe. Más horas de trabajo por la misma paga.


Buscó una mesa vacía, le señaló a un camarero que le llevará un café  negro y fue a sentarse sola. Necesitaba estar en paz por unos minutos. 


"Si café, señorita". La voz la hizo salir de su ensimismamiento. Habitualmente, el mozo dejaba la taza, junto a un pequeño vaso de agua y el ticket, y se retiraba sin decir palabra. Pero ahora se había quedado ahí, con la taza en la bandeja. Levantó la vista y se sorprendió al ver a otro hombre.


"¿Sos nuevo?", le preguntó mientras lo miraba. "No, solo que hasta ahora no nos habíamos cruzado". Él tenía acento español. Y unos ojos verdes que brillaban como esmeraldas. Y una sonrisa... Pero que sonrisa! ¿Cómo era posible que siendo una asistente regular de ese sitio, nunca lo hubiera visto?


El camarero aún estaba de pie, junto a la mesa, con la taza de café negro humeante en la bandeja. Ella notó de repente que habían dos tazas.  El hombre sirvió una y, sin ningún reparo, colocó la otra sobre la mesa y dijo "¿Le molesta si me siento?".


Asombrada, ella hizo que no con la cabeza. Él comenzó a hablarle, a hacerla reír. La bebida de las tazas parecía interminable. Las horas pasaban y ella no se daba cuenta. Ese hombre había hecho desaparecer todo lo que había a su alrededor.


De repente, él la miró fijo. Le tomó la mano, la hizo levantarse de la silla y la acercó a su cuerpo. Una musiquilla comenzó a salir de algún lugar y bailaron juntos hasta que un beso interminable los unió.


Ella, en un remolino de sensaciones, no supo cómo llegó a la habitación de ese hotel, cómo su cuerpo se enredó con el de aquél desconocida, de qué forma sus manos volaron como palomas por el cielo de su piel.


Al abrir los ojos, el camarero de siempre le dejó su taza de café negro sobre la mesa, con el vasito de agua y el comprobante de pago. Lo miro sorprendida, como si nunca lo hubiera visto y ese hombre le hizo un gesto con las cejas, cómo diciendo si quería algo más.


De pronto, en el televisor que funcionaba sin que nadie le prestará mucha atención, apareció una imagen del otro, del que la había raptado a un lugar soñado. Mientas de fondo sonaba un tema llamado "Bella desconocida", la voz de una periodista informaba que ese día era el décimo séptimo  aniversario de la muerte de aquél cantante español, al que ella había amado apasionadamente hacia apenas dos minutos. 


Inspirado en el tema "Hotel California".

Imagen tomada de la web.


©Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Mirar hacia atrás.


 "De vez en cuando, mirar hacia atrás sirve para darnos cuenta de lo que hemos vivido. De los dolores que hemos enfrentado, de las tormentas atravesadas, de los pequeños triunfos obtenidos, las alegrías compartidas y los sueños que aún nos quedan por lograr.


Pero mirar hacia atrás, sobre todo, nos da la dimensión que nuestra vida ha logrado, a cuantas personas alcanzamos, los corazónes que tocamos, las heridas que causamos y el amor que dimos y nos dieron.


Mirar hacia atrás nos hace dar cuenta de quiénes fuirmos y quienes somos, cuánto nos transformamos en cada batalla ganada o perdida, las oportunidades que tuvimos de volvernos monstruos a causa del dolor y las veces en que supimos elevarnos del mismo, para no lastimar a nadie.


Nos sirve para saber que hemos sanado el alma de tantas puñaladas mortales recibidas y darnos cuenta de que ya no portamos ningún arma para herir a nadie. Que renunciamos a imponer nuestro enojo, para dejar fluir el tiempo y olvidar el mal hecho y el recibido.


Pero sobre todo mirar  hacia tras nos sirve para darnos cuenta de cuánto camino nos queda aún por recorrer, con la ventaja de haber aprendido a través del dolor, de la risa, de la felicidad, de la traición, de la lealtad, del rencor y del amor. Y que nuestros pasos serán más firmes, porque en este momento,  parados en este  lugar del camino, ya no somos ese ser que dejamos atrás y aún no somos esa persona que nos espera más adelante".


Imagen tomada de la web 

© Cristina Vañecek-Derechos Reservados 2020

martes, 22 de noviembre de 2022

Aprendí.


 


Tuve las alas rotas y el alma entre sombras. Me sentí triste, herida, sola. Viuda de mi propia soledad.  El mundo se me hizo pedazos y me derrumbé, cómo cera al sol.


Tuve el corazón apagado, la mirada oscura, la voz en silencio. La piel seca, las manos frías y los pies sin rumbo. Me quedé en medio de la nada, y no veía el horizonte por ningún lugar.


Me metí hacia adentro, se le soltaron los demonios y me carcomieron por dentro todos los sueños.  Tuve miedo de volverme oscura, de que la sangre no corriera mas por mis venas, de que la vida se quedará gris.


Y el tiempo, los días, las horas, hicieron su proceso. Poco a poco recuperé la voz, el brillo en los ojos. El corazón, despacito, sin que me fuera cuenta, volvió a latir.


Lloré. Lloré por esa que fuí. Lloré por la que quedó en el camino, con los sueños rotos y la vida a medias. Lloré cuando la dejé ahí, cuando me quité su piel y caminé una nueva huella. Le dije adiós a esa que amó tanto y le pedí que no me hiciera mirar atrás.


Aprendí a respirar de nuevo. A que la luz del sol no me lastimara. A no rezarle a la luna. Aprendí a esquivar las piedras, a saltar los pozos y a descansar en algún recodo del camino.


Y abrí los brazos al viento. A la paz. A saberme dueña de mi destino. Y abrí el alma a la posibilidad de volver a amar, a sentir, a soñar.


Imagen propia.


©Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2022

martes, 8 de noviembre de 2022

Yiya.


 


Todo era perfecto. La mesa estaba servida de modo impecable, con delicias imposibles de resistir. Nadie pensaría que escondían un gran secreto, algo que solo ella sabría.


Tocaron el timbre. Su primera invitada había llegado algo más temprano. No importaba. Las reglas de la cortesía le impedirían probar algo antes de que lleguasen las demás.


Se dieron dos besos, uno en cada mejilla, sin tocarse, como si toda la vida hubieran practicado esa manera de saludarse.


Fueron caminando tomadas del brazo hasta el salón, mientras se comentaban chismes sobre sus familias. La invitada la miraba de una manera muy particular, como si escondiera algo, como si tuviera un secreto guardado. Intento sacarle de mentira a verdad, pero la otra solo decía que eran imaginaciones suyas.


Alabó la mesa, la preciosa porcelana española, heredada de su madre, la maravillosa disposición de todo lo que se lucía apetitosamente sobre el fino mantel bordado, con las servilletas haciendo juego. A la anfitriona se le infló el pecho de orgullo, sabiendo que nadie podría superarla recibiendo visitas.


Un nuevo timbrazo las distrajo. Dejó sola a su invitada en la sala y fue hasta la puerta, mientras pensaba en cuánto demoraría en producir el efecto esperado el secreto que guardaban aquellas masas.


Recibió a la nueva visita con la misma cordialidad, los mismos dos besos si tocar la piel y hablando de los mismos temas mientras caminaban hacia el saloncito. La primera ya se había ubicado en una silla, se levantó, repitió el ritual con la nueva invitada y todas hablaban y reían como si nada más importase.


De un vistazo notó que algo había cambiado. No pudo darse cuenta qué era, porque no quería alertar a las otras de su incipiente nerviosismo. Pero su mirada iba de sus invitadas a la mesa, esperando percibir aquéllo que había cambiado.


La primera en llegar sonreía como si se hubiera ganado la lotería. Se la notaba feliz, casi a punto de explotar.


-Traje unas masas para acompañar el té- dijo la segunda invitada.


-No hacía falta, yo preparé todo para que no se molesten- dijo ella, intentando pensar rápidamente qué era lo que había cambiado.


Se sentaron a la mesa y comenzó a servir el té.  Miró cómo sus invitadas se servían las delicias que había preparado. Solo esperaba el desenlace, para saber que había triunfado.


Se llevó la taza a los labios y sorbió lentamente, como si estuviese bebiendo una copa de champán. No podía esperar más a que las otras comenzaran para ver que el veneno hiciera su efecto.


De repente, sintió un fuego en el estómago, que le subía por la garganta y le impedía respirar. La fina taza de porcelana española cayó de sus manos, mientras agitaba los brazos y abría la boca, intentando que el aire ingresará a sus pulmones. Las dos mujeres la miraban caer, retorcerse en el suelo, mientras ella gemía intentando respirar.


Poco a poco sus ojos se nublaron, no veía nada a su alrededor y, un segundo antes de morir, recordó que la tetera no había estado sobre la coqueta carpeta tejida a crochet, a un costado del servicio, como la había dejado ella antes de ir a recibir a su segunda huésped, sino que alguien la había puesto en el centro de la mesa, sobre una de las servilletas.  Sus masas, envenenadas, aún estaban sobre el plato, como burlándose de ella.


Imagen tomada de la web.

© Cristina Vañecek-Derechos Reservados 2020