miércoles, 27 de febrero de 2019

Nada.




Nada. Simplemente le quedaron las manos vacías.  Todo lo que había tenido, se borró tras la puerta que se cerró cuando él le dio la espalda.

Sola. Sin nada que la dejara comprender por qué así, de repente, todo había terminado. Con un silencio frío como el hielo envolviéndola en las sombras.

No supo darse cuenta cuándo él comenzó a alejarse. Ni por qué así, sin explicaciones, tomó sus cosas y se marchó, apagando su mundo.

Le había dado todo. Todo lo que una mujer podía darle a un hombre.  Pintaba arcoíris en el techo con tal de provocarle una sonrisa. Cocinaba todas  las fantasías por tal de verlo feliz. Se hubiera convertido en genio de una lámpara maravillosa, solo para cumplirle cada deseo.
Se deshizo de todo lo que tenía para complacerlo.

Sin embargo, no alcanzó.  No fue suficiente.  No supo qué mas hacer para demostrarle todo el amor que sentía.

Ella nunca pidió nada a cambio. Sólo un abrazo, una sonrisa y verle una luz en la mirada. Ella únicamente dio.

Su partida le provocó el mayor de los dolores, ese que atraviesa el corazón y lo rompe de una sola vez. La dejó sin luz, sin fuerza, sin energía para tan siquiera dar un paso hacia ningún lugar. La dejó  sin decir palabras, llena de preguntas y con la duda eterna de por qué no le alcanzó todo el amor que le ofreció.

lunes, 18 de febrero de 2019

Los amantes.




No supieron en qué momento ocurrió.  Pero desde ese día, sus vidas cambiaron para siempre. Contar las horas para verse, perderse hasta la locura recorriendo sus cuerpos, porque ninguno sabia si habría "próxima vez".

Volver a sus vidas, sabiendo que nunca podrían dejarla, pero que tampoco podrían dejarse,  porque eran, uno para el otro, como el oxígeno que necesitaban para respirar.

Sentían culpa porque nada en sus mundos  era tan malo como para romper los vínculos.  No se atrevían a decir "ya no te quiero" porque tampoco era verdad. Pero era un cariño ligado a la costumbre, que había llegado a una meseta, que tenía días y horarios, obligaciones y rutinas.

Ellos eran lo nuevo. La oportunidad que perdieron cuando, años atrás,  asumieron compromisos impensados, fuera del plan de vida que  habían hecho, en donde la culpa, si, otra vez la maldita culpa, no podía decirle al otro a los gritos que no querían,  que eso no era lo que habían pensado, que un descuido les torció el rumbo y las responsabilidades hicieron que dejaran sus sueños a un lado.

No lo planearon, no lo buscaron, pero no podían evitarlo, sus cuerpos se pedían a gritos mutuamente. Sus besos, sus caricias, sus deseos eran algo tan inevitable como la vida...y tan fatales como el destino.

Nunca se plantearon las razones, les pasó lo que les pasa a los que tienen que encontrarse, para saber lo que se siente incendiarse por dentro y que una sola persona sea capaz de provocar la lluvia necesaria para apagar ese fuego arrasador.

Despertaron de un letargo inmenso y ya nunca más podrían volver a dormirse. Aunque en el camino destruyeran todo lo quw hubiera a su paso, el riesgo de perderse era peor que el de no haberse encontrado nunca.

Eran un volcán en plena erupción, que ya no puede retroceder;eran la consecuencia inevitable de cada sueño postergado, que un día sale a la luz. Eran su última oportunidad, antes de morir.

domingo, 17 de febrero de 2019

Viaje.



Primero fue tu mano la que me guió por un sendero desconocido. Luego fue tu voz, llegando a zonas ignoradas de mi ser. Tu aroma vino después, que despertó algo profundo y dormido dentro de mí. 

Tu sonrisa me invitó a pasear por las nubes y fue tu abrazo el que me hizo descubrir que el cielo podía tocarse con las manos.

Y fue tu beso el que me hizo viajar al infinito, olvidando todo lo que había dejado atrás.

jueves, 7 de febrero de 2019

La estrategia de la Mona Lisa.





  Durante siglos, la sonrisa de la protagonista  uno de los cuadros más famosos de Leonardo Da Vinci fue considerada como un enigma.

Si estaba triste, si sonreía, o si acaso reflejaba un melancólico amor hacia el pintor, tal vez no correspondido.

Las conjeturas sobre la expresión de esa mujer, ha generado debates, estudios, análisis, interminables charlas entre expertos, que casi nunca llevan a nada.

Sin embargo, cuenta la historia, que el cuadro fue pintado una y otra vez, roto en mil pedazos y vuelto a realizar. No por la inconformidad del gran Leonardo, que ante cada obra terminada, sentía que había logrado su gran obra.

Si no que a ella, a Mona Lisa, le molestaba grandemente el efecto que hacía más prominente su nariz cuando los pómulos se elevaban en una amplia sonrisa.  Y ordenaba destruir la obra.

Hasta que un cuadro le produjo esa sensación de exactitud, de gesto único e irrepetible. De verse como ella quería que la recordaran.  Y fue su estrategia para volverse eterna.

lunes, 4 de febrero de 2019

Imposibles.




El amor nos hace invencibles. Por ver feliz a quien amamos, somos capaces de inventar un mundo nuevo, de recrear el paraíso, de hacer reales las cosas más locas.

Somos capaces de ponerles alas a las piedras, de hacerlas volar como si fueran golondrinas. De cambiar el color del mar a un rojo intenso y de que el pasto crezca rosa.

Desplegamos toda la magia de la que somos capaces, a cambio tan sólo de una sonrisa de su boca, de un brillo en su mirada. Y nos convertimos en alguien a quien quizás no reconozcamos más que en nuestros sueños, porque de ahí procede ese extraño mundo romántico.

Nos esforzamos tanto, nos desgastamos, y en algún momento en que ya no sabemos qué inventar, él o ella nos pide un imposible, nos desafía para medir nuestro amor.

No le alcanza con todo lo que hicimos, necesita más.  Y llega un momento en que no tenemos más fuerzas para demostrarle que hicimos tanto, que hicimos todo, y que ese último deseo incumplido derrumba como el viento a un castillo de naipes, todo lo que creímos construir.

La magia se desvanece.  La ilusión se va y nos quedamos solos, mirando caer las piedras al mar, porque lo que las sostenía y les daba vida, era el amor.

domingo, 20 de enero de 2019

Ausencia.




Sola. Desorientada. Perdida en medio de los lugares más amados. Con todo cerca y, sin embargo, tan lejos.

Sin voz para pedir ayuda. Con un grito que se ahoga en la garganta. Con los ojos cargados de todas las lágrimas que jamás derramé.  Con las manos frágiles, con el cuerpo inerte, con la cabeza vacía y, al mismo tiempo, cargada de mil cosas.

Sin querer pensar. Sin querer sentir.  Pensando sólo en dormir, en dormir mucho. Sin las fuerzas suficientes para salir corriendo hacia ningún lugar. Sin saber a donde ir.

En silencio. Con el alma rota en mil pedazos, y cada pedazo roto en otros en mil pequeños fragmentos, hasta llegar a pulverizar cada molécula de toda emoción.

Esperando que por alguna parte aparezca algo, alguien, una señal, una huella, una marca, que permita saber el rumbo. Esperando una voz, una mano, un algo.

Sola como cuando sentís que se olvidaron de buscarte. Como cuando ves que el barco en el que debías partir se va sin vos. Como cuando miras a tu alrededor y todo lo que amabas ya no está.

domingo, 30 de diciembre de 2018

2018-2019.



Cerrar puertas y abrir ventanas.  Terminar ciclos y comenzar otros. Dejar atrás y volver a empezar. Llorar y reír. Morir y nacer. Concluir y emprender.

Todo año que finaliza deja atrás un montón de cosas, momentos, personas, que nos hicieron pasar por toda una montaña rusa de sentimientos.  A veces negativos, a veces positivos.

Hay años que uno no quiere que terminen, porque llegamos a lograr tantos sueños, alcanzamos esa cresta de la ola en donde nos sentimos que no podemos pedirle nada más a la vida, sólo detener el tiempo y permanecer ahí.  Porque sabemos que, quizás, lo que venga no sea tan fácil, tan feliz ni tan pleno.

Y hay años que, pensamos, nunca deberían haber comenzado, en los que esperamos con ansias el 31 de diciembre a las 23:59:59 para tirar al cesto de residuos cualquier evidencia de su paso por nuestras vidas, quemar todos los almanaques y rogar que a partir de las hora cero del nuevo año, todo se encamine. Estuvimos en lo más profundo del pozo y sólo nos queda comenzar a subir.

La bisagra que representa está fecha siempre se me hizo como un puente, que cruzamos con la profunda esperanza de encontrar ese destino al que estamos designados, ignorando que todo camino es un aprendizaje, que si rechazamos esa enseñanza, la vida nos hará cruzar el mismo puente una y otra vez, como en un círculo vicioso, hasta lograr descubrir realmente hacia donde tenemos que ir.

Les deseo un 2019 lleno de experiencias, de aprendizajes, de caminos aprendidos y puentes cruzados hacia todo lo que sueñan y aman!!! ¡¡Feliz Año Nuevo!

jueves, 27 de diciembre de 2018

Solo.




Hoy estas ante tu mesa vacía.  En silencio. Con ese orden que tanto ansiabas tener.  Una copa de vino, el televisor puesto en un programa que no miras ni te importa, porque sólo está como sonido de fondo.

Te luciste con un plato gourmet, sabiamente elaborado, para que nadie más lo disfrute.  Te sientes un rey, sin embargo no tienes reino. Tus súbditos se fueron, mejor dicho, los alejaste.  Porque olvidaste que eran tu familia, tu núcleo, y los trataste siempre como escoria.

Ya no hay gritos en la mesa. Tus hijos no pelean por tonterías, ni hacen guerra de migas de pan. Nadie vuelca la bebida, ni rompe un plato por accidente. 

En el fondo estás esperando que alguien aparezca de pronto y rompa tu soledad. Una voz grita muy fuerte dentro tuyo que no, que está mal, que nada iguala a una mesa llena de personas que te aman.

Pero los alejaste, los hiciste partir poco a poco, discretamente, dándoles a entender que su presencia te resultaba molesta. 

Ahora estás solo.  Absolutamente solo.  Bebés tu vino, saboreas tu comida, y finges que esto es lo que querías.  Con la satisfacción propia del soberbio que no sabe reconocer que se equivocó. 

Solo.  Sin nadie que te de un abrazo.

Solo.  Sin que te digan cuanto te quieren.

Solo.  Con un frío en el alma que te cala profundamente y que tu orgullo no te permite reconocer.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Inoportuna






Viene y se lleva a quien amas sin aviso. Te lo quita enfrente de tus ojos, sin que puedas hacer nada. Se te ríe, como si disfrutara dejarte el desconsuelo y la tristeza.

Hay días en que la muerte no debería trabajar. En que tendría que tomarse un respiro y pasar de largo algunas fechas, algunos momentos, algunas almas.

Hay personas a las que no debería rozar, ni siquiera atreverse a mirarlas a los ojos. No entiendo el criterio que usa, llevándose las almas nobles y puras.

Hay fechas en que la muerte debería tener un poquito de piedad, y esperar que pare el bullicio, la salutación sonriente, para no sentirte el único triste en medio de tanta felicidad. Es como estar del otro lado de un vidrio, en donde todos están de fiesta y tu miras desde la vereda, sólo y muerto de frío, su alegría.

Hay días en que la muerte se equivoca, y lastima más de lo que suele hacerlo en fechas comunes, normales, sin tanto alboroto, sin festejos en los que no se puede encajar porque el dolor es tan profundo, que no te permite ni siquiera pensar en sonreír.

Hay veces que la muerte de equivoca, que es inoportuna, que parece ensañarse y hacerlo a propósito, para clavar el puñal de la tristeza más profundo.

Hay personas con las que la muerte se equivoca, aunque sea el minuto exacto en que deba llevarse sin aviso a quien más nos ilumina la vida. Nos despedaza por dentro, dejando todo nuestro mundo en crisis.

Dedicado a Mariana, Carina, Lorena, Claudia y todas las personas que han pedido un ser amado.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Siento frío.





Siento frío. Y no estás ahí, como siempre, para abrigarme en tu abrazo. Te busco en cada lugar que recorrimos, en donde nos besamos, en cada atardecer.

Siento frío y no hay estufa que logre sacarme está sensación de los huesos, ni de mi alma. Miro tus fotos, les hablo, les pregunto dónde estás y sólo me responde el silencio de tu sonrisa, pícara y blanca.

Siento frío, pero es algo más que frío, es una ausencia que me invade, que me roba toda emoción, que me anula. Sólo miro por la ventana, sentada desde un sillón, para descubrir tu sombra entrando al parque.

Siento frío, mucho frío, no hay manta que logre hacerme conectar con algo más que mi tristeza, me envuelvo en ella y, medio dormida, siento tu fragancia.

Siento frío, y lloro porque no puedo tocarte, porque no entiendo que pasó para que no estés aquí, conmigo, riendo a carcajadas de mis torpezas, tomando un café recién hecho y planeando un mañana.

Siento frío, tanto frío que siento que estoy muerta, que ya no tengo más lágrimas, que mi vida no tiene sentido...miro alrededor y todo sigue igual, y todo ha cambiado al mismo tiempo.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Felices los dos.



Felices los dos.

Entró de casualidad a ese café. No solía hacerlo a esa hora, pero había tenido que salir muy temprano y ni había podido desayunar.

Mientras pedía algo para tomar, un hombre entró.  Le resultaba familiar. Lo miró disimuladamente mientras buscaba en su mente relacionar ese rostro con algún nombre. De repente lo recordó.  No lo conocía, pero era uno de los mejores amigo de aquél hombre con el que había vivido un romance secreto y había concluido hacía varios años, por la culpa que le generaba engañar a su esposa.

El hombre buscó un sector alejado de las puertas y las ventanas, se sentó y mientras esperaba su café, respondía mensajes con su teléfono. Sonreía.

Una mujer entró a los pocos minutos. Se detuvo en la puerta, buscó con la mirada y se dirigió a la mesa de ese hombre.  Él se levantó, la abrazó y la besó apasionadamente en la boca. No era la esposa del hombre y ella lo sabía.  Se escuchaba la risa de la mujer mientras el hombre le hablaba, acomodándose uno junto al otro.

Parecían novios. Y felices.  Ella sonrió. De repente algo la congeló.  No había podido ver el rostro de esa mujer hasta ese momento.

Recordó cada lágrima de ese hombre al que amó hasta la locura, porque tenía el mundo dividido en dos. Eligió a su compañera de toda la vida y se juraron no verse más.  Ellos lo cumplieron pese a todas las ganas que tenían de llamarse, de buscarse, de sentirse como cada noche en que sólo se miraban, hablando en voz baja.

La mujer se levantó de la mesa, el hombre pagó y se fueron abrazados, como si el mundo exterior no existiera, como si nadie los estuviera mirando.

El mejor amigo y la esposa de ese hombre, al que nunca más había visto,  se besaron en la puerta del aquel bar, sin pensar que eran observados.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Confianza ciega.




Cerrar los ojos. Creer que del otro lado está eso que buscás.  Sentir que podés. Caminar por una cuerda floja, confiando que en el otro extremo te esperan.

De repente, un cimbronazo te sacude y estas a punto de perder el equilibrio.  Todo a tu alrededor parece moverse, como si los edificios fueran de gelatina. Tambaleas intentando no caer, pero no tenés de donde agarrarte.

De pronto miras hacia el otro extremo del cable, buscando su mirada para darte valor y confianza, así poder continuar tu recorrido. Y ves que es quien sacude el cable por el que estas caminando, riendo, como si fuera una travesura.

No tenés a donde ir. No podés retroceder porque te alejarte demasiado de lo que era tu puerto seguro.  Sólo te queda avanzar, viendo como juegan con tu vida, tus emociones, tu seguridad. No podés mirar hacia abajo, porque te caes. Sólo te queda respirar profundo y avanzar, muy lentamente.

Sólo querías su abrazo, el que te prometió tantas veces si tenías el valor de cruzar ese espacio que los separaba. El que anhelabas a cambio de vencer tus miedos y sería la recompensa a demostrar tu coraje y tu confianza.

Sentís que te traicionaron, pero a medida que te vas acercando, el zamarreo disminuye, se levanta y te extiende la mano. Queda poco. Levantás la vista y te sonríe como si jamás te hubiera puesto en peligro, como si nunca hubiera jugado a ponerte en riesgo.  Como si no te hubiera pedido que le pruebes tu fe.

Llegás. Te abraza y de repente sentís que el mundo vuelve a su lugar. Pero no le importó tu miedo, sólo saber qué eras capaz de hacer para merecer su amor. Te toma de la mano y se van caminando juntos, sin saber si tenés que sentirte feliz, porque algo muy dentro tuyo te dice que seguís en peligro. Pero cerrás los ojos y te dejas guiar, ignorando que más adelante hay otro precipicio que atravesar, para demostrarle tu amor.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Volarás.






Icaro quería volar, su padre, Dédalo, le fabricó dos alas con plumas de aves y las pegó a su espalda con cera, advirtiéndole que no se acercara al Sol, ya que su calor podría ablandar el pegamento y el joven caería al mar. Icaro no hizo caso al aviso de su padre, las alas se despegaron de su cuerpo y murió irremediablemente en las aguas profundas del mar.

Pero vos... naciste con alas, volás en cada giro, en cada paso, en cada gesto de tu cuerpo. Tenés alas en los pies, en las manos y todo tu ser es un ave dispuesta a demostrar que la gravedad no existe. Jugás con las leyes naturales, demostrando que nada es imposible.

Si supieras lo feliz que me hicieron esos pocos minutos que pude verte volar nuevamente    sobre un escenario, que sigas teniendo el mismo don para generar emociones sólo con tus movimientos, si supieras que ya sos tan símbolo como el mate y tan inmortal como el dulce de leche! Tan Buenos Aires como el tango y tan Argentina como la vidala, el chamamé y la zamba!

El ballet sólo fue la excusa, el medio para llegar a tu fin, que la danza clásica, dirigida a las élites fuera vista por todos y que las danzas populares elevarán su fuego para llegar al Colón y mostrar que todo es arte, que mientras se pueda volar, no importa qué música suene.

Vos hiciste magia y volverte a ver bailar, con el mismo don de siempre, es un privilegio que la vida me dio.

¡Gracias, Julio, por existir!

martes, 20 de noviembre de 2018

Sonrisa.




(Foto tomada de la red)

Él lo ilumina todo con sólo un gesto. Tiene en sus manos el movimiento de las aves, suave y aterciopelado, que te hace sentir una brisa fresca en el rostro.

Él sonríe y ya nada más importa.  Sólo la luz que brinda. Y que te hace olvidar que él no sonreía.  Que él era oscuro.  Que él te apagaba.

"Ahora vienes tu de nuevo con un aire de misterio"...y la canción lejana, de la adolescencia, olvidada en un rincón de la memoria asoma como si la estuvieras oyendo directamente en el aire. En algún punto, no podes evitar pensar en el contraste, el juego de las diferencias tiene mucho más que siete.

Él te mira y sus ojos también sonríen, hacen juego con ese aura que lo rodea, que te atrae como una mariposa hacia la luz.

La canción resuena en algún lado nuevamente, sin embargo le hacés tus propios arreglos a la letra. "Ven con tu sonrisa blanca a endulzar lo amarga que 'su' ausencia fue..."

Y sonreís, porque su energía te contagia, te invade y te hace cerrar la puerta a todo lo que pasó hasta ayer.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Zapatos.





 Elegimos una pareja de la misma forma en que elegimos un par de zapatos.

Muchas veces nos compramos sin pensar esos hermosos pares que vemos en la vidriera, que están de última moda, llamativos y relucientes, sin darnos cuenta del daño que nos hacen.

No nos importa, porque tenemos el calzado más bonito, que todos admiran, aunque debamos sufrir las consecuencias. Nos empecinamos en ponérnoslos  aunque nos hagan ampollas, nos lastimen o nos hagan doler.

Compramos esos zapatos más pequeños que nuestro talle, sólo porque nos gustan demasiado, sin pensar que debemos deformar nuestro paso para adaptarnos a ellos, cambiar nuestro andar y sonreír a todos mientras nuestro cuerpo padece los traumas que se van formando, sólo por no querer reconocer que nos hacen daño.

Creemos que con el tiempo se van a amoldar a nuestros pies, y que ese sufrimiento inicial vale la pena, porque hemos logrado tener algo que todos buscan. Esperamos demasiado tiempo a que se estiren y nos queden cómodos, cosa que muchas veces no sucede.

Hasta que un día aprendemos a buscar  un zapato que nos quede bien, que no nos lastime ni nos hagan
 ampollas, que no debamos deformarnos para poder andar con él, que no nos haga sentir mal ni que debamos adaptarnos a algo que nos produce la terrible incomodidad de fingir que estamos bien.

(Gracias Valeria por la foto!).

jueves, 25 de octubre de 2018

Te amé.




Te amé con la furia loca de quien no piensa en riesgos. Sin importar si salía malherida y rota. Sin ver lo que tenía enfrente de mí, luchando en contra de todos los molinos de viento a los que creía gigante.

Te amé, con una fuerza desconocida, con una capacidad ignorada  por mi para ofrecer lo más profundo. Te amé a pesar de todo.

Y te amé con el hambre animal de quien encuentra su refugio, su lugar en el mundo, su paz. Te amé a pura inconsciencia, poseída por un valor que no sabía que tenía.

Te amé hasta que no pude más, yendo más allá de mis propias fuerzas, nadando hacia una tormenta de la que no sabía si iba a salir con vida. Y, aún sabiendo eso, te amé.

Corrí todos los riesgos, porque amarte me daba vida, porque valía la pena, porque tras la batalla me esperaba el refugio de tus brazos...

Pero no te alcanzó, y no podía amarte más, porque sólo quedaba darte mi vida para que supieras cuanto te amaba.

Y decidí abrir la ventana y dejarte en libertad, que volaras a otro cielo en donde encontrases un amor que te colmara.

Porque te amé como no podía amar a otro. Porque te amé como no amaré nunca a nadie. Pero ni podía darte más.

sábado, 20 de octubre de 2018

Cuántas Sheilas más habitan el país?



Niños en riesgo. Los vemos todos los días, a cada rato. No necesitamos irnos a algún país lejano para comprobar que existen. Conviven con nosotros, cruzan la calle al lado nuestro y muchas veces viven en la casa de al lado, sin que los veamos hasta que ya es demasiado tarde.

Leo la indignación por la muerte de Sheila Ayala, una nena de 10 años, cuya desaparición movilizó a unos cuantos, pero las circunstancias de su muerte dolió a todos. Perdón, corrijo, las circunstancias de su asesinato.

Leo también que muchos hoy están enojados con los beneficios que los asesinos de la niña recibían por parte del Estado. Mismos beneficios que daba el gobierno anterior y muchos de esos que hoy descubren que algunos progenitores (padres es otra cosa) se gastan la plata de la AUH en drogas y alcohol, pidiendo a gritos que les quiten esos subsidios, antes trataban de gorilas, fachos, insensibles y varios epítetos más a quienes veíamos que ocurría en los suburbios.

Si, una golondrina no hace verano, pero la falta de controles hizo que cada vez hubieran más "golondrinas". Los organismos correspondientes a la entrega del programa de Asignación universal por hijo cada tanto publican que se extiende o prorroga el tiempo obligatorio en el que se deben presentar los certificados médicos y escolares que permitan la continuidad del plan (http://unamiradacomn.blogspot.com/2017/12/ni-chupi-ni-juego-ni-pucho-ni-falopa.html?m=1).

Cuando alguien, hace algunos años, dijo que los padres se gastaban el dinero en juego y alcohol, medio país saltó a defender a los pobres padres estigmatizados por ser pobres, excluidos sociales de las políticas neoliberales de los 90, cuyo gobernante formaba parte de sus propias filas (faltaba ver al mismo turco gritando eso).

El problema es que nadie controla. Nadie se atreve a pedir que se presente un comprobante que demuestre que ese dinero fue utilizado para adquirir alimentos, ropa, útiles o lo que fuera en beneficio del chico que es el verdadero beneficiario final de ese subsidio.

Es intervencionista. No corresponde. Nadie pide que demuestre en que gasto lo que yo gano. Justamente, yo me lo gano y el subsidio tiene un objetivo que, a las vistas, no se cumple, al menos en un grupo de personas.

¿A nadie de ninguna institución estatal se le ocurre preguntar que pasa con los chicos que dejan de percibir la asignación?  Sacando a los que cumplen 18 años y a los niños que fallecen por distintas causas, hay un cúmulo de pibes en un limbo del cual nadie se percata y por el que nadie pregunta. Chicos que quizás se fugaron de sus hogares, que los padres no están en condiciones psicofísicas de cumplir con los tramites. Chicos que dejan de percibir un derecho porque a los que están atornillados en sus puestos, cobrando mes a mes sus sueldos públicos, no se les prende ninguna lamparita.  Sólo se remiten a decir que 50.000, 100.000 o 200.000 asignaciones dejarán de pagarse y a otra cosa. Durante el gobierno de Cristina Kirchner también  pasaba.

Hoy leo que muchos dicen "basta de Sheilas", sin embargo Sheila Ayala es le punta del iceberg que nadie quiere ver.

sábado, 22 de septiembre de 2018

"Sueño erótico para no dormir"



Abro los ojos. No estás. Una tenue luz viene desde el baño. Me envuelvo con la sabana y camino despacio, para no hacer ruido.

Te veo ahí, de espaldas, desnudo frente al lavabo.  Con las manos apoyadas sobre el mármol. Con la cabeza gacha.

Me acerco. Dudo si decirte algo. Extiendo mi mano y apenas rozo tu piel con una caricia. Te estremeces con un sollozo, mientras sigues mirando hacia abajo.

Me acerco y dejo caer la tela que me cubre. Me estrecho a tu cuerpo con toda la dulzura que pueda haber en mí.

Te rodeo con mis brazos, mientras beso suavemente tu espalda. Acaricio lentamente tu pecho, y siento un suspiro profundo, largo, intenso que exhala toda tu tristeza. Mis manos rozan tu vientre, y bajan al centro de tu ser.

Lloras. Te pones tenso y siento una oleada de enojo hacia tu propio ser que te invade. Esta noche no pudiste. No entiendes que no me importa, que no es grave.

Mis manos vuelan a tus hombros y  recorro tus brazos como si fueran las teclas de un piano, mi boca va sembrando besos suaves en cada una de tus vértebras. Desciendo lentamente marcando un camino hacia el infinito.

Me provoca dar leves mordiscos a tus glúteos, mientras te hago cosquillas desde los talones, subiendo por tus pantorrillas, acariciando tus muslos.

Te giro y miro tu rostro, ahora sonríes, con la firmeza que puede dar liberarse de las presiones. Juego, mientras tu mano acaricia mi cabello.

De pronto te inclinas, me tomas por la cintura y me levantas. Me sientas sobre el frío mármol del lavabo. Mientras Bbesas esas mi cuello mis piernas enhebran tu cuerpo, te aprisionan y, ahora si, nos envuelve la melodía desencadenada de nuestros suspiros.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Víctimas.



No se si soy una mujer fuerte. Se que renací más de una vez, que caí en los pozos más profundos, de los que pensé que no podría salir.

Sin embargo, salí.  Curé las heridas. Me resbalé, volví a intentarlo, me lastimé otra vez y arremetí contra lo que hubiera enfrente, con la tozudez propia de quien no ve el peligro.

Me dolió, y tuve que dejar de pensar en mis heridas para ser fuerte y ganar las batallas contra mis propios miedos, vencerme a mi misma antes que a los demás, para poder ganar en un mundo que no da tregua.

A veces tuve manos que me ayudaron a salir de esa oscuridad. Y a veces, hubo manos que me empujaban hacia el fondo, porque no querían que viera la luz, porque tenían miedo de que les descubriera en sus mentiras y falsedades.

Tuve que tener paciencia, esperar, recuperar fuerzas y sobrevivir como fuera para preservarme. Tuve que endurecerme para que no llegaran a matar lo mejor de mi misma, resguardarme ante el menor indicio de peligro.

Y aprendí que fui más fuerte de lo que pensé, que superé obstáculos que en su momento no creía que pudiera  vencer y que me gané mi propio lugar en el mundo. Que renací cada vez que intentaron matarme. Que sobreviví en cada naufragio, en cada tormenta.  Que pude salir y aprender a mirar el camino para no caer nuevamente en un pozo. Porque no sé si la próxima vez podría  salir como lo había hecho antes.

Lo que si se es que nunca me creí una víctima. Que jamás me adormecí en esa postura, buscando la lástima de los demás. Que nunca me permití que me miraran con ojos de piedad, porque no podía darles el gusto de verme frágil y vulnerable.

Jamás me dejé ver herida, lastimada o rota en mil pedazos.  Jamás permití que vieran ni una sola de las miles de lágrimas que derramé, ni rogué a nadie para que cumpliera mi voluntad. Todos somos libres, aunque eso signifique que no se quede a mi lado quien prometió estar todo el camino.

No se si soy una mujer fuerte. Sólo se que pude seguir adelante.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Corazón.



Entreabrió los ojos y sólo sintió ese aroma propio de los hospitales. Un pitido constante indicaba que estaba viva. Una máquina la proveía del oxígeno que necesitaba para resistir en una lucha en la que no sabía que estaba participando.

No entendía que hacía allí. En ese cuarto blanco, conectada a tantos sensores, cables, sondas. No podía moverse, no tenía fuerzas. Sólo recordaba que había sentido un enorme cansancio. Y un dolor. Como si su pecho se hubiera partido en dos.

Una enfermera anotaba sus signos vitales en una planilla.  Sonrió al ver que había abierto los ojos. Un gesto amable, pero que no le aclaraba nada de su situación.

Un tumulto vino del pasillo. La enfermera fue hasta la puerta, la abrió y otra camilla ingresó a la habitación. La mujer corrió una cortina para que ella no viera que estaba ocurriendo.

Escuchó la palabra "infarto". Sintió los espasmos de la reanimación cardíaca.  Supo de los electroshocks.  Y sintió un nuevo pitido, que señalaba que esa persona que había llegado había sido salvada.

¿Eso le había ocurrido? ¿Había tenido un infarto? ¿Su corazón no había resistido? No podía hacer preguntas. No sentía fuerzas para hablar.

Un médico corrió la cortinilla. Revisaron sus parámetros y se fueron. La dejaron sola con su nueva compañía.

Giró levemente la cabeza. Sentía curiosidad y quería solidarizarse aunque más no sea con la mirada de la situación que ambos estaban viviendo.

De repente esa persona giró la cabeza hacia donde ella estaba. Ambos se miraron. Ninguno de los dos pudo creer coincidir, después de tantos años,  en esa habitación de hospital, a donde sus corazones rotos los habían llevado.

Un pitido ininterrumpido señaló la hora final para los dos. Ahora si, podrían estar juntos para siempre.