domingo, 31 de marzo de 2019

Cambios.





De vez en cuando, la vida nos da un giro, nos sorprende y nos mueve todas las estructuras que habíamos armado.

La comodidad de saber en dónde está cada cosa, en cómo reaccionan los que nos rodean, la previsibilidad de cada acto de nuestras vidas, hace que ante un cambio nos paremos en seco hasta descubrir hacia donde tenemos que ir.

Los  seres humanos somos resistentes a los cambios, porque nos sacan de eje y nos ponen en jaque ante todas nuestras creencias.

Lo que hasta hace un momento era seguro, ahora es inestable. Lo que estaba al alcance de la mano, ya no nos sirve. Lo que era una respuesta, ya no tiene preguntas. Y las preguntas que nos surgen no sabemos cómo responderlas.

Todo es nuevo, confuso y debemos ser pacientes para adaptarnos a esta nueva versión de nosotros mismos, desconocida hasta ahora.

Cambiar, para seguir vivos, para superar el dolor, para ser felices. Cambiar como forma de resistencia, como método de vida, como brújula para descubrir nuevos horizontes.

Cambiar para estar preparados para las sorpresas, para lo insólito, para lo inesperado que está a la vuelta de la esquina, y que muchas veces no reconocemos por aferrarnos a nuestras estructuras.

Cambiar para vivir, para no ser nuestros propios fantasmas. Para no ser insoportablemente predecibles, para sobrevivir a nuestros miedos.

domingo, 17 de marzo de 2019

Rompecabezas.



A veces la vida te pone pruebas duras, como una encrucijada que no sabés resolver, un rompecabezas que no terminás de armar.

Y, cuando estás a punto de completarlo, la vida te lo patea, desparramando las fichas por todas partes. Las buscás, intentando no perder ninguna, reorganizando las partes, seleccionando los colores, volviendo a comenzar desde la primera pieza, tratando de recordar la imagen que habías logrado.

Lo que no sabés es que el rompecabezas ya no es el mismo. Ni vos, ni nada de lo que te rodea, de modo que debés reconstruir algo nuevo, tu propia historia, pero con más detalles, con otros colores, con distintas formas.

Y, como en un bucle irónico del destino, cuando estás finalizando el armado de tus partes, nuevamente algo, alguien hace que las piezas se desordenen, volando por los aires y dejándote la cansada sensación de que tu esfuerzo fue inútil.

Con frustración volvés a mirar hacia todos lados, buscando recuperar tus fichas, corriendo objetos y mirando en cada rincón de tu alma, con la idea de volver a armar ese puzzle, quizás más cansado, tal vez desanimado, porque sentís que las fuerzas te abandonan.

Y te ves sentado en el suelo, con la montaña de troqueles enfrente tuyo, mirándola sin saber por donde arrancar, cual tomar como inicio, qué imagen tendrá esta vez. Las mirás preguntándote por qué se desarmó el anterior, al que le habías puesto tantas ganas, tanta pasión.

Tomás la primera pieza, la segunda y en la tercera te das cuenta de que todas son iguales, pero no encajan fácilmente, que debés revolver y buscar la pieza que corresponda para lograr armar este nuevo rompecabezas que te resulta plano, chato, vacío y, sin embargo, lleno de una enseñanza oculta que sólo descubrirás a medida que encastres cada parte.

Pensás que para qué tomarte la molestia de volver a armarlo. Sentís que nuevamente, cuando estés a un paso de finalizarlo,  algo, alguien, aparecerá para patearlo. Decidís que quizás este sea tu rompecabezas final.

sábado, 2 de marzo de 2019

Me dolio.




Me dolió tanto tu adiós que llegué a convertirme en alguien que desconocía.  El mundo de colores se volvió un gris monótono y triste, aunque a veces un rojo furia me invadía con la ansia loca de querer hacerte daño.

Me dolió al punto de no saber qué hacer para arrancarte de mi piel, de mi ser, de mis pensamientos. Para sacarte de mi alma me lastimé a mi misma, sin darme cuenta de que debía dejar curar la herida solo con tiempo. 

Me dolió tanto que me encerré en mi misma, dando un portazo a todo lo que se acercara, porque me quemaba el cuerpo la sola idea de volver a intentarlo.

Me dolía volver a creer, volver a sentir y volver a terminar con el alma rota y los sueños hecho trizas.  Me dolías tanto, tanto, como nunca lo podrías imaginar.Me dolías como si me hubieran arrancado una parte de mi cuerpo y buscara el miembro fantasma para hacer mis rutinas. Como si nunca más pudiera ser feliz.

El tiempo pasó.  Aprendí que el enojo, la rabia, el dolor, la ira solo demoraban el proceso para sanar.  Aprendí a buscar la calma cuando algún recuerdo me sacudía por dentro, despertando a ese demonio que solo quería tenerme prisionera del rencor.

Aprendí a que me dejaras de doler, a no sentir tu aroma en el aire, a olvidar el sonido de tu voz. Aprendí a renacer, a abrir las ventanas, a ver la luz del sol. Y a sonreír.

viernes, 1 de marzo de 2019

Fuego.




Fuego. Algo explota dentro mío.  Me sofoca, me invade y no se cómo reaccionar.

Te veo, con tu sonrisa blanca, con una chispa en la mirada que enciende todos mis sentidos y me hace estallar en mil pedazos.

Tu voz me conmueve hasta lo mas profundo de mi ser, mientras siento un fuego que me arrasa por completo. Soy leña seca y vos, la llama que me enciende.

No puedo hacer nada. No puedo moverme. Pero verte ya me hace cosquillas y se despierta algo que hace tiempo estaba dormido y yo creía que había muerto.

Me resulta sensual cada uno de tus movimientos, aún cuándo nos separa todo. Aunque nunca nos toquemos, tenerte cerca me quema.

¡Quiero que apagues este volcán desconocido que de repente necesita explotar y desparramarse hasta llegar al océano.  Quiero que seas la lluvia que logre apaciguar este incendio! ¡Quiero que tu voz me diga al oído que vos también te estas incendiado por mí!

miércoles, 27 de febrero de 2019

Nada.




Nada. Simplemente le quedaron las manos vacías.  Todo lo que había tenido, se borró tras la puerta que se cerró cuando él le dio la espalda.

Sola. Sin nada que la dejara comprender por qué así, de repente, todo había terminado. Con un silencio frío como el hielo envolviéndola en las sombras.

No supo darse cuenta cuándo él comenzó a alejarse. Ni por qué así, sin explicaciones, tomó sus cosas y se marchó, apagando su mundo.

Le había dado todo. Todo lo que una mujer podía darle a un hombre.  Pintaba arcoíris en el techo con tal de provocarle una sonrisa. Cocinaba todas  las fantasías por tal de verlo feliz. Se hubiera convertido en genio de una lámpara maravillosa, solo para cumplirle cada deseo.
Se deshizo de todo lo que tenía para complacerlo.

Sin embargo, no alcanzó.  No fue suficiente.  No supo qué mas hacer para demostrarle todo el amor que sentía.

Ella nunca pidió nada a cambio. Sólo un abrazo, una sonrisa y verle una luz en la mirada. Ella únicamente dio.

Su partida le provocó el mayor de los dolores, ese que atraviesa el corazón y lo rompe de una sola vez. La dejó sin luz, sin fuerza, sin energía para tan siquiera dar un paso hacia ningún lugar. La dejó  sin decir palabras, llena de preguntas y con la duda eterna de por qué no le alcanzó todo el amor que le ofreció.

lunes, 18 de febrero de 2019

Los amantes.




No supieron en qué momento ocurrió.  Pero desde ese día, sus vidas cambiaron para siempre. Contar las horas para verse, perderse hasta la locura recorriendo sus cuerpos, porque ninguno sabia si habría "próxima vez".

Volver a sus vidas, sabiendo que nunca podrían dejarla, pero que tampoco podrían dejarse,  porque eran, uno para el otro, como el oxígeno que necesitaban para respirar.

Sentían culpa porque nada en sus mundos  era tan malo como para romper los vínculos.  No se atrevían a decir "ya no te quiero" porque tampoco era verdad. Pero era un cariño ligado a la costumbre, que había llegado a una meseta, que tenía días y horarios, obligaciones y rutinas.

Ellos eran lo nuevo. La oportunidad que perdieron cuando, años atrás,  asumieron compromisos impensados, fuera del plan de vida que  habían hecho, en donde la culpa, si, otra vez la maldita culpa, no podía decirle al otro a los gritos que no querían,  que eso no era lo que habían pensado, que un descuido les torció el rumbo y las responsabilidades hicieron que dejaran sus sueños a un lado.

No lo planearon, no lo buscaron, pero no podían evitarlo, sus cuerpos se pedían a gritos mutuamente. Sus besos, sus caricias, sus deseos eran algo tan inevitable como la vida...y tan fatales como el destino.

Nunca se plantearon las razones, les pasó lo que les pasa a los que tienen que encontrarse, para saber lo que se siente incendiarse por dentro y que una sola persona sea capaz de provocar la lluvia necesaria para apagar ese fuego arrasador.

Despertaron de un letargo inmenso y ya nunca más podrían volver a dormirse. Aunque en el camino destruyeran todo lo quw hubiera a su paso, el riesgo de perderse era peor que el de no haberse encontrado nunca.

Eran un volcán en plena erupción, que ya no puede retroceder;eran la consecuencia inevitable de cada sueño postergado, que un día sale a la luz. Eran su última oportunidad, antes de morir.

domingo, 17 de febrero de 2019

Viaje.



Primero fue tu mano la que me guió por un sendero desconocido. Luego fue tu voz, llegando a zonas ignoradas de mi ser. Tu aroma vino después, que despertó algo profundo y dormido dentro de mí. 

Tu sonrisa me invitó a pasear por las nubes y fue tu abrazo el que me hizo descubrir que el cielo podía tocarse con las manos.

Y fue tu beso el que me hizo viajar al infinito, olvidando todo lo que había dejado atrás.

jueves, 7 de febrero de 2019

La estrategia de la Mona Lisa.





  Durante siglos, la sonrisa de la protagonista  uno de los cuadros más famosos de Leonardo Da Vinci fue considerada como un enigma.

Si estaba triste, si sonreía, o si acaso reflejaba un melancólico amor hacia el pintor, tal vez no correspondido.

Las conjeturas sobre la expresión de esa mujer, ha generado debates, estudios, análisis, interminables charlas entre expertos, que casi nunca llevan a nada.

Sin embargo, cuenta la historia, que el cuadro fue pintado una y otra vez, roto en mil pedazos y vuelto a realizar. No por la inconformidad del gran Leonardo, que ante cada obra terminada, sentía que había logrado su gran obra.

Si no que a ella, a Mona Lisa, le molestaba grandemente el efecto que hacía más prominente su nariz cuando los pómulos se elevaban en una amplia sonrisa.  Y ordenaba destruir la obra.

Hasta que un cuadro le produjo esa sensación de exactitud, de gesto único e irrepetible. De verse como ella quería que la recordaran.  Y fue su estrategia para volverse eterna.

lunes, 4 de febrero de 2019

Imposibles.




El amor nos hace invencibles. Por ver feliz a quien amamos, somos capaces de inventar un mundo nuevo, de recrear el paraíso, de hacer reales las cosas más locas.

Somos capaces de ponerles alas a las piedras, de hacerlas volar como si fueran golondrinas. De cambiar el color del mar a un rojo intenso y de que el pasto crezca rosa.

Desplegamos toda la magia de la que somos capaces, a cambio tan sólo de una sonrisa de su boca, de un brillo en su mirada. Y nos convertimos en alguien a quien quizás no reconozcamos más que en nuestros sueños, porque de ahí procede ese extraño mundo romántico.

Nos esforzamos tanto, nos desgastamos, y en algún momento en que ya no sabemos qué inventar, él o ella nos pide un imposible, nos desafía para medir nuestro amor.

No le alcanza con todo lo que hicimos, necesita más.  Y llega un momento en que no tenemos más fuerzas para demostrarle que hicimos tanto, que hicimos todo, y que ese último deseo incumplido derrumba como el viento a un castillo de naipes, todo lo que creímos construir.

La magia se desvanece.  La ilusión se va y nos quedamos solos, mirando caer las piedras al mar, porque lo que las sostenía y les daba vida, era el amor.

domingo, 20 de enero de 2019

Ausencia.




Sola. Desorientada. Perdida en medio de los lugares más amados. Con todo cerca y, sin embargo, tan lejos.

Sin voz para pedir ayuda. Con un grito que se ahoga en la garganta. Con los ojos cargados de todas las lágrimas que jamás derramé.  Con las manos frágiles, con el cuerpo inerte, con la cabeza vacía y, al mismo tiempo, cargada de mil cosas.

Sin querer pensar. Sin querer sentir.  Pensando sólo en dormir, en dormir mucho. Sin las fuerzas suficientes para salir corriendo hacia ningún lugar. Sin saber a donde ir.

En silencio. Con el alma rota en mil pedazos, y cada pedazo roto en otros en mil pequeños fragmentos, hasta llegar a pulverizar cada molécula de toda emoción.

Esperando que por alguna parte aparezca algo, alguien, una señal, una huella, una marca, que permita saber el rumbo. Esperando una voz, una mano, un algo.

Sola como cuando sentís que se olvidaron de buscarte. Como cuando ves que el barco en el que debías partir se va sin vos. Como cuando miras a tu alrededor y todo lo que amabas ya no está.

domingo, 30 de diciembre de 2018

2018-2019.



Cerrar puertas y abrir ventanas.  Terminar ciclos y comenzar otros. Dejar atrás y volver a empezar. Llorar y reír. Morir y nacer. Concluir y emprender.

Todo año que finaliza deja atrás un montón de cosas, momentos, personas, que nos hicieron pasar por toda una montaña rusa de sentimientos.  A veces negativos, a veces positivos.

Hay años que uno no quiere que terminen, porque llegamos a lograr tantos sueños, alcanzamos esa cresta de la ola en donde nos sentimos que no podemos pedirle nada más a la vida, sólo detener el tiempo y permanecer ahí.  Porque sabemos que, quizás, lo que venga no sea tan fácil, tan feliz ni tan pleno.

Y hay años que, pensamos, nunca deberían haber comenzado, en los que esperamos con ansias el 31 de diciembre a las 23:59:59 para tirar al cesto de residuos cualquier evidencia de su paso por nuestras vidas, quemar todos los almanaques y rogar que a partir de las hora cero del nuevo año, todo se encamine. Estuvimos en lo más profundo del pozo y sólo nos queda comenzar a subir.

La bisagra que representa está fecha siempre se me hizo como un puente, que cruzamos con la profunda esperanza de encontrar ese destino al que estamos designados, ignorando que todo camino es un aprendizaje, que si rechazamos esa enseñanza, la vida nos hará cruzar el mismo puente una y otra vez, como en un círculo vicioso, hasta lograr descubrir realmente hacia donde tenemos que ir.

Les deseo un 2019 lleno de experiencias, de aprendizajes, de caminos aprendidos y puentes cruzados hacia todo lo que sueñan y aman!!! ¡¡Feliz Año Nuevo!

jueves, 27 de diciembre de 2018

Solo.




Hoy estas ante tu mesa vacía.  En silencio. Con ese orden que tanto ansiabas tener.  Una copa de vino, el televisor puesto en un programa que no miras ni te importa, porque sólo está como sonido de fondo.

Te luciste con un plato gourmet, sabiamente elaborado, para que nadie más lo disfrute.  Te sientes un rey, sin embargo no tienes reino. Tus súbditos se fueron, mejor dicho, los alejaste.  Porque olvidaste que eran tu familia, tu núcleo, y los trataste siempre como escoria.

Ya no hay gritos en la mesa. Tus hijos no pelean por tonterías, ni hacen guerra de migas de pan. Nadie vuelca la bebida, ni rompe un plato por accidente. 

En el fondo estás esperando que alguien aparezca de pronto y rompa tu soledad. Una voz grita muy fuerte dentro tuyo que no, que está mal, que nada iguala a una mesa llena de personas que te aman.

Pero los alejaste, los hiciste partir poco a poco, discretamente, dándoles a entender que su presencia te resultaba molesta. 

Ahora estás solo.  Absolutamente solo.  Bebés tu vino, saboreas tu comida, y finges que esto es lo que querías.  Con la satisfacción propia del soberbio que no sabe reconocer que se equivocó. 

Solo.  Sin nadie que te de un abrazo.

Solo.  Sin que te digan cuanto te quieren.

Solo.  Con un frío en el alma que te cala profundamente y que tu orgullo no te permite reconocer.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Inoportuna






Viene y se lleva a quien amas sin aviso. Te lo quita enfrente de tus ojos, sin que puedas hacer nada. Se te ríe, como si disfrutara dejarte el desconsuelo y la tristeza.

Hay días en que la muerte no debería trabajar. En que tendría que tomarse un respiro y pasar de largo algunas fechas, algunos momentos, algunas almas.

Hay personas a las que no debería rozar, ni siquiera atreverse a mirarlas a los ojos. No entiendo el criterio que usa, llevándose las almas nobles y puras.

Hay fechas en que la muerte debería tener un poquito de piedad, y esperar que pare el bullicio, la salutación sonriente, para no sentirte el único triste en medio de tanta felicidad. Es como estar del otro lado de un vidrio, en donde todos están de fiesta y tu miras desde la vereda, sólo y muerto de frío, su alegría.

Hay días en que la muerte se equivoca, y lastima más de lo que suele hacerlo en fechas comunes, normales, sin tanto alboroto, sin festejos en los que no se puede encajar porque el dolor es tan profundo, que no te permite ni siquiera pensar en sonreír.

Hay veces que la muerte de equivoca, que es inoportuna, que parece ensañarse y hacerlo a propósito, para clavar el puñal de la tristeza más profundo.

Hay personas con las que la muerte se equivoca, aunque sea el minuto exacto en que deba llevarse sin aviso a quien más nos ilumina la vida. Nos despedaza por dentro, dejando todo nuestro mundo en crisis.

Dedicado a Mariana, Carina, Lorena, Claudia y todas las personas que han pedido un ser amado.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Siento frío.





Siento frío. Y no estás ahí, como siempre, para abrigarme en tu abrazo. Te busco en cada lugar que recorrimos, en donde nos besamos, en cada atardecer.

Siento frío y no hay estufa que logre sacarme está sensación de los huesos, ni de mi alma. Miro tus fotos, les hablo, les pregunto dónde estás y sólo me responde el silencio de tu sonrisa, pícara y blanca.

Siento frío, pero es algo más que frío, es una ausencia que me invade, que me roba toda emoción, que me anula. Sólo miro por la ventana, sentada desde un sillón, para descubrir tu sombra entrando al parque.

Siento frío, mucho frío, no hay manta que logre hacerme conectar con algo más que mi tristeza, me envuelvo en ella y, medio dormida, siento tu fragancia.

Siento frío, y lloro porque no puedo tocarte, porque no entiendo que pasó para que no estés aquí, conmigo, riendo a carcajadas de mis torpezas, tomando un café recién hecho y planeando un mañana.

Siento frío, tanto frío que siento que estoy muerta, que ya no tengo más lágrimas, que mi vida no tiene sentido...miro alrededor y todo sigue igual, y todo ha cambiado al mismo tiempo.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Felices los dos.



Felices los dos.

Entró de casualidad a ese café. No solía hacerlo a esa hora, pero había tenido que salir muy temprano y ni había podido desayunar.

Mientras pedía algo para tomar, un hombre entró.  Le resultaba familiar. Lo miró disimuladamente mientras buscaba en su mente relacionar ese rostro con algún nombre. De repente lo recordó.  No lo conocía, pero era uno de los mejores amigo de aquél hombre con el que había vivido un romance secreto y había concluido hacía varios años, por la culpa que le generaba engañar a su esposa.

El hombre buscó un sector alejado de las puertas y las ventanas, se sentó y mientras esperaba su café, respondía mensajes con su teléfono. Sonreía.

Una mujer entró a los pocos minutos. Se detuvo en la puerta, buscó con la mirada y se dirigió a la mesa de ese hombre.  Él se levantó, la abrazó y la besó apasionadamente en la boca. No era la esposa del hombre y ella lo sabía.  Se escuchaba la risa de la mujer mientras el hombre le hablaba, acomodándose uno junto al otro.

Parecían novios. Y felices.  Ella sonrió. De repente algo la congeló.  No había podido ver el rostro de esa mujer hasta ese momento.

Recordó cada lágrima de ese hombre al que amó hasta la locura, porque tenía el mundo dividido en dos. Eligió a su compañera de toda la vida y se juraron no verse más.  Ellos lo cumplieron pese a todas las ganas que tenían de llamarse, de buscarse, de sentirse como cada noche en que sólo se miraban, hablando en voz baja.

La mujer se levantó de la mesa, el hombre pagó y se fueron abrazados, como si el mundo exterior no existiera, como si nadie los estuviera mirando.

El mejor amigo y la esposa de ese hombre, al que nunca más había visto,  se besaron en la puerta del aquel bar, sin pensar que eran observados.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Confianza ciega.




Cerrar los ojos. Creer que del otro lado está eso que buscás.  Sentir que podés. Caminar por una cuerda floja, confiando que en el otro extremo te esperan.

De repente, un cimbronazo te sacude y estas a punto de perder el equilibrio.  Todo a tu alrededor parece moverse, como si los edificios fueran de gelatina. Tambaleas intentando no caer, pero no tenés de donde agarrarte.

De pronto miras hacia el otro extremo del cable, buscando su mirada para darte valor y confianza, así poder continuar tu recorrido. Y ves que es quien sacude el cable por el que estas caminando, riendo, como si fuera una travesura.

No tenés a donde ir. No podés retroceder porque te alejarte demasiado de lo que era tu puerto seguro.  Sólo te queda avanzar, viendo como juegan con tu vida, tus emociones, tu seguridad. No podés mirar hacia abajo, porque te caes. Sólo te queda respirar profundo y avanzar, muy lentamente.

Sólo querías su abrazo, el que te prometió tantas veces si tenías el valor de cruzar ese espacio que los separaba. El que anhelabas a cambio de vencer tus miedos y sería la recompensa a demostrar tu coraje y tu confianza.

Sentís que te traicionaron, pero a medida que te vas acercando, el zamarreo disminuye, se levanta y te extiende la mano. Queda poco. Levantás la vista y te sonríe como si jamás te hubiera puesto en peligro, como si nunca hubiera jugado a ponerte en riesgo.  Como si no te hubiera pedido que le pruebes tu fe.

Llegás. Te abraza y de repente sentís que el mundo vuelve a su lugar. Pero no le importó tu miedo, sólo saber qué eras capaz de hacer para merecer su amor. Te toma de la mano y se van caminando juntos, sin saber si tenés que sentirte feliz, porque algo muy dentro tuyo te dice que seguís en peligro. Pero cerrás los ojos y te dejas guiar, ignorando que más adelante hay otro precipicio que atravesar, para demostrarle tu amor.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Volarás.






Icaro quería volar, su padre, Dédalo, le fabricó dos alas con plumas de aves y las pegó a su espalda con cera, advirtiéndole que no se acercara al Sol, ya que su calor podría ablandar el pegamento y el joven caería al mar. Icaro no hizo caso al aviso de su padre, las alas se despegaron de su cuerpo y murió irremediablemente en las aguas profundas del mar.

Pero vos... naciste con alas, volás en cada giro, en cada paso, en cada gesto de tu cuerpo. Tenés alas en los pies, en las manos y todo tu ser es un ave dispuesta a demostrar que la gravedad no existe. Jugás con las leyes naturales, demostrando que nada es imposible.

Si supieras lo feliz que me hicieron esos pocos minutos que pude verte volar nuevamente    sobre un escenario, que sigas teniendo el mismo don para generar emociones sólo con tus movimientos, si supieras que ya sos tan símbolo como el mate y tan inmortal como el dulce de leche! Tan Buenos Aires como el tango y tan Argentina como la vidala, el chamamé y la zamba!

El ballet sólo fue la excusa, el medio para llegar a tu fin, que la danza clásica, dirigida a las élites fuera vista por todos y que las danzas populares elevarán su fuego para llegar al Colón y mostrar que todo es arte, que mientras se pueda volar, no importa qué música suene.

Vos hiciste magia y volverte a ver bailar, con el mismo don de siempre, es un privilegio que la vida me dio.

¡Gracias, Julio, por existir!

martes, 20 de noviembre de 2018

Sonrisa.




(Foto tomada de la red)

Él lo ilumina todo con sólo un gesto. Tiene en sus manos el movimiento de las aves, suave y aterciopelado, que te hace sentir una brisa fresca en el rostro.

Él sonríe y ya nada más importa.  Sólo la luz que brinda. Y que te hace olvidar que él no sonreía.  Que él era oscuro.  Que él te apagaba.

"Ahora vienes tu de nuevo con un aire de misterio"...y la canción lejana, de la adolescencia, olvidada en un rincón de la memoria asoma como si la estuvieras oyendo directamente en el aire. En algún punto, no podes evitar pensar en el contraste, el juego de las diferencias tiene mucho más que siete.

Él te mira y sus ojos también sonríen, hacen juego con ese aura que lo rodea, que te atrae como una mariposa hacia la luz.

La canción resuena en algún lado nuevamente, sin embargo le hacés tus propios arreglos a la letra. "Ven con tu sonrisa blanca a endulzar lo amarga que 'su' ausencia fue..."

Y sonreís, porque su energía te contagia, te invade y te hace cerrar la puerta a todo lo que pasó hasta ayer.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Zapatos.





 Elegimos una pareja de la misma forma en que elegimos un par de zapatos.

Muchas veces nos compramos sin pensar esos hermosos pares que vemos en la vidriera, que están de última moda, llamativos y relucientes, sin darnos cuenta del daño que nos hacen.

No nos importa, porque tenemos el calzado más bonito, que todos admiran, aunque debamos sufrir las consecuencias. Nos empecinamos en ponérnoslos  aunque nos hagan ampollas, nos lastimen o nos hagan doler.

Compramos esos zapatos más pequeños que nuestro talle, sólo porque nos gustan demasiado, sin pensar que debemos deformar nuestro paso para adaptarnos a ellos, cambiar nuestro andar y sonreír a todos mientras nuestro cuerpo padece los traumas que se van formando, sólo por no querer reconocer que nos hacen daño.

Creemos que con el tiempo se van a amoldar a nuestros pies, y que ese sufrimiento inicial vale la pena, porque hemos logrado tener algo que todos buscan. Esperamos demasiado tiempo a que se estiren y nos queden cómodos, cosa que muchas veces no sucede.

Hasta que un día aprendemos a buscar  un zapato que nos quede bien, que no nos lastime ni nos hagan
 ampollas, que no debamos deformarnos para poder andar con él, que no nos haga sentir mal ni que debamos adaptarnos a algo que nos produce la terrible incomodidad de fingir que estamos bien.

(Gracias Valeria por la foto!).

jueves, 25 de octubre de 2018

Te amé.




Te amé con la furia loca de quien no piensa en riesgos. Sin importar si salía malherida y rota. Sin ver lo que tenía enfrente de mí, luchando en contra de todos los molinos de viento a los que creía gigante.

Te amé, con una fuerza desconocida, con una capacidad ignorada  por mi para ofrecer lo más profundo. Te amé a pesar de todo.

Y te amé con el hambre animal de quien encuentra su refugio, su lugar en el mundo, su paz. Te amé a pura inconsciencia, poseída por un valor que no sabía que tenía.

Te amé hasta que no pude más, yendo más allá de mis propias fuerzas, nadando hacia una tormenta de la que no sabía si iba a salir con vida. Y, aún sabiendo eso, te amé.

Corrí todos los riesgos, porque amarte me daba vida, porque valía la pena, porque tras la batalla me esperaba el refugio de tus brazos...

Pero no te alcanzó, y no podía amarte más, porque sólo quedaba darte mi vida para que supieras cuanto te amaba.

Y decidí abrir la ventana y dejarte en libertad, que volaras a otro cielo en donde encontrases un amor que te colmara.

Porque te amé como no podía amar a otro. Porque te amé como no amaré nunca a nadie. Pero ni podía darte más.